El evangelio son las buenas nuevas de salvación. Implícitamente quiere decir que necesitamos ser salvados de algo. La Biblia nos relata que esa salvación no es meramente un cambio moral, o externo; sino más bien un cambio de naturaleza interna delante de un Dios santo, justo y amoroso. Esa necesidad de salvación es resultado de lo sucedido en Génesis 3, cuando la serpiente sutilmente habla a Eva para distorsionar el mandato que Dios entregó a ella y a su esposo Adán -nuestros representantes-, acto que resultó en su caída y corrupción espiritual y moral, afectando a todo ser humano en la faz de la tierra.

Esa es la mala noticia con la que todos nacemos; nuestra mente, afectos y voluntad están inclinados a escuchar todo lo que nos aleja de nuestro Creador. Esa corrupción se llama pecado. Somos culpables de nuestro pecado que nos destituye de tener una relación con él. Solo alguien santo y justo puede relacionarse con él, pero no sería un ser humano, sino Dios mismo en la persona de Jesús. Su Hijo ofrenda su vida en la cruz, pero resucita, siendo el representante de los pecadores ante Dios para suplir lo que Adán no cumplió: hacernos santos y justos por su obra.

Éstas son las buenas nuevas de salvación, el evangelio. ¿Qué hacen los pecadores? “Arrepentíos y creed en el evangelio”, Mr. 1:15 (RV60). Esto es, creer únicamente en la obra y persona de Cristo Jesús, el mediador entre Dios y los hombres para salvación (1 Ti. 2:5). No hay otro mensaje, por lógico o agradable que parezca, que pueda añadir algo a esa salvación, porque la transgresión no es solamente moral o física, sino espiritual.

Con esto en mente, respondamos a la pregunta, ¿cómo reconozco un evangelio falso? Pablo escribe a los gálatas —cristianos— acerca de la salvación recibida por gracia de Dios, a través de la fe en la justicia de Cristo —su obra—, y no por las obras de la ley. Los judaizantes pretendían que los gálatas hicieran algo más para realmente ser hijos de Dios.

Es otra fuente (Gá. 1:6-7)

Un evangelio falso enseña que la fuente de su mensaje son sus tradiciones, sus ideas, sus experiencias. “Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente; que en realidad no es otro evangelio, solo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Gá. 1:6-7). Su fuente no es la obra de Cristo, sino Cristo más estas otras cosas. La fuente no es la fe en la persona de Cristo, sino el líder que se presenta con grandes dones.

Pablo les confronta: “Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne?… Así Abraham creyó a Dios y le fue contado como justicia. Por consiguiente, sabed que los que son de fe, estos son hijos de Abraham… Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gá. 3:2-3; 3:6-7,29). Si la enseñanza que recibes te pide, a través de descontextualizar los pasajes del Antiguo Testamento, ritos que no corresponden a la luz de la obra completa de Cristo; si la fuente del mensaje no es la Biblia para confrontarte y hacerte más como Cristo, sea anatema.

Es otro yugo o carga (Gá. 1:14)

Un falso evangelio pondrá en ti cargas o un yugo que no te compete llevar, porque ya ha sido llevado por Cristo en la cruz. Un falso evangelio te pedirá que añadas a la obra de Cristo tu esfuerzo, tu cumplimiento en actividades, en ofrendas, en obras. Un falso evangelio te añadirá peso por tu pecado: pueden rechazarte porque aún luchas con pornografía, porque no consigues trabajo, porque sigues enferma, o porque no has prosperado en ciertas áreas de tu vida. El testimonio resulta ser una vida de obras externas.

Pablo dijo: ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos? (Gá. 2:14c). La meta de Pablo era recordar a los cristianos que estaban siendo engañados, y no viviendo por fe en la libertad a la que habían sido llamados (Gá. 2:4b, 5:1, 13). El yugo o carga de los hombres esclaviza, pero el yugo de Cristo es fácil de llevar y su carga es ligera (Mt. 11:29), porque esto se refleja en imitar al Siervo manso y humilde de corazón.

Es otro fruto o carácter (Gá. 1:10)

Un falso evangelio producirá bebés espirituales, adoradores de hombres y no de Dios. Como Pablo dice: “Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10). Por seguir a los hombres, y no a Cristo, tomamos la forma de ellos, esclavizándonos a ellos y sus enseñanzas (Gá. 2:4), sin vivir la vida abundante que tenemos en Cristo, una vida espiritual bañada de su fruto, informada por su Palabra.

Un falso evangelio impondrá que el fruto son obras. Es una imagen hipócrita, de afuera hacia adentro (Gá. 2:12-14), es como el eslogan “eres lo que tienes”. Sin embargo, Pablo nos afirma que el fruto del Espíritu (Gá. 5:21-23) son manifestaciones internas que resultan de haber crucificado las pasiones y deseos en Cristo (Gá. 5:23). Somos llamados a crecer en obras porque muestran nuestra fe, somos llamados a crecer a la estatura del varón perfecto cada día, muriendo a nosotros para que Cristo viva (Gá. 2:20).

Es otro destino (Gá. 3:10)

Un falso evangelio te llamará a vivir tu mejor vida aquí y ahora. Te ofrecerá las riquezas del mundo — tal como Satanás lo hizo con Jesús (Mt. 4:1-11) — para tu propia gloria. Nota lo que dice Pablo: “Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). Los que creen en este mensaje, no sólo obrarán en favor de ellas, sino que sus vidas infructuosas les engañarán para no atesorar y anhelar la venida de Cristo y el cielo con él.

No solo permaneces en esclavitud o maldición, sino que lo que obtengas en esta tierra es lo mejor que obtendrás. “¿Dónde está, pues, aquel sentido de bendición que tuvisteis?” (Gá. 4:15), les pregunta Pablo. Aparentemente no fue suficiente, porque corrieron a lo creado, quisieron agregar algo más a la obra del evangelio a manera de afirmar que realmente son salvos. El hombre siempre querrá tener protagonismo en su salvación. El “creer y arrepentirse” pareciera tan sencillo, y lo es, pero no lo aceptamos porque no tenemos parte en ello.

Un evangelio falso es un mensaje diferente que no salva ni liberta, sino que esclaviza.

Examínate

¿Estás convencido de que la salvación se encuentra solo en Cristo y nadie más?

¿Estás convencido de que la salvación no es un resultado de tus méritos u obras?

¿Has puesto toda tu confianza en la obra de Cristo para perdonar tus pecados, remover la culpa? ¿Su Espíritu te está cambiando a su imagen y semejanza?

¿Reconoces que aún pecas y que lo que Dios llama pecado, es pecado?

¿Estás leyendo toda la Palabra y viviendo a la luz de ella?

¿Te estás arrepintiendo y confesando tus pecados diariamente?

¿Vives en libertad?

“Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo” (Gá. 6:14).

Un evangelio falso es un mensaje diferente que no salva ni liberta, sino que esclaviza.


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