No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley (Ro. 13:8).

Las deudas deben evitarse. Nuestra meta —de ser posi­ble— es, como declara Pablo en Romanos 13, “no [deber] a nadie nada, sino el [amarse] unos a otros». ¿Qué puede hacer alguien que ya tiene deudas para salir de esa situación?

Arrepiéntete de todos los pecados que te llevaron a estar endeudado

¿Gastaste más porque estabas atrapado en la mentira mundana de que las posesiones más bonitas y más nuevas te harían feliz? ¿No elabo­raste un plan (un presupuesto) para vivir dentro de tus recursos? ¿Incurriste neciamente en deudas estudiantiles excesivas para una educación que no ha producido los ingresos suficientes para devolver los préstamos que obtuviste? ¿Compraste un auto para el que no tienes suficiente dinero para pagar las cuotas? Comienza confesándole a Dios cualquiera de esos pecados y pidién­dole que te perdone y te ayude. A medida que te alejes de tu pecado, permite que la Palabra de Dios transforme tu corazón y tu mente de modo que valores más su sabiduría que los tesoros y las posesiones materiales. Prepárate para dar pasos positivos a fin de poner en práctica la sabiduría del Señor.

Comienza a dar pasos radicales para salir de las deudas

Estos son algunos pasos sabios para ayudarte a salir de la deuda:

  • Elabora un plan para pagar tu deuda lo más rápidamente posible.
  • Reduce tus gastos re­duciendo tu estilo de vida.
  • Aumenta tus ingresos trabajando más arduamente y con inteligencia.
  • Si es necesario, vende algunas de tus posesiones para poder salir de debajo del peso de tu deuda.
  • Si estás abrumado por el pago de una casa o de un auto que está por encima de tus recursos, sería sabio que vendie­ras ese bien e hicieras recortes.

No evites pagar

Algunas personas tratan de evitar pagar sus deudas mediante diversos mé­todos, incluido el declararse en quiebra. Mientras que algunos podrían verse forzados a la quiebra debido a circunstancias fuera de su control, un creyente debería hacer todo esfuerzo posible para pagar sus deudas, aun si pareciera posible manipular el sistema legal para no tener que pagar. La Palabra de Dios dice: “El impío toma prestado, y no paga” (Sal. 37:21); y: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle” (Prov. 3:27-28). Tengo un amigo creyente cuya empresa fue forzada a declararse en bancarrota hace muchos años, de modo que todas sus deudas fueron legalmente liquidadas. Años después, cuando este amigo vol­vió a disfrutar de prosperidad, se dirigió a todos sus acreedores y les devolvió todo lo que les debía, aunque no tenía ninguna obligación legal de hacerlo.

Sin embargo, no está mal negociar con aquellos a quienes les debes di­nero y buscar una mejora voluntaria hacia condiciones que te permitieran cumplir tus obligaciones para con ellos. “Te has enlazado con las palabras de tu boca…. Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, ya que has caído en la mano de tu prójimo…. No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento; escápate como gacela de la mano del cazador” (Prov. 6:2-5).

Reflexiona

Si tienes deudas, ¿qué pasos radicales puedes dar para salir de ellas?

Actúa

Haz una lista de tus deudas actuales y un plan (incluido un cronograma) para saldar esas deudas. Muéstrale tu plan a un amigo creyente que sea espiritualmente maduro y económicamente sabio, y ofrécete para rendirle cuentas de tus acciones.


Este artículo es un extracto del libro Dinero. En busca de la sabiduría de Dios, publicado por Editorial EBI.

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