Los antiguos filósofos griegos consideraban que el dominio propio (es decir, la templanza) era una virtud cardinal. Si una persona poseía el dominio propio, era disciplinada, enfocada, moderada e intencional. A menudo pensamos en el dominio propio en términos similares: debemos negarnos, debemos disciplinarnos, debemos refrenarnos, debemos concentrarnos. Las Escrituras matizan un poco más el dominio propio para distinguirlo del autocontrol, mostrando que el dominio propio es una obra del Espíritu de Dios que capacita a una persona para negarse a sí misma. En este blog, demostraré cómo el dominio propio es una evidencia de la salvación y una protección de nuestra fe.

Las Escrituras matizan un poco más el dominio propio para distinguirlo del autocontrol, mostrando que el dominio propio es una obra del Espíritu de Dios que capacita a una persona para negarse a sí misma.

El dominio propio como evidencia de la salvación

Gálatas 5:22-23 demuestra que cuando una persona camina en el Espíritu, llevará el fruto del Espíritu. Es el fruto del Espíritu que es antitético a los deseos de la carne, y es el fruto del Espíritu que demuestra estar en el Espíritu. En el versículo 23, Pablo dice que un aspecto del fruto del Espíritu es el “dominio propio”. Pablo está diciendo que cuando un creyente está caminando en el Espíritu, guiado por el Espíritu, y manteniéndose en el paso con el Espíritu, el Espíritu de Dios produce dominio propio en esa persona.

Esto es diferente del autocontrol. El autocontrol dice, “Trabaja mas duro. Levántate más temprano. Ponte a dieta. Come papas de col rizada”. (Eso es autocontrol, no dominio propio). Esto es lo que los griegos alababan como tan admirable: la disciplina ultrarrígida de una persona hacia sí misma. Es obvio cómo esto puede llevar a la inflexibilidad y al ascetismo.

El Espíritu de Dios produce dominio propio en el sentido de que negaremos nuestras pasiones, deseos e impulsos pecaminosos cuando estamos caminando en el Espíritu. Esto no es autocontrol, sino una vida llena del Espíritu. ¿Quizás podríamos decir “dominio de Dios”? Nos rendimos a la obra de Dios en nuestras vidas, y una evidencia de esa rendición es que el Espíritu de Dios produce dominio propio en nuestras vidas.

El dominio propio como protección de la fe

2 Pedro 1:3-10 añade otra capa de complejidad a la comprensión del dominio propio. Pedro dice que complementes tu fe con la virtud (v. 5), la misma virtud en la que Dios te pide que participes, según el versículo 4. La virtud con la que complementas la fe no es otra que el dominio propio. “Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad” (2 Ped. 1:5-6). Sí, el Espíritu de Dios produce el dominio propio dentro de ti y Pedro dice que busques el dominio propio para que confirmes tu llamamiento y nunca caigas (1:10).

Como creyentes, debemos negarnos a nosotros mismos para proteger nuestra fe. Nos negamos a nosotros mismos, a nuestros impulsos y a nuestros deseos pecaminosos para poder seguir confirmando y demostrando nuestra fe. Sin embargo, es el Espíritu de Dios el que nos da la capacidad de hacerlo, según Gálatas 5:23. Además, Tito 2:11-13 dice que la gracia de Dios apareció para que pudiéramos vivir con dominio propio. El dominio propio es una evidencia de que eres un seguidor de Jesús, y la búsqueda del dominio propio protege ese andar con Jesús.

Conclusión

¿Quizás has aconsejado a un individuo que aparentemente no puede resistir la tentación, que impulsivamente cede a su pecado? Es muy posible que no esté lleno del Espíritu de Dios y por lo tanto no puede negarse a sí mismo. Gálatas 5 informa que su necesidad es seguir a Jesús y será lleno del Espíritu Santo (Efesios 4:30). Sin embargo, la mayor parte de nuestro asesoramiento consiste en ayudar a la persona a complementar su fe con la virtud (para usar las palabras de Pedro). Nuestros aconsejados aprenden dominio propio a medida que se mantienen al compás del Espíritu y luego buscan intencionalmente negarse a sí mismos con la ayuda del Espíritu de Dios. En su proceso de consejería, ayuda a tu aconsejado a crecer en el dominio propio de una manera que represente una comprensión bíblica de este fruto.

Pregunta para reflexionar

¿Cómo puede la comprensión del dominio propio como una evidencia de la salvación y una protección de nuestra fe ayudar a nuestros aconsejados a crecer y madurar en Cristo?


[1] William Arndt, Frederick W. Danker y Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (Chicago: University of Chicago Press, 2000), 274.

[2]Este artículo fue publicado originalmente Biblical Counseling Coalition BCC


Adicciones

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