Hay mucho que admirar en Jonás. Era un profeta de Dios. Se ofreció a que lo arrojaran a un mar arrasador y morir allí para que los demás se pudieran salvar. Estuvo dispuesto a relatar una historia fascinante, aunque poco aduladora, sobre sí mismo. Y su oración —la que hizo dentro del pez— es hermosa (Jonás 2:1-9).

Pero el enojo fue su gran pecado.

Se enojó con Dios por haber perdonado a Nínive, el enemigo de Israel: “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó” (4:1). Y entró en una diatriba parecida a esto: “ESTA es la razón por la que no quería venir aquí. Señor, estoy FASTIDIADO. Yo sabía que ibas a ser misericordioso con ellos, ¡lo sabía! ¡Nínive es nuestro enemigo! ¡Cómo pudiste hacer algo así! Ay, simplemente mátame ahora porque no puedo soportarlo ni un minuto más”.

La respuesta de Dios fue franca: “¿Haces tú bien en enojarte tanto?” (4:4). Este es el pináculo de la paciencia espontánea.

“¿Tienes derecho a enojarte?”

La historia de Jonás es también nuestra historia. Jonás, junto a todas las otras historias del Antiguo Testamento, no es un mero ejemplo para nosotros. Nosotros somos Jonás. Cada historia del Antiguo Testamento nos invita a incorporarnos en ella. Queremos lo que queremos. Pensamos que sabemos más que Dios.

“¿Tienes derecho a enojarte?”

Pero hay más. La historia señala a Jesús. En el Nuevo Testamento, Jesús dice en esencia: “Los tres días de Jonás dentro del pez (Mateo 12:38-42) y su predicación a Nínive (Lucas 11:29-32) tratan acerca de mí. Yo soy mejor que Jonás. Descendí a la tumba y volví a salir. Le prediqué a un pueblo que era aún más obstinado que la gente de Nínive. Allí donde Jonás luchó contra el plan de Dios, yo me sometí a mi Padre”.

La historia de Jonás se consuma con Jesús. Si has declarado públicamente que estás con Jesús, su mejor historia es la tuya. Desciendes a la muerte con Jesús, y vuelves a salir de esas profundidades

como alguien vivo y perdonado. Entonces, puedes proclamar su bondad a los que necesitan ser rescatados.

Aun cuando nuestras historias no sean como esperábamos, y la tentación sea enojarnos, recuerda

esto: Dios está haciendo algo bueno, y donde noso tros fallamos, Jesús toma nuestras historias y las transforma en algo que jamás imaginamos.

“¿Tienes derecho a enojarte?”


¿Tienes derecho a enojarte?

Un Pequeño Libro Sobre un Gran Problema del consejero bíblico y psicólogo Edward T. Welch guía a los lectores para que miren cuidadosamente cómo su ira les afecta a ellos y a otros a través de meditaciones cortas y diarias. Este recurso bíblicamente sabio es una herramienta útil para pastores, consejeros y ayudantes laicos que están trabajando con personas que tienen problemas de enojo.


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