Las últimas palabras de una persona perduran en el tiempo; son palabras que comunican lo que una persona considera de suma importancia. Mientras el Señor se preparaba para ascender de regreso al cielo después de su resurrección corporal (Lc 24:44–53; Hch 1:4–11), sin duda, podría haber abordado muchos temas. Sin embargo, decidió dar la Gran Comisión. Su declaración más conocida aparece en Mateo 28:18–20. Encontramos la versión lucana tanto en Lucas 24:46–48 como en Hechos 1:8. El final más extenso de Marcos también la contiene (16:15). Y también hay una breve afirmación en Juan 20:21. En el relato de Mateo, el Señor nos manda a hacer discípulos de todas las naciones, “enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado”. En el proceso, nos promete su presencia. Promete que estará con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo”.
Obedecer la Gran Comisión debería empezar en el hogar, aunque, por cierto, no debería terminar ahí. Las razones son tanto bíblicas como estratégicas. Enseñarles a nuestros hijos todo lo que Dios ha mandado está sin duda arraigado en los dos grandes mandamientos. Si amamos bien a nuestro Dios y a nuestro prójimo, vamos a ir y hacer discípulos. Y cuando hacemos discípulos, les enseñamos a amar a Dios y al prójimo. Hay una relación íntima entre la Gran Comisión y los grandes mandamientos.
A la luz de la evidencia bíblica y estratégica que nos insta a criar a nuestros hijos en obediencia a la Gran Comisión, una pregunta vital para hacernos es: ¿Qué hacemos para grabar la Gran Comisión en el ADN de nuestros hijos, de manera que tengan una pasión de por vida por aquello que apasiona al Rey Jesús? Sugiero diez principios para edificar familias de la Gran Comisión, aunque no pretendo que mi lista sea exhaustiva.
1. Sé “Encarnacional” en tu crianza (2 Co 8:9; Fil 2:5–11)
Dios entró a nuestro mundo en su Hijo a través de la encarnación (Jn 1:14; Fil 2:6–8) y nos mostró su amor por nosotros. Nos reveló su corazón y nos mostró qué es importante para Él. Su encarnación dejó dos cosas en claro. Primero, los perdidos son importantes para Dios. Segundo, Jesús no solo vino a salvarnos de nuestros pecados, sino también a transformarnos en sus discípulos (Mr 8:34–38) y conformarnos a su imagen (Ro 8:28–30).
La encarnación fue una manifestación y evidencia del amor redentor de Dios por su mundo. Él vino a nuestro mundo, se rebajó a nuestro nivel, y nos reveló la gracia y el amor de un Padre celestial. Nuestro amor encarnacional por nuestros hijos demuestra el amor de Dios y les comunica nuestro amor por ellos. Para conocerlos y amarlos bien, necesitas estar con ellos y esforzarte por ver la vida como ellos la ven en cada etapa de su travesía.
¿Estás dispuesto a invertir el tiempo necesario para influir en sus vidas y darles un corazón para las misiones?
2. Ama bien a tu cónyuge (Ef 5:25; Tit 2:4)
Los excelentes compañeros casi siempre son excelentes padres. ¿Por qué? Porque en la vida de los niños, la necesidad fundamental en cuanto al amor es la seguridad. Nada brinda seguridad a la vida de los hijos como ver que sus padres se aman. Y ellos deberían aprender sobre el amor de Dios por las naciones al ver cómo se aman sus padres. Deberían ver un ejemplo ante sus ojos del amor de Cristo por su Esposa, una Esposa conformada por los pueblos de todas las naciones.
¿Estás siendo ejemplo de este amor como el de Cristo ante tus hijos? ¿Pueden ver una imagen clara del amor de Dios por las naciones al ver cómo amas a tu cónyuge?
3. Pasa tiempo con tus hijos (Dt 6:7–9)
Para cumplir con el encargo de Deuteronomio 6:7–9 los padres necesitamos invertir tiempo en la vida de nuestros hijos. Como padres, debemos esforzarnos por priorizar nuestra agenda para estar en los momentos importantes de la vida de nuestros hijos. Debemos asistir a partidos de béisbol, de básquet, de fútbol americano, a las carreras, a los partidos de fútbol y a cualquier otra actividad deportiva en la que participen nuestros hijos. Tenemos que asistir a sus conciertos, obras de teatro y actividades de la escuela y poner estos eventos en el calendario tan pronto como sea posible. Comprométete a no permitir que otras cosas tomen su lugar.
El amor es una hermosa palabra. Sin embargo, a veces, se expresa mejor con otra palabra: TIEMPO. Padres, ¿qué clase de proyección del Padre celestial les están dando a sus hijos mediante el tiempo que invierten en ellos? Madres, ¿acaso el tiempo que les dedican a sus hijos refleja el buen carácter de Dios?
4. Aprende a escuchar a tus hijos (Stg 1:19)
Debemos entender el poder del oído y de la lengua. Con el oído y, en especial, con la lengua, podemos edificar o derribar. Podemos comunicar amor o desprecio. Las palabras son armas podero sas. Pueden bendecir o maldecir. Los padres suelen decirles a sus hijos cosas que jamás le dirían a un extraño. Todos fallamos en esta área, y es algo en lo que debemos trabajar constantemente. Para ser un buen padre, hay que saber usar bien las palabras. En cuanto a aquellos sobre los que tienes la mayor influencia (tus hijos), usa esta práctica para comunicar amor y afecto.
5. Léeles a tus hijos biografías de misioneros (He 11)
En la historia, hay poder e inspiración. En las biografías de misioneros, hay modelos maravillosos y dignos de seguir para cultivar una vida interesada por la obra misionera. Los héroes misioneros deberían ser un elemento básico en la dieta espiritual de tus hijos.
Añadir biografías de misioneros al tiempo de lectura con tus hijos puede influenciar no solo a tus hijos sino a ti también. Aprender sobre los países, las culturas y los grupos étnicos de esas biografías y orar por esas áreas son también excelentes maneras de aprovechar estas historias.
6. Involúcrate con misioneros
Expón a tus hijos a la realidad de los misioneros y sus vidas al invitarlos a tu iglesia y tu hogar, compartir una comida con ellos, escuchar sus historias, leer sus boletines y actualizaciones por correo electrónico, y al orar por ellos mencionándolos por nombre. Nuestras vidas son influenciadas y modeladas por las personas que conocemos.
7. Realiza viajes misioneros y lleva a tus hijos
Todo seguidor de Jesucristo que pueda ha- cerlo debería realizar viajes misioneros. Podemos usar estos viajes para demostrar frente a nuestros hijos la obediencia a la Gran Comisión. Esto cambiará la manera en que tú —y ellos— vean el mundo y la iglesia. Empiecen con viajes misioneros dentro de su propia región o país. Sin embargo, no se detengan ahí. Pasen a algún viaje internacional a corto plazo. Esos viajes los prepararán para otros a mediano plazo y para algunos bajo condiciones más difíciles. Ver la cantidad de perdidos en las naciones y los efectos devastadores del pecado asegurará que nunca más sean los mismos en su servicio al Rey Jesús.
8. Enséñale a tus hijos lo que la Biblia dice sobre las misiones
La Biblia tiene un argumento hermoso y espléndido de redención. Enséñales a tus hijos cómo la historia de la Biblia tiene cuatro partes principales: la creación, la caída, la redención y la nueva creación. Asegúrate de que sea personal para ellos, al hacer estas preguntas que acompañan la trama de la Biblia: ¿Quién soy? ¿Qué salió mal? ¿Cómo lo arregló Dios? ¿Cuál es mi papel en este drama? ¿Hacia dónde voy? En particular, enséñales lo fundamental que es la obra misionera para el evangelio (ver Mr 10:45; Lc 19:10; Mt 28:18-20 y Ro 15:14–24). Enséñales que el misionero más grandioso de todos es Jesús, y que el misionero cristiano más grandioso fue el apóstol Pablo. Una buena teolo- gía será una teología misionera. Ambas deberían ir siempre de la mano.
9. Ora por las naciones y los misioneros por nombre
Las misiones avanzan sobre nuestras rodillas, a medida que le rogamos a nuestro Padre celestial, “al Señor de la cosecha que envíe obreros a Su cosecha” (Mt 9:38). Por lo tanto, deberíamos orar de manera sistemática por el mundo.
Podemos adoptar a un grupo no alcanzado de personas y orar por ellas todos los días. Podemos adoptar a una nación en particular donde se necesite desesperadamente el evangelio. También podemos adoptar misioneros específicos, y orar por ellos y servirlos. Empieza por algún lado, y empieza ahora.
10. Sé ejemplo de una vida comprometida con las misiones como prioridad de vida delante de tus hijos
La mayoría de los cristianos no serán misioneros in ternacionales. Esto fue cierto en el primer siglo y es cierto también en el siglo XXI. Sin embargo, más cristianos deberían salir a la obra misionera. Por eso, desafío a mis hermanos en Cristo a elevar una oración inusual. La oración no es, como muchos suelen pensar: “Señor, ¿debería ir?”. No, la oración que nos desafío a todos a hacer es: “Señor, ¿por qué debería quedarme?”. Haz esta oración con sinceridad y ábrete a lo que Dios pueda responder. Si te dice que te quedes, quédate. Pero sé un cristiano de la Gran Comisión sea donde sea que Dios te ponga.
Este artículo es un extracto del libro Criando hijos con un corazón misionero, publicado por Editorial EBI.

Criando hijos…
La buena teología y la buena misionología se captan más que se enseñan; que los padres tienen un papel vital que desempeñar en transmitir y modelar una vida misional para sus hijos quienes, con la gracia de Dios, pueden seguir sus pasos. En Criando Hijos con Corazones Misioneros, sugiere diez principios para formar familias con un énfasis en la Gran Comisión.
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