Así como un árbol al establecerse echa raíces profundas y extensas en la tierra, el amor hace lo mismo. La tierra en la que se arraiga profundamente es el conocimiento. El amor necesita conocimiento para crecer.
Esto es válido para todo tipo de amor, desde el menos serio hasta el más serio. Nuestros amores casuales, ya sea por la panadería artesanal o el Rock de los 80’s, solo pueden ser llamados amor verdadero si conocemos mucho acerca de ellos. A nadie le gusta un impostor que afirme amar algo sin saber mucho al respecto.
Nuestros amores más profundos, aquellos que moldean el alma, también crecen mediante el conocimiento. Nuestro amor por el Señor solo puede ser considerado amor genuino si sabemos mucho acerca de Él. El aumento del amor y del conocimiento se encuentran a menudo en las Escrituras (Fil 1:9–11; Col 2:1–3). Para amar a Dios, debemos conocerlo.
Lo mismo es cierto en el amor conyugal. La capacidad de un esposo para amar a su esposa crece solamente en la medida en que esté arraigada en su conocimiento de ella. El apóstol Pedro deja esto claro en su instrucción a los esposos:
Ustedes, maridos, igualmente, convivan de manera comprensiva con sus mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida, para que sus oraciones no sean estorbadas. (1 P 3:7).
En este artículo, aplicaré el mandato general de Pedro a los esposos de vivir con sus esposas “según el conocimiento” (una traducción más literal) a la situación específica de un esposo que busca amar a una esposa que ha sufrido abuso en el pasado.
Idea Principal
El abuso deja efectos duraderos que varían en cada persona. El amor de un esposo puede no eliminar estos efectos en su esposa, pero ciertamente puede debilitar su control. Como cualquier tipo de amor, este amor requiere conocimiento. Conocer a su esposa es esencial para amarla adecuadamente. Tres formas en que un esposo puede poner esto en práctica son: (1) reconocer el dolor de su abuso pasado y acompañarla en su duelo, (2) considerar cómo su enfoque la afecta y ajustar su comportamiento en consecuencia, y (3) recordarle su fortaleza en el Señor.
Un esposo amoroso reconoce el dolor de su abuso pasado y la acompaña en su duelo.
Dado que el abuso pasado afecta a cada persona de manera diferente, la manera más importante en que un esposo puede aprender cómo está siendo afectada su esposa es escuchándola. ¿Qué significa escuchar? Bueno, eso depende. A veces, una esposa ha comenzado al menos a enfrentar el dolor presente de su abuso pasado, y a veces no lo ha hecho. En otras palabras, algunas esposas serán conscientes de los efectos persistentes en ellas y podrán describir esos efectos con palabras. Otras veces, no han procesado esos efectos y no podrán describirlos muy bien.
En ambos casos, es sabio que una esposa busque consejería con alguien conocedor de las dinámicas del abuso y preparado para procesar su experiencia desde un enfoque bíblico. Los esposos deben ser solidarios con esto.
Pero un esposo puede hacer mucho bien por sí mismo. Él está en una posición única para reconocer su dolor y acompañarla en su duelo. Esto no implica guiarla a través de un proceso de resolver problemas o encontrar soluciones; más bien, significa alentarla mientras aprende a suplicar/gemir en fe. Entristecerse es reconocer la injusticia de lo que sucedió y llevar esa queja en fe al Señor. Escuchar a un esposo lamentarse ante el Señor por el dolor que padeció su esposa es una forma de acompañarla en esta profunda obra de Dios, quien suplica/gime con ella en su dolor (Ro 8:18–27). No puede apresurarse. Un esposo amoroso recordará esto cuando ella esté cansada o frustrada.
Un esposo amoroso considera cómo su enfoque la afecta y ajusta su comportamiento en consecuencia, incluso cuando no esté claro qué significa eso.
A medida que un esposo acompaña a su esposa en su duelo, está en mejor posición para considerar cómo su propio comportamiento la afecta. He hablado con muchos esposos agotados que no entienden por qué sus esposas los ven de cierta manera o interpretan sus motivos de manera tan negativa. Entienden vagamente que probablemente tiene que ver con su abuso pasado, pero a menudo no saben cómo prevenir esas respuestas.
Un esposo no puede prevenir efectos que ya están presentes. Ese no debe ser su deseo. En cambio, debería desear responder a esos efectos de manera que nutra y edifique a su esposa. La instrucción de Pedro para que los esposos traten a las esposas como “vasos más frágiles” no es para socavar su valor, sino para realzarlo: ella es un material precioso al que debes tratar con especial cuidado, no un material común sobre el que no debes preocuparte.
La consideración constante y amorosa es el objetivo esencial. Esto guiará a un esposo en las innumerables situaciones que no tienen una respuesta simple. Por ejemplo, a veces una esposa será mejor atendida si su esposo es directo, ya que la claridad y la franqueza evitan cualquier sentido de manipulación o engaño. Otras veces, ella no se sentirá atendida por su franqueza, ya que podría sentirse demasiado enérgica o despectiva de su perspectiva. Un esposo que busca amar a su esposa que sufre a causa de un abuso pasado deberá tomar estas decisiones, porque su principal preocupación es tratarla de manera edificante.
Un esposo amoroso le recuerda a su esposa su fortaleza en el Señor.
A menudo, las personas que han sufrido abuso se sienten débiles e impotentes ante los efectos persistentes que perduran. Un esposo amoroso que acompaña a su esposa en su duelo también le recuerda que en Cristo, ella no es débil. Es fuerte.
La fortaleza en Cristo es primero un regalo y luego una responsabilidad (Ro 16:25–27; 1 P 4:10–11). La fortaleza es un regalo en el sentido de que es una característica no del individuo, sino de Jesucristo. Jesús comparte esta característica con aquellos que confían en Él. Así que, esto es un regalo ya otorgado, le pertenece antes de que haga cualquier cosa para demostrarlo. De hecho, precisamente cuando se siente más débil, está más calificada para ser fuerte. Así es como Dios demuestra que la fortaleza le pertenece solo a Él, y la comparte con generosidad con ella.
Luego, la fortaleza es una responsabilidad. La fortaleza debe ejercitarse. Para alguien que una vez fue víctima de abuso, el ejercicio de la fortaleza no es de alguna manera “deshacer” todos los efectos del pasado; más bien, es la determinación de no ser vencida por ellos. Es la resolución de actuar en fe, sea lo que sea en su situación presente. Puede significar algo tan simple como comunicarse con alguien cuando la tentación es caer en un ciclo interminable de diálogo interno o algo tan extraordinario como criar a sus propios hijos sin temor. En Cristo, las víctimas tienen la fortaleza para no ser dominadas por los efectos de su sufrimiento. Un esposo le recordará a su esposa: En Cristo, eres fuerte.
Necesito concluir con un comentario general sobre estas sugerencias: Esto no es un proceso a corto plazo. Es un amor a largo plazo. El amor de un esposo por su esposa, especialmente por una que ha sufrido debido a un doloroso pasado, puede hacer mucho bien en su vida. Los efectos del abuso pueden persistir, pero el amor de un esposo puede ser un recordatorio tangible de que el amor de Dios nos saca de nuestro pasado y nos lleva a un futuro tan bueno que es difícil de imaginar.
Pregunta para la Reflexión
¿De qué otras maneras puede el esposo de una esposa con un doloroso pasado de abuso buscar vivir con ella “según el conocimiento”?

¿Por qué nos escondemos?
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