Los segundos pasaban. Había un silencio tenso. Una sonrisa se dibujó en su rostro, y sus palabras resonaron en mis oídos…

A menos que puedas demostrarme que hay algo malo en mí, esto es una pérdida de tiempo, y toda esta sesión de consejería es una broma“.

Este tipo de obstinación terca no es lo que ningún consejero espera enfrentar. Esta no fue mi primera sesión con alguien que se presentaba como “no aconsejable”, pero eso no lo hacía más agradable.

¿Qué haces cuando la persona a la que intentas ayudar se niega a ver la necesidad de tu consejo?

Este tipo de orgullo y ensimismamiento puede debilitar tu confianza como consejero, especialmente si la negativa del aconsejado incluye una afrenta no tan velada a tu invitación a que reciba consejería bíblica. ¿Recae en nosotros la responsabilidad de demostrarles a estas personas que somos consejeros capaces, lo que equivale a caer en la trampa de aconsejar con nuestra propia sabiduría en lugar de con la dirección del Espíritu Santo? El enemigo quiere que juguemos este tipo de juegos. La buena noticia es que este juego no es nuevo.

A lo largo de las Escrituras, vemos una flujo constante de líderes y profetas llamados por Dios que enfrentaron este mismo tipo de rechazo. Moisés, Samuel, Elías, Eliseo, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Sofonías y Zacarías fueron rechazados por el pueblo de Dios y a menudo fueron castigados por hablar la verdad frente a la arrogancia. Incluso Jesús mismo experimentó el rechazo de aquellos más cercanos a Él (Mt 21:42; Mr 12:10; Hch 4:11).

Permítanme ser claro: identificar a alguien como “no aconsejable” no descarta su potencial para el arrepentimiento y el crecimiento. Simplemente estoy utilizando este término como punto de partida desde el cual podemos relacionarnos con el aconsejado desde una posición de claridad. ¿Cómo aconsejas al “no aconsejable” mientras te mantienes fiel al evangelio, el fundamento de las Escrituras y tu llamado como consejero?

1. Ora por sabiduría

Es raro identificar a alguien como “no aconsejable” en una fase avanzada del proceso de consejería. A menudo, esa posición se vuelve bastante clara en la primera sesión. En ese momento, me siento obligado a orar aún más por claridad de pensamiento, perspectiva y reacción. Santiago 1:5 nos recuerda: “Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”. Cuando te encuentres con una persona “no aconsejable”, la primera reacción debe ser una oración más ferviente, confiando en que Dios traerá sabiduría y claridad en su tiempo. Debemos ser conscientes de la salvación en Cristo de la persona (o la falta de ella) y orar para que el Espíritu de Dios trabaje en esa persona para ablandar su corazón. La oración es siempre nuestra mejor herramienta de consejería, pero especialmente en casos difíciles de superar.

2. Utiliza la Cruz y las Escrituras como un espejo

¿Qué somos? Consejeros bíblicos. No terapeutas, psicólogos o consejeros seculares. Lo que nos hace diferentes es cuán alto sostenemos la santidad de las Escrituras sin excusas ni reservas. Cuando te enfrentes a una persona “no aconsejable”, debemos acudir a las Escrituras en nuestra mente y luego responder de manera bíblica, sabia y valiente.

Cuando estemos reprendiendo a una persona asimismada, podemos preguntar:

  • ¿En qué verdades de las Escrituras puedes confiar para guiar tu perspectiva, refinar tus respuestas y servir, en última instancia, como base para equipar tu posición?
  • ¿Qué verdades sobre el sacrificio de Cristo en la cruz, basadas en las Escrituras, puedes mostrar como un espejo para la perspectiva de la otra persona?
  • ¿Dónde puedes usar una narrativa bíblica o pasajes imperativos para estimular la conciencia de la persona, mostrándole su necesidad de Dios y humildad?

3. Confía en tu formación, abraza tu llamado 

Algunos aconsejados que se presentan como “no aconsejables” hablan desde un lugar de gran miedo e incertidumbre. Su aparente obstinación es simplemente un mecanismo de defensa. Podemos preguntar, ¿por qué pecan con orgullo para protegerse? Es posible que no quieran tu consejo porque temen que las preguntas que les harás descubran sus miedos e inseguridades más profundos. Puede que no te permitan tener una conversación porque una persona altamente intuitiva les haya lastimado en el pasado o amenazado con un ídolo al que no están dispuestos a renunciar.

Como consejeros bíblicos, hemos sido entrenados y llamados a este momento para mostrar el poder transformador de Jesús. Somos divinamente designados por nuestro Dios Creador, empoderados por el mensaje del evangelio de nuestro Salvador Cristo, y estás sentado frente a esta persona por una razón. Abraza esa realización y esfuerzate por descubrir la raíz de su falta de voluntad.

4. Muestra curiosidad al estilo de Cristo 

¿Por qué parece que esta persona no tiene interés en tu consejo? ¿Es orgullo? ¿Es auto-admiración? ¿Es un sentido de superioridad moral? A menudo, tiene poco que ver contigo y mucho más que ver con las experiencias pasadas de esa persona, creencias rotas, sufrimiento no sanado y, en algunos casos, aspectos de patrones pecaminosos negativos que alimentan su falta de voluntad para considerar tu consejo.

Recomiendo la curiosidad al estilo de Cristo. Jesús constantemente hacía preguntas a sus seguidores y a las personas que conocía. Pedro animó a sus lectores a estar siempre preparados para conversar con otros que no comprenden completamente el origen de nuestra fe (1 P 3:15). Puedes descubrir una parte largamente descuidada de la otra persona en desesperada necesidad de sanidad y esperanza. La compasión es uno de los mayores regalos que un seguidor de Jesús puede dar. La curiosidad al estilo de Cristo es primero compasiva y siempre convincente.

5. Está dispuesto a dejarlo ir 

Nunca cambiaré de opinión, y no hay nada que puedas decir pueda cambiarlo“. Puede llegar un momento en el que la otra persona transmita una postura definitiva. Como consejero bíblico, lucho mentalmente con este quinto punto porque me preocupo profundamente, al igual que tú, por llegar a las personas heridas en este mundo. Uno de los ejercicios más llenos de fe que podemos tomar como consejeros bíblicos es saber cuándo dejar ir y confiar el futuro de nuestros consejados a Dios.

No podemos cambiar a las personas; solo Dios puede redimirlos. No podemos forzar el arrepentimiento y la humildad. Hay sabiduría en confiar en que Dios usará lo que compartiste en tu conversación para germinar, crecer y reemplazar el veneno de la arrogancia y el rechazo con humildad y crecimiento espiritual. No puedes preocuparte más por esa persona de lo que Dios lo hace.

Preguntas para la Reflexión:

  • ¿Cuándo fue la última vez que te encontraste con una persona “no aconsejable”?
  • Desde tu perspectiva, ¿cuál puede ser la parte más difícil de tratar de aconsejar a una persona ” no aconsejable”?
  • ¿Cómo puedes mostrar mejor la humildad y valentía al estilo de Cristo al interactuar con una persona ” no aconsejable”?

Este artículo fue publicado originalmente en The Biblical Counseling Coalition


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