Los aconsejados necesitan la persona y la obra de Cristo para el perdón

Todo ser humano necesita el perdón de Dios, porque todo ser humano es culpable de pecado. Todo aconsejado necesita el perdón de Dios de sus pecados. Los aconsejados también luchan con otros problemas además de su propio pecado, por lo que el pecado de un aconsejado no será lo único que se aborde en la consejería. El pecado a menudo ni siquiera será lo primero que se aborde. Los líderes en el movimiento de consejería bíblica han sido bastante claros al respecto. Sin embargo, la Biblia enseña que el problema fundamental con todo ser humano es nuestro pecado. Es este pecado el que ocasiona la necesidad de Cristo. Ocultar esta realidad del pecado en la consejería, o en cualquier otro aspecto, es ocultar el problema central que Jesús vino a resolver con Su persona y Su obra.

Efesios 1:7 dice: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”. Este pasaje enseña que el perdón de nuestros pecados se encuentra en la persona (“En quien”) y en la obra (“redención por su sangre”) de Jesús. 

Incluso cuando estamos ministrando a aconsejados que han sido victimizados de una forma horrenda, la teología cristiana de Jesús nos recuerda que ellos también deben ser perdonados por sus pecados. Algunas veces el pecado de los aconsejados será obvio para ellos, y otras veces no lo será. Algunas veces su pecado estará conectado a su búsqueda de ayuda de consejería, y otras veces no. Algunas veces los consejeros confrontarán el pecado de forma previa en un contexto de consejería y luego en otro. Pero todos los aconsejados son pecadores que necesitan escuchar la gracia perdonadora de Jesús. Necesitan la gracia de Dios. Las doctrinas de la persona y la obra de Jesús cambian la manera en que confrontamos el pecado; pues en lugar de un ataque cruel contra el pecador, le ofrecemos un cuidado profundamente amoroso. Nunca confrontamos simplemente a las personas con sus pecados, sino también con la obra de Jesucristo para que quite esos pecados con su propia sangre. Cuando confrontamos al pecado siempre debemos hacerlo con compasión, cuidado y esperanza, y siempre con la promesa del perdón de Cristo cuando la confrontación encuentra el arrepentimiento del aconsejado.

Los aconsejados necesitan a la persona y la obra de Cristo para obtener poder

Al igual que toda persona necesita a Jesús para que le perdone, también lo necesitan para tener el poder para alejarse del pecado y avanzar hacia una vida santa. Jesucristo no vino simplemente para pagar por nuestro pecado. También vino a ayudarnos a vivir una nueva vida a través de Su obra como nuestro Salvador ascendido. La resurrección de Jesús les da poder a los cristianos para vivir una vida de obediencia:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristoresucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Ro. 6:1-4).

El experimentar la gracia de Cristo no nos conducirá a más pecado, sino a la justicia (cf. Ro. 6:12-14). Pablo basa ese hecho en la resurrección de Jesucristo. Los cristianos pueden caminar en una nueva vida porque Jesucristo “resucitó de los muertos por la gloria del Padre”. La resurrección física de Jesús conduce a una resurrección ética para los cristianos. Tenemos el poder de vivir según el ejemplo de Jesús debido al poder de resurrección que Jesús adquirió para nosotros.

La ascensión de Jesús también les da poder a los cristianos para vivir una vida de obediencia:

Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (He. 7:23-25).

El autor de Hebreos está demostrando la superioridad de Jesús con respecto a los sacerdotes del Antiguo Testamento. Él habla sobre el elemento sacerdotal de la obra de Jesús como Salvador ascendido. Un sacerdote es aquel que habla con Dios en nombre de la gente. Este pasaje contrasta la naturaleza temporal de un sacerdote del Antiguo Testamento con la naturaleza permanente del sacerdocio de Jesús. El sacerdocio de Jesús es permanente porque Él vive para siempre. Su sacerdocio es perfecto porque siempre vive para interceder por Su pueblo.

Jesús siempre está orando por Su pueblo. Es un sacerdote que siempre le habla al Padre a favor nuestro. En Juan 17 hallamos un ejemplo de una oración sacerdotal de Jesús. En ese pasaje Jesús ruega por muchas cosas a nuestro favor, pero para resumir Sus muchas peticiones podemos decir que Él ora para que las cosas que Dios le ordena a Su pueblo se cumplan en ellos. Es sorprendente ver que las cosas que Dios nos llama a hacer son las mismas cosas por las que Jesucristo está orando —incluso ahora— para que tengamos el poder de hacerlas.

Los aconsejados necesitan la persona y la obra de Cristo para recibir consuelo

Por muy alentador que sea considerar la gracia de Jesús para perdonarnos y cambiarnos, Él nos da aún más gracia. Crecemos en santidad lentamente y por eso experimentamos las consecuencias de nuestro pecado. Vivimos en un mundo donde los demás pecadores nos han hecho daños atroces. Vivimos en un mundo que experimenta las amargas consecuencias de la maldición del pecado. Todo esto nos asegura que en esta vida experimentaremos dolor y sufrimiento. En un mundo como este, necesitamos consuelo. 

Para ver el consuelo de Cristo en este tipo de dolor, es útil examinar la promesa de Hebreos 13:5: “No te desampararé, ni te dejaré”. Esta promesa está relacionada con la persona y la obra de Cristo que se encuentra en Mateo 27:46, donde Jesús clama: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” A muchos les ha sido difícil entender por qué Jesús, quien sabía quién era y qué había venido a hacer, haría esa pregunta. La pregunta de Jesús parece indicar que tal vez estaba confundido acerca de lo que estaba sucediendo. Tal sugerencia olvida que Jesús era un maestro de la Biblia que regularmente citaba pasajes de las Escrituras para mostrar su cumplimiento por parte de Él. La pregunta que Jesús plantea en la cruz es en realidad una cita del Salmo 22:1. El Salmo 22 trata sobre un hombre que es abandonado por Dios, pero que finalmente es liberado por Él (Sal. 22:19-21) y que difunde la fama de Dios en todo el mundo (Sal. 22:22-23, 25-31). Jesús cita el Salmo 22 para explicar que Él es el cumplimiento de este pasaje. Jesús plantea la interrogante porque el texto que está citando está escrito como una pregunta.

El asunto es que Jesús fue abandonado por Dios. Dios Padre dirigió todo Su odio y repulsión por el pecado contra Jesús y apartó la vista de Su propio Hijo. Por primera vez en la eternidad, hubo una ruptura en la relación del Hijo con el Padre. Jesús estaba solo, abandonado y desamparado. El hecho de que Jesús pagara por esa parte del castigo del pecado es lo que hace que la promesa de Hebreos 13 sea tan incomprensiblemente dulce. Dios puede prometer de que nunca seremos abandonados, porque Jesús fue abandonado en lugar nuestro durante Su muerte en la cruz.

Este artículo es un extracto del libro Teología de la consejería bíblica, publicado por Editorial EBI.


Teología de la consejería

Es un nuevo libro relevante que analiza las convicciones fundamentales que defienden la sana consejería y ofrece sabiduría práctica para la consejería en la actualidad. El Dr. Heath Lambert guía a los lectores a través de las diferentes categorías de teología, mostrando cómo cada una trata las preocupaciones diarias que los consejeros abordan. Ricas perspectivas teológicas se ilustran mediante historias poderosas desde la oficina de consejería.


Comparte en las redes