Según mi experiencia, los hijos quieren y necesitan conocer a sus padres. Un hijo que conoce a su padre es como un velocista con los pies firmemente plantados al principio de la carrera en los tacos de sali­da. Un padre que permite que su hijo le conozca, que abre su corazón y su vida a su hijo, actúa como los tacos de salida para un chico. Con los pies firmemente plantados, puede avanzar con más confianza y rapidez en la vida, avanzando hacia la hombría. Los chicos con un padre oculto resbalan y se deslizan mucho en el punto de partida de la hombría mien­tras intentan conseguir un impulso positivo hacia adelante en la vida. 

Cuando un hijo no conoce realmente a su padre, no puede cono­cerse realmente a sí mismo. Un padre que no se oculta— que compar­te quién es con su hijo sin ocultarle nada— es capaz de ayudar a su hijo a encontrar su propio punto de referencia e identidad en un mundo caótico. Un padre diferencia a su hijo de la multitud, lo centra, refuer­za el punto de que su hijo es único y señala los caminos de la vida que son coherentes con su familia. 

La buena noticia es que nuestro Padre celestial quiere ser conocido. Quiere que Sus hijos sepan todo sobre Él, porque no se esconde. Es un Padre totalmente comprometido que quiere que usted le conozca a Él y a Su amor por usted.

Conociendo a su Padre celestial a través de la creación

Una forma de conocer a Dios es simplemente mirando lo que ha hecho. ¡Qué buena manera de conocer a cualquiera! Basta con mirar lo que una persona ha creado para saber mucho de ella. Es fácil observar de cerca lo que Dios ha hecho; basta con mirar hacia arriba. El Salmo 19:1-2 dice:

«Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría». Dios empezó a hablar desde el mismo momento en que comenzó la creación y no ha dejado de hablar desde entonces. ¿Qué aprendemos de Dios a partir de lo que ha creado? Esa pregunta nunca podrá responderse por completo, pero hagamos un pequeño comienzo.

Tanto si vamos de excursión a las Montañas Rocosas como si conducimos hacia el trabajo, es fácil ver en el mundo que nos rodea que existe un Dios Creador cuyo poder es inimaginable (Ro. 1:18-20), y que ejerció una creatividad infinita en las variedades de animales y plantas que ha creado (Job 39). La infinita sabiduría y provisión de Dios para sus criaturas se ve en los propios cimientos y límites del mar y la geografía de la Tierra (Job 38:8-11), así como en los ciclos de los días y las estaciones (Job 38:19-20). La cartografía del genoma humano nos deja atónitos ante la complejidad del diseño de Dios. Cuando observamos el mundo que nos rodea y consideramos quién lo creó, vemos el poder, la magni­ficencia y la gloria de Dios, nuestro Padre.

Conociendo a su Padre a través de la Biblia

Él sigue hablándonos a través de Sus palabras. Nos da la Biblia porque desea intencionadamente ser un Padre y tener una relación con Sus hijos.

Nos lo cuenta todo sobre sí mismo y sobre nosotros desde el Génesis hasta el Apocalipsis. La Biblia es la autorrevelación de un Padre que realmente quiere ser conocido. No quiere que malinterpretemos quién es. Seleccionó especialmente a personas que registrarían fielmente Sus palabras, pensamientos, acciones, promesas y deseos para Su pueblo. Cuando insisto en que la Biblia es el único libro que los hombres debemos dominar y dejar que nos domine, algunos de mis amigos me han dicho: «¡Pete, no es un libro pequeño! Y no me gusta leer tanto». Lo entiendo, pero el Padre habla tanto como lo hace para no quedar oculto a Sus hijos.

Al leer la Biblia, aprendemos que el poder de nuestro Padre no conoce límites. Él crea algo de la nada. Él resucita a los muertos. Lo que decide hacer, es capaz de hacerlo. Eso es omnipotencia. Usted tiene un Padre todopoderoso que está totalmente comprometido con Sus hijos e hijas, así como con todo lo demás que ha creado. Lo que crea por Su gracia, tiene el poder de sostenerlo por su gracia.

También se nos recuerda que Dios lo sabe todo acerca de todo. Eso es omnisciencia. Él lo sabe todo sobre usted. Usted no está oculto para Él. Le conoce mejor de lo que usted se conoce a sí mismo (Sal. 139:1-4, 16). Jesús añadió a esa imagen de cuidado celestial cuando dijo a Sus segui­dores que hasta los cabellos de su cabeza estaban contados por su Padre celestial (Mt. 10:30). Él no solo es todopoderoso y omnisciente, sino que es omnipresente. Dios está en todas partes en todo momento (Sal. 139). ¿Ha conocido alguna vez a alguien que le preste el ciento por ciento de su atención? Te sientes la persona más importante del mundo cuando estás con ellos. Así es siempre con usted y con Dios. Él le presta atención. Él siempre escuchará.

Estos pocos párrafos apenas pueden hacer justicia a todo lo que la Biblia enseña sobre nuestro Padre celestial. Llegar a conocer a nuestro Padre es un viaje que dura toda la vida, y es la mayor aventura de la vida. 

Y qué increíble que el Padre no solo nos dé la creación y palabras sobre sí mismo, sino que nos dé a Su propio Hijo Jesús para mostrarnos perso­nalmente cómo son Su amor y Su cuidado en un mundo roto y desorde­nado. 

E l Padre es conocido a través del Hijo

Jesús es Dios el Hijo quien nos revela perfectamente al Padre. Deje que eso cale hondo. Tome algo de tiempo y lea un Evangelio de una sentada. Preste especial atención a lo que Jesús le revela sobre el Padre. Conocer a nuestro hermano mayor es conocer a nuestro Padre (Jn. 14:7-11). 

Cuando reflexionamos sobre la venida de Jesús a esta tierra, sabemos que este acontecimiento único estuvo motivado por el amor tanto de Dios el Padre, como de Dios el Hijo, y Dios el Espíritu. La cruz revela el amor del Padre tanto como declara el amor de Jesús. Mientras Jesús caminaba por esta tierra, dio una imagen viva del amor del Padre por Su pueblo. Cuando vemos a Jesús llamando a Sus discípulos por su nombre para que le sigan, vemos el amor del Padre en acción (Jn. 1:35-51). 

En todo lo que hace Jesús, vemos claramente el amor, la paciencia y la generosidad del Padre.

Conclusión

Deje a un lado la lista de las cinco marcas de hombría o cualquier otra lista que esté intentando seguir para alcanzar la verdadera hombría. En su lugar, mire al cielo y lea la creación para conocer a su Padre celestial. Tome su Biblia y lea esas historias antiguas con la mirada puesta en lo que revelan sobre su Dios. Mire a Jesús, el autor y consumador de su fe. Pídale al Espíritu que le llene del conocimiento del amor de Dios por usted en Cristo. Piense mucho en el amor de Dios por Su pueblo y en cómo lo demostró en la cruz.

Dedique tiempo a pensar cómo quiere su Padre darse a conocer a Sus hijos. Cómo quiere que Sus hijos tengan la seguridad, la paz y la alegría que solo pueden producirse conociendo a su Padre. Siéntese y descanse en el hecho de que gracias a Jesús usted puede tener una rela­ción profunda, real y cercana con el Dios todopoderoso del universo.

Recuerde, gracias a Jesús, el Padre no le ve como un «eso». Usted es Su hijo amado, y Él está completamente con usted y completamente para usted. Cuanto más tiempo pasemos reflexionando sobre el Padre, cuanto más tiempo pasemos conociéndole y confiando en su amor por nosotros, más querremos ser como Él y, de hecho, llegaremos a serlo. 

Este post es un extracto del libro De tal Padre, tal hijo.


De tal Padre tal hijo

En lugar de esbozar cómo recuperar y reclamar la masculinidad, Alwinson invita a los hombres a recuperar y reclamar una relación íntima y creciente con su Padre celestial y vivir desde esa identidad en su llamado particular como hijos, padres, hermanos, amigos. Un hombre perdonado y aceptado por su Padre celestial es libre para llegar a ser como Él.


Comparte en las redes