¿Podría el Señor ayudar a alguien que sufre con problemas obsesivo-compulsivos o de cualquier otro tipo? ¿Hay poder en Jesucristo para librar de la opresión a una persona así?

Esto es exactamente lo que las Escrituras prometen en Isaías 61:1-2a donde el Señor dice de sí mismo: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová…”.

Estos versículos aparecen en un contexto de esperanza futura para el pueblo de Dios y contra el trasfondo de la profecía de Isaías del cautiverio inminente. El Ungido promete que será enviado a un pueblo quebrantado que puede ser sanado, hecho libre y aceptado por el Señor. Este asombroso mensaje tenía el propósito de dar gran esperanza a los que atravesaban el dolor del exilio y cautiverio, pero, como veremos, también se cumplieron en el ministerio de nuestro Señor y todavía se cumple hoy.

¿Quién es esta persona asombrosa que da esperanza a personas con problemas? Será fácil ver en Isaías 61 cómo esta persona increíble, con un patrón definido para su ministerio, tenía un propósito para venir.

La Persona

El Ungido habla diciendo que ha sido ungido por “el Espíritu de Jehová el Señor”. Sabemos que este es el Mesías, puesto que la palabra que se traduce “ungido” es la palabra de la cual se origina el término Mesías. También es el equivalente del título Cristo en el Nuevo Testamento. Esta unción por el Espíritu es para una misión.

El Nuevo Testamento claramente revela quién es esta persona cuando Jesús lee este pasaje de Isaías y afirma: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lc 4:21).

El mensaje de Isaías es reforzado por Mateo porque él nos dice que Jesús tenía un corazón sensible a las necesidades del pueblo (Mt 9:36). Jesús sentía profundamente las necesidades de otros. Así que, para ser consejeros semejantes a Cristo, nosotros también debemos conmovernos por las necesidades de las personas. Colosenses 3:12 nos dice que debemos tener el mismo tipo de corazón hacia otros. Personas con el corazón quebrantado, necesitan este ministerio compasivo.

El patrón

Isaías muestra que el patrón del ministerio del Mesías no es simplemente un ministerio de palabras. Su patrón de ministerio fue uno en el que las personas pobres, quebrantadas de corazón y cautivas experimentaron libertad y propósito.

Los pobres

Estos pobres son los afligidos, humildes y oprimidos. A las personas del tiempo de Isaías les daría consuelo saber que el Mesías se preocupaba por sus necesidades durante el cautiverio. Durante el tiempo de nuestro Señor en la tierra Él demostró esto mediante su ministerio personal a los pobres, tal como tocar a los leprosos y cuidar a aquellos agobiados por los impuestos de Roma. Hoy, queremos que el Señor use la consejería bíblica para ayudar a los afligidos. Deseamos ministrar esperanza, consuelo y sanidad a los oprimidos, puesto que este es el patrón del ministerio del Señor (Is 40:1).

Los quebrantados de corazón

El Señor promete ministrar a aquellos a quienes les han quebrantado el corazón. Este tipo de ministerio es necesario debido a lo que el pecado le ha hecho al mundo. Isaías 1:6 describe los corazones del pueblo de Judá diciendo, “no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga”. Los rechazados por sus familias también pueden relacionarse con esto igual que los que han sufrido la ruptura de una relación o han aguantado algún otro resultado de vivir en un planeta caído; en un cuerpo impactado por la caída. 

Libertad a los cautivos

A nuestro enemigo le encanta ver a las personas oprimidas y detesta ver que las personas son hechas libres. Ministramos regularmente a los que están en esclavitud de drogas, licor y pecado sexual, pero nuestro Señor promete, mediante el poder del evangelio, hacerlos libres.

Apertura de la cárcel a los oprimidos

La imagen aquí parece ser la de aquellos que están en la cárcel y no han visto “la luz del día” por mucho tiempo. Las Escrituras repetidas veces usan esta imagen para describir el poder del Señor, lo que sucede en la salvación y lo que Él hace en la vida de la persona después (Col 1:13-14).

El Señor desea abrir los ojos ciegos. Él ayuda a las personas a ver cosas que no habían visto antes. Los bombillos se encienden, las mentiras son reveladas y se entiende la verdad. El alcohólico se da cuenta de que la botella es en realidad idolatría y que lo que él pensaba que era un refugio adecuado para lidiar con las presiones de la vida ha sido una mentira. La muchacha abusada sexualmente que ha creído que no valía nada y está llena de vergüenza se da cuenta de que su verdadera identidad está en Cristo y que tiene un Salvador maravilloso y misericordioso que puede entender lo que significa ser abusado y avergonzado.

El propósito

Es claro en Isaías 61 que nuestro Señor estaba en una misión. Fue enviado con un mensaje.

Buenas Noticias

Una de las cosas más emocionantes es que nuestro Señor vino con “buenas noticias” para las personas a quienes la vida está maltratando. El evangelio es asunto de una persona que transforma las vidas ahora, conforme alguien se convierte en su seguidor. Inherente en el mensaje del evangelio está la promesa de transformar vidas (Mt 11:28-29). El evangelio no es simplemente un mensaje que creer; es una persona a quien seguir. ¿No es eso de lo que trata la Gran Comisión (Mt 28:18-20)? 

Vendar

Cristo vino para “consolar y sanar a los heridos”, y este es el carácter de toda la Trinidad (Sal 147:2-3). Este es el mensaje que da tanta esperanza a nuestros aconsejados, porque en última instancia se halla y se basa en el carácter de nuestro Dios.

Por supuesto, el Señor hizo esto físicamente. Él tocó a los leprosos y a los ciegos, pero su ministerio también fue de “sanar a los quebrantados de corazón” como restaurar al hijo muerto para una madre o levantar de los muertos a un amigo muy querido. Pero también hizo esto por las emociones. ¿No es eso lo que implica “quebrantados de corazón”? Piensa en la madre cuyo hijo fue resucitado y cómo esto ministró sanidad a su alma.

Una de las maneras de definir la consejería bíblica es “personas quebrantadas ayudando a otras personas quebrantadas a hallar sanidad mediante el poder del evangelio y en el poder del Espíritu conforme aplican a la vida los principios vivos de las Escrituras (He 4:12)”. En última instancia esto es posible debido a que un Mesías quebrantado ministra a personas quebrantadas.

Libertad y apertura de la cárcel

Nuestro Señor vino para romper esclavitudes al pecado y ayudar a las personas a salir a la luz del día y verdaderamente lidiar con el pecado (Ef 5:11). Es difícil imaginarse una descripción más apropiada de lo que sucede cuando un alcohólico queda libre de su esclavitud o cuando un adicto a la pornografía permite que sus ojos sean abiertos, se arrepiente y empieza a ver las relaciones personales en una manera más saludable.

A predicar el año agradable del Señor

Los que estaban en cautiverio y experimentando las consecuencias del pecado pueden experimentar el favor en lugar del desagrado del Señor. ¡Qué maravillosas buenas noticias si nos atrevemos a creerlas! Ellos pueden ahora hacer lo que es agradable al Señor porque ahora Él los ha aceptado. En terminología del Nuevo Testamento ahora estamos “en Cristo”.[1] Hemos sido hechos ahora “aceptos en el Amado” (Ef 1:6).

Para cultivar “robles de justicia”

Isaías 61 describe una experiencia verdadera de harapos a riquezas. Aquí somos personas que empezamos con el corazón quebrantado y en cautiverio y terminamos como “árboles de justicia” (v 3). Tito 3:3-7 presenta el mismo patrón: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos… Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó… por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos”.

La consejería bíblica procura ayudar a las personas que se han arrepentido y acudido a Cristo a darse cuenta de su nueva posición en Él y que son salvas por gracia, por medio de la fe, para crecer por gracia por fe. Dios se propone algo grande en sus vidas conforme les ayuda a crecer para ser semejantes a su Hijo, ayudándoles a poner su pasado en su lugar.

El profeta Isaías, en palabras y cuadros elevados, proclama a un Mesías que tiene el poder de efectuar gran cambio para aquellos que acuden a Él. Al hojear las páginas de las Escrituras logramos ver destellos de esta obra redentora sucediendo en tiempo real. Específicamente en Juan 4, logramos ver al Cristo de Isaías presentado en panorama completo. El relato del Evangelio nos permite ver al Consejero Admirable de Isaías en alta definición. 

Conclusión

Dios no tiene la mera intención de atraernos hacia Él; Su deseo va más allá, anhelando forjar en nosotros la imagen de Su Hijo.[2] Esta perspectiva es notablemente diferente de los enfoques terapéuticos convencionales que buscan que las personas se conviertan en versiones mejoradas de sí mismas. La distinción radica en la meta final y en el proceso que lo acompaña.

Cuando Dios nos llama a ser conformados a la imagen de Su Hijo, está instando a una transformación profunda, un cambio que abarca la totalidad de nuestro ser. Esta transformación se despliega a lo largo de toda una vida y no se limita a simples mejoras superficiales. Significa que estamos siendo refinados y moldeados a la semejanza de Jesucristo, de modo que nuestros pensamientos, acciones y actitudes reflejen Su carácter y amor.

Los sistemas terapéuticos a menudo se centran en ayudar a las personas a enfrentar sus problemas o superar sus limitaciones para funcionar mejor en la sociedad. La diferencia fundamental está en la fuente de transformación: la terapia se basa en recursos humanos y técnicas, mientras que la transformación a la imagen de Cristo es impulsada y realizada por el poder del Redentor.


[1] Véase Romanos 6 y Colosenses 2 para captar un sentido del significado de “unión con Cristo”.

[2] 2 Co 5:14-21; Ef 5:1-2; 1 P 1:14-16; 2 P 1:4; 1 Jn 3:2-3.


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