A lo largo de la Biblia, aparecen enemigos de Dios y de su pueblo. Uno en particular destaca sobre el resto: Satanás. Si bien no es el único enemigo, es uno de los más llamativos en el relato bíblico. Respecto a él, se nos instruye a no darle oportunidad (Ef. 4:17), y a no darle ningún tipo de ventaja, ya que conocemos sus planes (2 Co. 2:11), entre otras advertencias, exhortaciones y mandamientos. Podríamos reconocer la guerra espiritual como aquella que libramos contra todo aquello que se levante contra el conocimiento de Dios, o contra la obediencia a él (2 Co. 10:4-6), ya sea que provenga de los espíritus malignos (demonios) o de nuestro propio espíritu, por estar caído. 

Este artículo es sobre maneras en las que podríamos estar trabajando para el “bando contrario”, es decir, en contra de Dios. Por supuesto, este artículo no será exhaustivo al respecto, pero pretende exponer algunos puntos básicos para edificación de la Iglesia, y evitar que “trabajemos para el enemigo”.

Conoce la agenda enemiga

Para evitar trabajar para el enemigo, es de gran utilidad conocer cuáles fines persigue, cuál es el propósito que busca. Las metas siempre están relacionadas, al menos, a estas cinco cosas: confundir, mentir, robar, matar, y destruir. El enemigo trabaja mucho por confusión y no solamente por contraste, incluso se disfraza de “ángel de luz”, al igual que sus siervos, los falsos maestros (2 Co. 11:13-14). 

Así mismo, Jesús nos enseña que el enemigo “es mentiroso y padre de mentira” (Jn. 8:44). También, en contraste con Cristo, quien vino a darnos vida, y vida en abundancia, el enemigo busca robar, matar y destruir (Jn. 10:10). Para no trabajar para él, es necesario no estar involucrados en su agenda.

El enemigo siempre está relacionado con la mentira, el robo, la muerte y la destrucción. Esto tiene muchos matices. La mentira puede ser algo que cause confusión, y no algo  que necesariamente contraste directamente con la verdad, algo sutil. El robo puede ser inmaterial. La muerte puede ser física, espiritual, o metafórica, el entenebrecimiento del entendimiento para que los inconversos no crean en Cristo (2 Co. 4:4). La destrucción puede ser de matrimonios, familias, sociedades, testimonios, iglesias, etc.

Reconoce tu utilidad

Quizás no estamos conscientes de ello, pero somos útiles. Nuestras vidas pueden ser utilizadas de muchas maneras, desde formas sutiles a algunas más significativas. Dios, a través de Pablo, hace una exposición sobre nuestra utilidad como siervos o esclavos (Ro. 6:15-23). 

Servimos a quien obedecemos, y, de esta manera, le presentamos cierta utilidad para sus propósitos. Nuestros miembros pueden ser útiles para el reino de la luz, pero también para el de las tinieblas, y debemos ser útiles solamente para uno de ellos: el reino de Dios. En ese pasaje se nos exhorta a que seamos “siervos de la justicia”, presentando “nuestros miembros” como siervos de ella. 

En conclusión, somos herramientas, útiles para ambos reinos, pero deberíamos ser útiles para uno solo: el reino divino, el reino de la justicia. En esto, no hay neutralidad. 

¿Pueden, seguidores de Cristo, ser útiles para el enemigo y trabajar para él? 

En cierta manera, sí, y de eso se trata este artículo. Quiero exponer algunos ejemplos bíblicos para argumentar mi respuesta, y, finalmente, hacer lo posible para evitar caer en la tragedia de trabajar para el enemigo. Gracias a Dios, la Biblia nos presenta ejemplos negativos y positivos, para que tengamos precedentes de actitudes que debemos prevenir.

Un miembro de una congregación

Es posible que un asistente a la iglesia, incluso alguien que cuenta con la membresía de la congregación, esté “trabajando para el enemigo”. En 1 Co. 5, Pablo nos habla de un individuo, quien tenía relaciones sexuales con la esposa de su padre. Él, de manera decidida, crónica, y bajo público conocimiento, estaba usando su cuerpo como “siervo de injusticia”, siendo un instrumento de inmoralidad (1 Co. 5:1-5).

Esta persona no estaba usando su cuerpo como instrumento de justicia, sino, de perversión e impureza. Él no va a perder la salvación, porque Dios salva perfecta e irreversiblemente, pero esa persona iba a vivir de tal manera que su cuerpo quedaba “entregado a satanás” (1 Co. 5:5). En pocas palabras, esta persona estaba viviendo en inmoralidad, siendo herramienta para el enemigo. La iglesia debía distanciarse de él (1 Co. 5:6-13), porque violentaba la pureza que la misma debe tener (1 Co. 5:6).

Un futuro líder sobresaliente

Pedro, quien fue un seguidor radical de Jesús (Lc. 5:10-11), en sus inicios “trabajó para el enemigo”. Por gracia divina, tendría un futuro que glorificaría a Dios de una manera muy especial, pero, aun así, en el comienzo de su carrera hizo algo muy llamativo: luego de que Jesús contara a sus discípulos que tendría que sufrir, ser asesinado, y luego resucitar; Pedro reprendió a Jesús (Mt. 16:21-22). Jesús le respondió con palabras muy duras, diciéndole “…¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo…” (Mt. 16:23). Esto, sin duda, fue muy fuerte. ¿Qué había hecho Pedro para que Jesús lo llamara así? Él mismo lo explica: “…porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres…” (Mt. 16:23).

De esta manera, incluso un futuro líder prominente de la iglesia puede encontrarse “trabajando para el enemigo” por algún tiempo: teniendo una perspectiva terrenal de la vida, en lugar de una perspectiva bíblica, pudiendo ser de tropiezo a otros. Por lo tanto, pensar según nuestra naturaleza humana, y no según lo revelado por Dios, podríamos encontrarnos “trabajando para el enemigo”.

Un líder potencial

En 1 Timoteo, se nos brindan las instrucciones para que sepamos “…cómo debe conducirse uno en la casa de Dios…” (1 Ti. 3:15). Dentro de este propósito, hay instrucciones específicas para instalar pastores (1 Ti. 3:1-7). ¿Podría un pastor caer en “trabajar para el enemigo”? Sí, y podría ser por esta razón: ser un neófito. ¿Por qué trabajaría para el enemigo? Simplemente por pensar según su naturaleza humana, y no según lo revelado por Dios, al igual que Pedro en el punto anterior, pero con el agravante de estar dirigiendo a una iglesia. 

Un pastor, en este caso, por no conocer la doctrina, no deja de guiar a la iglesia, sino que la guía mal, según lo que piensa, pero no según la Palabra de Dios. Eso es paralelo a usurpar el trono de Dios, y es lo que el diablo quiso hacer, lo cual mereció condenación (1 Ti. 3:6). 

Dios gobierna a su iglesia a través de su Palabra. Los pastores predicamos la Palabra para que el gobierno de Dios se haga visible en su pueblo, el cual va cambiando su conducta según va renovando su mente al comprender las Escrituras (Ro. 12:2). Si el pastor no conoce la Palabra, guiará de manera errónea al pueblo de Dios, y estaría claramente “trabajando para el enemigo”. 

Un distorcionador de la Palabra de Dios

El Apóstol Pablo estaba guiando en la fe al procónsul Sergio Paulo (Hch. 13:6-12), lo cual sería una especie de discipulado o estudio bíblico. En estas situaciones, también aparecía Barjesús (Elimas). Barjesús era un falso profeta, pero conocedor de la Palabra de Dios. Era cercano al procónsul romano Sergio Paulo, quien estaba interesado en la Biblia. ¿Qué es lo que hacía Elimas? Intentaba desviar de la fe a Sergio Paulo. Por este motivo ya podía ser considerado “hijo del diablo”, ya que estaba trabajando para él. Su conducta estaba caracterizada por engaño y fraude, y también por ser enemigo de lo correcto y distorsionador de los caminos de Dios.

En una reunión o en un discipulado, en muchas ocasiones pueden aparecer personas así o con una conducta similar. Desvían de la fe a otros, entorpeciendo su vida espiritual, distorsionando a la Palabra de Dios. 

¿Cómo evitar trabajar para el enemigo?

Para evitar trabajar para el enemigo es importante revisar cuál es nuestro estado espiritual. El seguidor de Jesús puede describirse como un “soldado de Cristo” (2 Ti. 2:3). En este sentido, no hay neutralidad. Defendemos un bando y atacamos al contrario. No hay medias tintas en esto. 

Es importante reconocer nuestra identidad, y revisar cómo estamos espiritualmente. Revisar cómo estamos respecto a “la armadura de Dios” (Ef. 6:13-18) es fundamental. Muchos soldados andan desarmados y desprotegidos, ¿cómo estás tú? ¿estás tomando toda la armadura de Dios? Si es así, tu vida se caracterizará por estar: 

  • Unido firmemente a la verdad.
  • Identificado y protegido por una vida de justicia, siendo intachable e irreprensibles. 
  • Listo para predicar: ser un conocedor del Evangelio, no solo con ganas de hablar algo espiritual con otros. 
  • Protegido por la fe, por la doctrina y por las convicciones bíblicas. 
  • Protegido por la salvación.
  • Armado con la Palabra.
  • Velando y orando, por ti mismo y por otros, de manera perseverante. 

Un soldado sin una parte de su equipo sería fácil de reconocer, un blanco sencillo, pero también un “probable traidor”, aunque esto último sea de manera inconsciente. Este pasaje no está para que aprendamos acerca del vestuario bélico romano del primer siglo, sino, para que sepamos cómo debemos estar armados, cómo debemos estar equipados espiritualmente, y revisar si nuestra armadura tiene faltantes.

Recuerda de qué lado estás

En Colosenses 2, Dios, a través de Pablo, nos dice que Jesús triunfó sobre sus enemigos, haciendo de ellos un espectáculo público (Col. 2:13-15). Esta manera de expresarlo parece hacer alusión a las caravanas militares romanas. Entraba el vencedor a la ciudad, recibiendo gloria y honores, y atrás, en carretas con jaulas, los vencidos. Esto era muy gráfico. Muy ilustrativo. Realmente memorable. Todos abucheaban a los vencidos, les tiraban cosas, les insultaban.

Nuestro enemigo fue vencido, y espiritualmente fue hecho un espectáculo público. ¡Qué ridículo se vería un romano llevándole comida y agua al enemigo enjaulado, sirviéndole! Sin embargo, muchos cristianos pueden caer en la tragedia de trabajar para él. 

¿De qué lado estás? Esto debe ser evidente. Jesucristo es el vencedor y nos beneficia con sus triunfos. Debemos permanecer siempre, de manera evidente, del lado correcto de la batalla, evitando “trabajar para el enemigo” y trabajando para el vencedor.

Trabajemos solo para el vencedor

Es posible que caigamos en la tragedia de ser útiles para el enemigo. Para evitar esto, es fundamental conocer su agenda para no ser funcionales a ella. Así mismo, es importante tener en cuenta que podemos ser útiles para ambos reinos, por lo que busquemos ser útiles solo a uno de ellos: el de la luz. Además, revisemos si hay en nosotros alguna actitud enemiga (aunque seamos parte de la iglesia). Finalmente, es de suma importancia recordar que somos hijos de Dios, revisemos si hemos tomado toda la armadura de Dios, y que sea evidente de qué lado estamos. 

¡Trabajemos siempre para el lado del vencedor! Él es digno.“… pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, mis amados hermanos, estén firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Co. 15:57-58)


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