¿Cuántas veces has estado en una situación precaria, pero la persona a cargo no estaba preocupada? Entonces, te dejaste guiar por su actitud y decidiste que no había razón para alarmarse.
Crecí en la misma área donde ahora vivo. Mis padres se mudaron el día que me gradué de la secundaria, y estuve fuera de la zona en varias escuelas durante más de una década. Regresé cuando se me dio la oportunidad de trabajar en CCEF (Christian Counseling & Educational Foundation). Cuando mi esposa y yo comenzamos a buscar casa, recordé que un vecino de mi ciudad natal se había dedicado a la venta de bienes raíces, así que lo localizamos y le pedimos ayuda. Terminamos haciendo una oferta por la segunda casa que vimos, y fue aceptada. Todo parecía bastante fácil, aparte del interés del 16%.
Pero luego, faltando solo tres días para el cierre, Sheri y yo fuimos informados de que nuestro pago inicial no llegaría a tiempo. Anteriormente, habíamos prestado dinero a otros familiares, y no sabían si podrían devolvernos el pago con la rapidez necesaria. Entonces llamamos a nuestro amable agente, y él dijo: “Oh, eso no es problema.” Como no sabía nada sobre cómo funcionaban estas cosas, asumí que el banco estaría complacido en recibir el dinero cuando fuera conveniente. Nuestro agente no estaba preocupado; yo no estaba preocupado. Simplemente me impresionaba lo flexibles que eran estos bancos.
Dos horas antes del cierre programado, recibimos una transferencia desde el banco de los familiares. Todo estaba como debía ser. Pero tenía curiosidad. Durante el proceso de compraventa, parecía importante que tuviéramos el depósito en mano. Al salir de la reunión de cierre, pregunté: «¿Qué habría pasado si el dinero no hubiera llegado?»
«Probablemente habrías perdido la casa», respondió, «pero sabía que llegaría. Recuerdo cómo tus padres eran personas de oración, y sabía que estarían orando por ti».
De repente, el cierre de una casa se convirtió en una historia increíble. Nuestro agente, que no tenía fe, creía que mis padres sí la tenían. Sospecho que mis padres habían orado por él más de una vez, y él sabía que sucedían cosas cuando ellos oraban.
Nuestro agente de bienes raíces, al menos en esta situación, superó a los discípulos de Jesús.
Y he aquí, se desató una gran tormenta en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (Mt. 8:24–25).
Tal vez los discípulos no se dejaron guiar por quien estaba «a cargo» porque no estaban tan seguros de que Jesús estuviera a cargo, al menos no de una tormenta violenta. Ya los había llevado en un paseo tranquilo por el campo y les había explicado por qué no debían preocuparse.
…No se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán… (Mt. 6:25).
Jesús no está preocupado—jamás. ¿Por qué? Porque Dios, Su Padre (y el Padre de ellos, y nuestro Padre), está en los cielos. Nos ama más de lo que ama a los pájaros y las flores. Y todo le pertenece. Si hay alguna preocupación que tener, es acerca del mañana, y esas preocupaciones también son suyas para manejarlas. Él ya está en los detalles de los problemas del mañana.
Las sanidades de Jesús demostraron su autoridad sobre el cuerpo humano, pero el mal tiempo era otra cosa. Sea como sea, los discípulos no estaban tomando ejemplo de Jesús, aunque Él nunca se preocupa por lo que sucede como si los eventos estuvieran fuera de su jurisdicción.
Parece haber, en efecto, razones para preocuparse. Algunos de Sus discípulos vivirían sin hogar y al día. Estar sin dinero es tan peligroso como una tormenta severa. Pero nuestro Dios no se preocupa. Su rostro hacia ti revela Su paz y favor. Durante la turbulencia de la vida, Su rostro también revela Su compasión y cuidado. Y la noticia ha salido. Aparentemente, la reputación de Jesús ha llegado a personas que no lo conocen bien (como agentes de bienes raíces del siglo XX), y hasta ellos ocasionalmente descansan y no se preocupan porque el Dios trino tiene poder y autoridad sobre todas las cosas.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (9 de noviembre de 2024) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “As Jesus Sleeps“, Copyright © 2023 fue escrito por Ed Welch. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por Armando Melo, Editorial EBI. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
This translation is copyrighted © (9 de noviembre de 2024) by the Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). The original article entitled “As Jesus Sleeps“, Copyright © 2023 was written by Ed Welch. All content is protected by copyright and may not be reproduced in any manner without written permission from CCEF. Translated in full with permission from the Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) by Armando Melo, Editorial EBI. Sole responsibility of the translation rests with the translator.
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