La manera en que definimos el enojo marca toda la diferencia. Por ejemplo, si pensamos que el enojo es nuestra respuesta legítima hacia los necios, estamos destinados a enojarnos aún más, porque hay muchas personas que hacen que nuestra vida se complique, razón por la cual pensamos que son necias.

Piensa en las últimas veces en que te enojaste. Con esas ocasiones en mente, ¿cuáles son los elementos que más te enojan?

El enojo acusa a los demás

El enojo dice, “Tú estás equivocado”. El enojo consiste en emitir juicios. Observa cuidadosamente, y podrás ver a un juez presidiendo un tribunal, pronunciando un veredicto. A veces, ese juicio es acertado. Por lo general, hay al menos algo de verdad. Pero existe un problema más profundo.

El enojo va un paso más allá, dice: “Tu equivocación fue conmigo”. Aquí es donde las cosas se complican. Los jueces sabios se excusan cuando las cosas se tornan personales. Salen del estrado cuando el caso involucra errores cometidos contra ellos, porque saben que sus juicios serán arbitrarios. Pero nosotros, en nuestro enojo, no nos excusamos, sino que este juez adopta los múltiples roles de juez, demandante y fiscal.

El enojo se exculpa

El enojo se exculpa, en lugar de rastrear sus arbitrariedades y buscar ayuda, el enojo dice: “Yo tengo razón”, y confía bastante en ello. Ahora las cosas no están andando bien en el tribunal. El juez ha cerrado el caso; las súplicas del acusado se ignoran.

Mientras tanto, cualquiera que haya sido la relación preexistente, ahora está en llamas. Quizá si el acusado acepta la infalibilidad del juicio y muestra suficiente remordimiento, el juez le dará una pena menor, pero podemos estar seguros de que otra infracción percibida resultará en más ira juzgadora.

Las relaciones interpersonales no funcionan bien en un tribunal. Tal vez tenías razón en cuanto a lo que te irritó, pero sin duda, no fuiste humilde. Quizá estabas en lo correcto, pero en verdad no amaste. Esta es la razón por la cual Jesús nos enseña o a dejar el tribunal o a entrar como acusado en lugar de acusador y juez. Jesús dijo:

No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá”. (Mateo 7:1–2)

Una definición de enojo

Con todo lo anterior, una definición de enojo podría ser la siguiente: el enojo se especializa en culpar a los demás, pero carece de la capacidad de culparse a sí mismo y de amar.

…el enojo se especializa en culpar a los demás, pero carece de la capacidad de culparse a sí mismo y de amar.

¿Has sentido esta clase de enojo?


Este artículo es un extracto del libro Un pequeño libro sobre un gran problema, publicado por Editorial EBI

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