Es una bendición ser mujer. Lo que comenzó en el Edén o lo que una ideología grita en busca de una supuesta libertad de la mujer, no tiene por qué definir a ninguna mujer, ni guiarla, ni controlarla; el sacrificio de Cristo es lo que nos da la verdadera libertad.
El modelo en el hogar y la feminidad aprendida
Por eso la importancia del modelo en el hogar, porque, aunque la feminidad está en nosotras por diseño desde la creación, es una realidad que también se aprende de otras mujeres y es afirmada por los hombres: padres a hijas, esposos a esposas. Es el hombre que ha entendido su rol y lugar en la creación quien de manera intencional busca dignificar a la mujer. Hombres que, siguiendo el modelo de Cristo, protegen, cuidan y valoran a las mujeres.
Esto es impopular. No es popular porque a lo largo de la historia conocemos de hombres que han asesinado y torturado a mujeres y niños. En la narrativa bíblica lo podemos ver en el antiguo Egipto (Éx. 1) y también con el rey Herodes (Mt. 2).
Sin embargo, cuando miramos la historia del cristianismo encontramos algo sorprendente. Como Nancy Pearcey indica:
La iglesia cristiana destacó por su alta estima de la mujer. Al prohibir el aborto y el infanticidio, demostró que apreciaba la contribución femenina por traer nueva vida al mundo, estimando a la mujer como digna de respeto y protección. No había que arrojar a las niñas pequeñas por las alcantarillas, sino amarlas y cuidarlas como a los niños.
— Nancy Pearcey
Esto es importante recordarlo en una cultura que constantemente afirma que el cristianismo ha menospreciado a la mujer. En realidad, el evangelio ha sido uno de los mayores defensores de su dignidad.
Creadas con dignidad y propósito desde el principio
Desde el principio de la creación, Dios dejó claro que el ser humano fue creado con dignidad y propósito. Génesis 1:27 dice:
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
— Génesis 1:27
Esto significa que la mujer no es un accidente de la historia ni un producto de la cultura. La mujer existe porque Dios así lo quiso. Ser mujer es parte del diseño bueno del Creador.
Sin embargo, vivimos en una cultura que constantemente envía mensajes contradictorios acerca de lo que significa ser mujer. Por un lado, se exalta la fuerza, la independencia y el empoderamiento. Por otro lado, se desprecia aquello que históricamente ha sido parte esencial de la feminidad, como el cuidado, la maternidad, la ternura o la vida en el hogar. Pero el evangelio nos invita a mirar la feminidad desde otra perspectiva.
La verdadera libertad: reconciliarse con el diseño de Dios
La libertad que muchas ideologías prometen no puede dar aquello que el corazón humano realmente necesita. La verdadera libertad no consiste en redefinir lo que Dios creó, sino en reconciliarnos con Él. Jesús dijo:
Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
— Juan 8:32
Y esa verdad incluye también comprender el diseño de Dios para la mujer. Cuando una mujer entiende su identidad en Cristo, descubre que no necesita competir con el hombre para demostrar su valor. Tampoco necesita parecerse a él para ser considerada fuerte, inteligente o capaz. La dignidad de la mujer no proviene de compararse con los hombres, sino de haber sido creada por Dios y redimida por Cristo.
La feminidad bíblica: transmitida de generación en generación
Por eso es tan importante el modelo que una niña ve en su hogar. La feminidad no solo se enseña con palabras; también se aprende al observar la vida de otras mujeres. Se aprende cuando una hija ve a su madre servir con gozo, cuando una mujer mayor anima a una más joven, cuando el hogar se convierte en un lugar donde el amor de Cristo se vive en lo cotidiano.
La Escritura muestra este modelo de manera clara. En Tito 2:3–5, las mujeres mayores son llamadas a enseñar a las más jóvenes a vivir con sabiduría, amor y dominio propio. Este discipulado cotidiano es una de las maneras en que Dios preserva y transmite la feminidad bíblica de generación en generación. En otras palabras, la feminidad bíblica no se aprende principalmente en discursos o conferencias, sino en la vida diaria, en la iglesia y en el hogar.
Cuando la cultura confunde la identidad de la mujer
A pesar de esto, muchas mujeres hoy sienten confusión acerca de su identidad. Han escuchado tantas voces diferentes que ya no saben qué significa realmente ser mujer. Algunas crecieron pensando que la feminidad era algo negativo. Para otras, la feminidad se redujo a estándares externos de belleza. En muchos casos, la cultura enseñó que ser mujer era una desventaja.
Pero la Biblia presenta una visión completamente distinta. Ser mujer es un regalo de Dios. Ser mujer significa reflejar Su imagen de una manera única. Significa participar en Su obra en el mundo, ya sea en el hogar, en la iglesia, en la crianza de los hijos, en el trabajo o en la comunidad.
Dios usa a las mujeres de maneras extraordinarias en lugares aparentemente ordinarios. Muchas veces el mundo celebra lo visible, lo público y lo espectacular. Pero Dios también obra poderosamente en lo pequeño, en lo cotidiano y en lo silencioso. Por eso es importante recordar que nuestro valor no depende del reconocimiento público.
Completas en Cristo: identidad más allá de la cultura
El corazón humano tiende a buscar el aplauso de otros, a querer ser visible y admirado. Sin embargo, la verdadera plenitud no se encuentra en la aprobación de la cultura. La Escritura advierte:
Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él.
— Colosenses 2:8–10
Estamos completas en Él. Esto significa que nuestra identidad no depende de los estándares cambiantes de la cultura. No depende de cuántos logros tengamos, de cuán visibles seamos o de cuánto reconocimiento recibamos. Nuestra identidad está segura en Cristo.
Tu lugar ordinario, un escenario para la gloria de Dios
Mira el lugar donde te encuentras y pregúntate si ahí Dios no puede usarte para Su gloria. Quizá tu servicio ocurre principalmente en tu hogar. Quizá ocurre al discipular a otras mujeres, al cuidar a tu familia, al servir en tu iglesia local o al trabajar con integridad en tu vocación. Cada uno de esos lugares puede convertirse en un escenario donde la gloria de Dios sea visible.
El problema es que muchas veces nuestro corazón quiere más. Quiere más reconocimiento, más visibilidad, más aplauso. Pero no olvidemos que, aunque somos llamadas a ser luz, no somos la luz principal. Solo somos el reflejo de Aquel que brilla por la eternidad: Cristo, la luz del mundo (Jn. 8:12).
Cuando una mujer comprende esto, deja de luchar por definirse a sí misma según los estándares del mundo y comienza a descansar en el diseño perfecto de Dios.
Ser mujer, entonces, no es una carga ni una limitación. Es una bendición. Una bendición que apunta a la gloria de Dios.
Este artículo es un extracto del libro Femenina, no feminista, publicado por Editorial EBI.

Femenina, no feminista
¿Qué significa ser mujer en un mundo donde la cultura redefine constantemente nuestra identidad? Con una mirada honesta y compasiva, este libro desenmascara las mentiras del feminismo moderno y nos dirige hacia la belleza, el propósito y el valor de ser mujeres creadas a imagen de Dios. A través de reflexiones personales, fundamentos bíblicos y ejemplos prácticos, Femenina, no feminista celebra la maternidad, la feminidad en el hogar, la hospitalidad y la importancia de modelar este diseño a las nuevas generaciones.
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