En la actualidad, no son pocos los líderes cristianos que aseguran haber recibido un llamado apostólico directo de parte de Dios. Algunos incluso afirman que la era de los apóstoles ha sido reabierta por el Espíritu Santo. Esta enseñanza no solo es común en ciertas corrientes del cristianismo moderno, sino que también tiene una influencia considerable en muchas iglesias por todo el mundo. Frente a afirmaciones tan audaces, es necesario hacerse una pregunta fundamental: ¿todavía existen apóstoles hoy en día? Esta no es una cuestión secundaria ni meramente teórica. Se trata de un asunto doctrinal de gran importancia que afecta cómo entendemos la autoridad espiritual, el ministerio y la revelación de Dios.

Como creyentes, nuestra referencia final no puede ser la popularidad de una enseñanza ni las experiencias personales, sino la Palabra de Dios. La Escritura es nuestra única regla infalible de fe y práctica. Y cuando acudimos a ella en busca de claridad, la respuesta es contundente: no, no existen apóstoles en el sentido bíblico hoy en día. A continuación, exploraremos tres razones significativas que nos ayudan a entender por qué.

Los apóstoles fueron el fundamento de la iglesia

Efesios 2:19–22 dice: «Así pues, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino que son conciudadanos de los santos y son de la familia de Dios. Están edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor. En Cristo también ustedes son juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu».

En este pasaje, el apóstol Pablo explica a los efesios cómo están sien­do edificados como iglesia y cómo la iglesia en general está siendo construida y establecida. Los apóstoles y profetas jugaron un papel fundamental al proporcionar una nueva revelación directamente de Dios, y Cristo es la piedra angular principal sobre la cual se edifica la iglesia. Los apóstoles y profetas fueron, al igual que Cristo, una parte fundamental y única para establecer la iglesia. ¿Se coloca un nuevo fundamento con más Cristos? ¡Nunca! ¿Se añaden nuevos apóstoles y profetas de repente en el siglo veintiuno por una supuesta palabra del Señor? No. ¿Se derriba la iglesia como una casa vieja para ser reconstruida? No. De la misma manera, hoy no hay nuevos apósto­les ni profetas. El fundamento fue puesto de una vez y para siempre. 

Los apóstoles fueron testigos presencia­les de Cristo 

Hechos 1:21-22 nos da evidencia de cómo la iglesia primitiva enten­día el apostolado. En este pasaje vemos que los apóstoles seleccionan al hombre que reemplazaría a Judas como el duodécimo apóstol. Pedro proclama: «Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que de entre nosotros Jesús fue recibido arriba en el cielo, uno sea constituido testigo con nosotros de Su resurrección». 

Según Pedro, el nuevo apóstol debía ser alguien que estuviera asocia­do con Cristo, que hubiera continuamente aprendido bajo Su ense­ñanza y que hubiera sido testigo presencial de Su vida y ministerio. Tal vez estés de acuerdo con esto, pero de inmediato podrías pensar en dos personas que no encajan en esta descripción. Por eso, respon­damos dos preguntas clave:

  • ¿Qué hay de Pablo? Él no estuvo con Cristo de esa manera. Pero Pablo fue visitado por Cristo y llamado como apóstol de una manera sobrenatural, verificando su llamado al apostolado directamente de Jesús mismo (Hch. 9:1-19; Gá. 1:1-12). Además, los doce apóstoles, incluyendo a Pedro, afirmaron unánimemente que Pablo fue llamado por el mismo Cristo y confirmaron que debía contarse entre ellos (Gá. 1:18).
  • ¿Qué hay de Bernabé? Él no era uno de los doce ni como Pablo. Bernabé no era uno de los doce, ni tampoco como Pablo, en el sentido de que Jesús se le apareció en una visión y lo llamó a ser apóstol. Hay dos posibilidades (ambas razonables) para que Bernabé sea llamado apóstol en Hechos 14:14:
  • Posibilidad 1: Lucas está usando el término apóstolos, que simplemente puede significar “mensajero”. Lucas pudiera estar usando este término para describir la naturaleza de la misión de Pablo y Bernabé en esa situación, sin etiquetar a Bernabé como un apóstol en el sentido de su oficio.
  • Posibilidad 2: Lucas está describiendo a Bernabé en un contexto similar al de Pablo, llevando a la posibilidad de que Pablo, como un verdadero apóstol, tuviera el poder de impartir (o conferir) autoridad apostólica y capacidad a Bernabé. Esto podría explicar por qué Bernabé fue quien introdujo a Pablo a los doce (Hch. 9:27), pero esto no es evidencia explícita. Esta posibilidad no abre la puerta para la sucesión apostólica porque todo esto ocurre con hombres que estaban vivos mientras Jesús estuvo en la tierra o tuvieron contacto directo con los doce con el propósito de ser confirmados. Incluso los discípulos de Juan (como Policarpo) no se referían a sí mismos como apóstoles ni recibieron apostolado. El término obispo o pastor se volvió más prevalente después de que los apóstoles murieron.

Sea como sea, que Bernabé sea considerado apóstol no constituye evidencia sólida para el razonamiento del apos­tolado moderno. Cualquiera que ahora afirme ser apóstol tendría muchas dificultades para cumplir con la siguiente evidencia del verdadero apostolado.

  • Los apóstoles realizaron señales y mila­gros imposibles 

En 2 Corintios 12:12, Pablo dice a la iglesia que las «señales de un verdadero apóstol» se habían realizado entre ellos a través de seña­les, prodigios y milagros. ¿Qué señales y maravillas realizó Pablo? 

  • Hechos 13:11: Pablo ordenó que la ceguera viniera sobre un hombre para demostrar su poder. 
  • Hechos 14:10: Pablo ordenó a un hombre que había sido cojo de nacimiento que se pusiera de pie, y este saltó y comenzó a caminar. 
  • Hechos 16:18: Pablo ordenó a un demonio salir inmedia­tamente, no durante un exorcismo de tres horas, como intentan hacer algunas personas hoy en día. 
  • Hechos 19:11–12: Dios obró milagros a través de Pablo, de modo que incluso los pañuelos y delantales que él había tocado se usaron para sanar a las personas.
  • Hechos 20:10–12: Pablo resucitó a Eutico de entre los muertos.

A la luz de la Escritura, queda claro que el oficio de apóstol fue una función única y no repetible dentro de la historia de la iglesia. Los apóstoles fueron el fundamento sobre el cual se edificó la iglesia; fueron testigos presenciales del ministerio, muerte y resurrección de Cristo; y realizaron señales y milagros que confirmaban su autoridad divina. Estos requisitos no pueden cumplirse en el presente, y ningún líder contemporáneo puede reclamar ese título sin distorsionar el patrón establecido por Dios.

Los que hoy afirman ser apóstoles se enfrentan a una realidad contundente: la Palabra de Dios no respalda sus afirmaciones. La iglesia ya no necesita nuevos fundamentos ni nuevas revelaciones apostólicas, porque el fundamento fue puesto una vez y para siempre, y ha sido preservado fielmente en la Escritura. Nuestra responsabilidad ahora es permanecer firmes sobre ese fundamento, proclamar con claridad el evangelio, y rechazar con discernimiento todo intento de suplantar la autoridad apostólica con experiencias subjetivas o títulos autoatribuidos.

Así que, ¿existen apóstoles hoy en día? A la luz de la verdad bíblica: no.

Este artículo es un extracto del libro Conoce al Espíritu Santo.


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