La vida pecaminosa siempre viene acompañada de una promesa: la exposición. Los pecados saldrán a la luz.
En los últimos meses hemos visto una oleada de acusaciones en los medios de comunicación. Una y otra vez, hemos observado cómo figuras prominentes de Hollywood, del mundo empresarial y de la política eran acusadas de conducta sexual inapropiada. Mientras escribía este artículo, otro personaje influyente de los medios fue despedido por mala conducta. Hemos visto a jefes acusados de abusar de su posición de autoridad con comentarios y acciones ofensivas. También hemos presenciado denuncias mucho más graves, que señalan actos abusivos y discriminatorios.[1]
Si bien es cierto que debemos ser cautelosos y no creer ciegamente cada acusación —deseando escuchar toda la historia antes de emitir un juicio (Pr. 18:17)—, también reconocemos que existen denuncias de este tipo que son verídicas. Y reconocemos, además, que estas historias son apenas la punta del iceberg en lo que respecta a escándalos, abusos de poder y conductas sexuales inapropiadas de quienes ocupan posiciones de autoridad. Lamentablemente, hay muchas más historias de tinieblas que podrían salir a la luz.
Gracias a Dios, la Biblia habla sobre este tema. De hecho, cuando se producen ciertos abusos de poder y de posición, la Biblia nos ayuda a desarrollar una teología de la exposición en relación con el pecado. Lo que quiero decir con una teología de la exposición es que la vida pecaminosa siempre viene acompañada de una promesa: la exposición. Los pecados saldrán a la luz. Nada permanece oculto.
La Biblia enseña de manera consistente que quienes esconden su pecado serán expuestos: por su propio pecado, por otros que lo descubran, y por Jesucristo en el Día del Juicio. Quiero mostrar esta teología de la exposición a partir de algunos textos clave, y luego presentar algunas implicaciones para la tarea de aconsejar a quienes ocultan su pecado.
Expuestos por el pecado
El primer principio es que la Biblia enseña que seremos expuestos por nuestro propio pecado. Este probablemente sea el texto bíblico más familiar para ti. Moisés estaba de acuerdo con los de las tribus de Rubén y de Gad en que, si acompañaban a los hijos de Israel en la guerra, quedarían libres de obligación para con el Señor y podrían poseer la tierra que deseaban en Galaad (Nm. 32:22). Sin embargo, si no iban delante de Israel a la guerra, Moisés les advirtió: «…miren, habrán pecado ante el Señor, y tengan por seguro que su pecado los alcanzará» (v. 23). Si los hombres de Gad y de Rubén no cumplían con su parte del acuerdo, su pecado los encontraría. Literalmente, Moisés está diciendo que su pecado «les sucederá, caerá sobre ustedes o los alcanzará».[2]
Moisés nos muestra que nuestro propio pecado nos expondrá. Isaías 59:12 expresa una idea similar al decir que nuestros pecados «testifican contra nosotros». La Biblia enseña que, cuando pecamos, nuestros mismos pecados nos exponen.
Como creyentes, no podemos albergar pecado, porque reconocemos que incluso aquellos pecados que tratamos de ocultar cumplen esta función de exposición en nuestra vida. Además, encubrir el pecado es peligroso tanto para nosotros mismos como para los demás (Pr. 28:13; Sal. 32:3).
En medio de todos los escándalos públicos que observamos a nuestro alrededor, necesitamos recordar esta verdad: podemos estar seguros de que, si albergamos pecado, nuestros pecados nos expondrán. Esto forma parte de la gracia de Dios en nuestras vidas: Él, en Su bondad, utiliza nuestro pecado para exponerlo y traer sobre nosotros las consecuencias de nuestras propias acciones. Si albergamos pecado, tengamos la certeza de que nuestros pecados nos «alcanzarán».
Expuestos por otros
Otro de los aspectos de nuestra teología de la exposición es que podemos estar seguros de que, en nuestro pecado oculto, habrá otros que nos expongan. Efesios 5:11 es un mandato: «No participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas». Pablo estaba sugiriendo que las actividades pecaminosas que ocurrían entre los efesios debían ser reprendidas para que esos pecados fueran llevados a la luz. Y parece estar haciendo referencia a reprender las obras de «los hijos de desobediencia»; sin embargo, el llamado se extiende a todos los cristianos: exponer el mal (Ef. 5:8).
Quizás esto mismo es lo que vemos suceder a nuestro alrededor en los medios de comunicación. En medio de tantas acusaciones, hay quienes han albergado pecado, y otros que ahora están sacando esos pecados a la luz. Este es el proverbial enfrentamiento de David con el profeta Natán (2 S. 12:7). El pecado será expuesto por otros.
Podemos descansar en la certeza de que nuestros pecados no solo traen exposición por sí mismos, sino que Dios también designa a otros para sacar a la luz nuestros pecados ocultos. Esto puede ser desde alguien que, con gracia, interviene en nuestros patrones pecaminosos, hasta personas que tropiezan con algún pecado secreto nuestro.
La Biblia enseña que nuestros pecados serán —y deben ser— expuestos por otros. ¡Alabado sea Dios por esta verdad! Aquellos que enfrentan acusaciones verídicas en los medios deben reconocer que, por la bondad de Dios, Él ha usado a otros para exponer su pecado. Además, Dios también nos usa en la tarea de aconsejar para confrontar el pecado. Algunos de nuestros aconsejados necesitan escuchar acerca del pecado que están cometiendo y la alternativa de Dios para esa forma de vida. Sea como fuere, reconocemos que parte de la gracia de Dios manifestada en nuestras vidas es que Él utiliza a otros —creyentes e incrédulos— para sacar a la luz los pecados ocultos de las «tinieblas».
Expuestos en «El Día»
Tan sobrecogedor como los principios anteriores de la exposición es el hecho de que podemos estar seguros de que Jesús expondrá los pecados secretos. En 1 Corintios 3 leemos con claridad: «La obra de cada uno se hará evidente; porque el Día la dará a conocer…» (1 Co. 3:13). Podemos estar seguros de que nuestros pecados serán expuestos por Jesús en el Día del Juicio. Él sacará a la luz «…las cosas ocultas en las tinieblas…» (1 Co. 4:5). Tus pecados serán expuestos en el Día del Juicio. Si no bastara con que nuestros pecados mismos nos expongan o que otros los saquen a la luz, la Biblia enseña que Jesús mismo traerá a la luz las cosas ocultas en las tinieblas.
Este último aspecto de nuestra teología de la exposición nos recuerda que las maldades cometidas, ocultas y aparentemente mantenidas en secreto, un día serán expuestas delante de Jesús —incluso cosas pequeñas, como palabras pecaminosas, saldrán a la luz (Mt. 12:36; He. 9:27). No necesitamos angustiarnos ni preocuparnos por si los pecados ocultos llegarán o no a ser revelados: Jesús los sacará a la luz. Este es otro acto de la bondad de Dios hacia el ser humano: juzgarnos conforme a nuestras obras.
Muchas veces, esta teología de la exposición en el Día del Juicio se presenta para animarnos a vivir en rectitud, ya que daremos cuentas de nuestras acciones. Sabemos que rendiremos cuentas de las cosas ocultas en nuestra vida, y esto debería impulsarnos a actuar de manera que honremos a Dios (Ro. 14:12).
Implicaciones para la consejería
En cada una de estas acusaciones recientes se nos recuerda esta teología de la exposición. Reconocemos que no toda acusación es verdadera —es importante aclararlo—. Sin embargo, lo que sí es cierto es que nuestros pecados ocultos conllevan una consecuencia inevitable: debemos entender esta teología de la exposición en relación con el pecado. Esto trae consuelo tanto al consejero como al aconsejado, al reconocer esta verdad.
El consejero entiende que, si él no «descubre» ese pecado oculto, de todos modos el pecado será revelado. Nosotros, como consejeros, tenemos la confianza de que los pecados ocultos de nuestros aconsejados saldrán a la luz y que no necesitamos interrogarlos hasta arrancarles una confesión. Dicho de manera clara, como consejeros podemos dormir en paz al reconocer esta teología de la exposición. El aconsejado puede estar seguro de que sus pecados ciertamente lo alcanzarán, aun si no los confiesa a su consejero.
En segundo lugar, podemos ayudar a las personas en nuestra vida que han sido víctimas del pecado de quienes ejercen autoridad. Ellas pueden hallar verdadero consuelo y dirección en esta teología de la exposición. El consuelo consiste en saber que los pecados cometidos contra ellas serán manifestados. Pueden confiar en que Dios hará justicia (Ro. 12:19). Y la dirección consiste en que deben hacer lo que esté a su alcance para exponer esos pecados de una manera que honre a Dios. Esto no es un pleito en las redes sociales, sino un abordaje bíblico de confrontación y exposición (Gá. 6:1-3; Mt. 18:15-17).
Un último aspecto es para aquellos que han sido falsamente acusados. Reconocemos que no todas las acusaciones difundidas en los medios actuales son verdaderas. Para los falsamente acusados, el ánimo que ofrece la teología de la exposición es que los pecados ocultos de sus acusadores serán sacados a la luz. Nuestra meta es guiar a nuestros aconsejados falsamente acusados a hacer el bien mientras sufren falsas acusaciones (1 P. 2:12). Ellos pueden hallar consuelo y reconocer que estas falsas acusaciones son un medio de Dios para refinar su fe. La persona falsamente acusada puede tomar pasos sabios para exponer el error, mientras reconoce que los pecados de sus acusadores serán finalmente revelados.
Conclusión
Sea o no verdadera cada acusación en los medios, podemos tener plena confianza en lo que enseña la Escritura acerca del pecado y de cómo este será manifestado. La Biblia enseña de manera consistente que quienes ocultan su pecado serán expuestos: por su propio pecado, por otros que los confronten y, finalmente, por Jesús en el Día del Juicio.
Al ayudar a nuestros aconsejados a enfrentar el hecho de haber sido víctimas del pecado de quienes ejercen autoridad o de haber sido falsamente acusados por quienes están bajo su autoridad, podemos enseñarles estas verdades sobre el pecado a partir de la Escritura. Y, en última instancia, deben saber que Dios es el Juez, y como preguntó Abraham: «…El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?» (Gn. 18:25).
Este artículo fue publicado originalmente en Association of Certified Biblical Counselors (ACBC).
[1] Nota del traductor: Este artículo fue escrito originalmente en 2017, en el contexto de las numerosas denuncias de conducta sexual inapropiada en medios de comunicación, política y mundo empresarial (conocido popularmente como el movimiento #MeToo). Aunque algunos detalles responden a ese momento histórico, los principios bíblicos expuestos por el autor conservan plena vigencia.
[2] Wilhelm Gesenius y Samuel Prideaux Tregelles, Gesenius’ Hebrew and Chaldee Lexicon to the Old Testament Scriptures(Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2003), 499, col. B.
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