¿Alguna vez has sentido una desconexión entre lo que crees y lo que experimentas? Hace poco hablé con una persona que estaba luchando con esa desconexión. Se encontraba en una etapa de sufrimiento y me dijo algo como: «Estoy leyendo la Biblia todos los días. Es a donde acudo. Pero cuando me topo con promesas sobre su presencia y su paz, me frustro. Eso no tiene nada que ver con lo que estoy viviendo. Es todo lo contrario. Dios parece guardar silencio. ¿Por qué sus promesas no aterrizan justo donde más las necesito?».

La experiencia de esta mujer es común. A veces se le conoce como la distancia entre la cabeza y el corazón: creemos lo correcto acerca de Dios (cabeza), pero no experimentamos esas verdades en nuestra vida personal (corazón). También se describe como la diferencia entre la teología confesional y la teología funcional. Aceptamos la Palabra de Dios, pero nos cuesta entender cómo sus verdades afectan nuestra vida cotidiana. La mayoría de los cristianos atraviesan esto en algún momento, ya sea de manera breve o prolongada. Y, como esta mujer, solemos sentirnos frustrados. Es comprensible.

Quiero hablar de esta experiencia pensando en cristianos que realmente toman en serio la Palabra de Dios y procuran vivir su salvación con temor y temblor. Digo esto porque esa distancia puede sentirse por distintas razones—por ejemplo, un cristiano que no se siente cerca de Dios, pero vive en pecado no confesado. En ese caso, el distanciamiento nos parece más comprensible. Pero lo que abordo aquí es el sentir de quien, aunque vive de manera fiel y constante, aún percibe que las promesas de Dios no impactan su realidad como esperaba. ¿Cómo podemos pensar bíblicamente sobre esta experiencia? Aquí presento cuatro ideas que nos orientan cuando sentimos esa desconexión.

  • Esta experiencia está relacionada con nuestra ubicación en la historia de la redención. En esta era, nuestra fe aún no es vista (2 Co. 5:7). Somos peregrinos, de paso por un lugar que no es nuestro hogar (1 P. 2:11). Vendrá un día en el que veremos a Jesús cara a cara y Él nos transformará en un instante (1 Jn. 3:2). Es fácil imaginar que en ese momento no habrá distancia, pero ese momento todavía no ha llegado. Esta realidad nos ayuda a normalizar el sentimiento de desconexión: «Por supuesto que no experimento plenamente las promesas de Dios aún. No lo he visto. No he llegado a casa. Todavía no me ha glorificado».
  • Esta experiencia es una forma de sufrimiento. Aunque sea esperada, no por eso es fácil. Es perturbadora. Es dolorosa. El no disfrutar aún de una conexión perfecta es una carga legítima—una razón válida para gemir (2 Co. 5:1–5).
  • Aunque es una carga, también es motivo de aliento. ¿Por qué? Porque quien se da cuenta de esta desconexión toma su fe en serio. Si no le importara, no sentiría angustia por esa separación.
  • Esta experiencia puede impulsarnos a esperar con esperanza nuestro futuro prometido. Es bueno y deseable que lo que creemos y lo que vivimos estén en armonía, y eso podemos esperarlo con seguridad. Como esta desconexión es una forma de sufrimiento, podemos anticipar confiadamente que, en la nueva creación, ¡ya no existirá!

Con estas ideas en mente, pensemos ahora en cómo ministrar a alguien que atraviesa esta experiencia. ¿Cómo nos guía una perspectiva bíblica en nuestro acompañamiento? Los siguientes puntos corresponden a los anteriores.

  • Brindamos orientación respecto a su experiencia: esta desconexión es esperada en esta etapa de la historia, cuando la fe aún no es vista. Les aseguramos que sentirse así no indica un fracaso espiritual. Y los exhortamos a perseverar en la fe, como lo hicieron nuestros antepasados, incluso cuando no vieron el cumplimiento de las promesas de Dios durante su vida (He. 11).
  • Nos solidarizamos con el sufrimiento que implica esta experiencia: «Es difícil estar en este lugar». «Entiendo tu frustración». Nos identificamos con lo que están viviendo, para que no se sientan solos: «Puedo entenderlo… yo también me he sentido así. Es doloroso». Clamamos delante de Dios. Le expresamos cuán duro es esto y cuánto deseamos que cambie. Y juntos confiamos y recordamos que el ministerio de Jesús fue aliviar el sufrimiento, lo cual nos muestra que Él tiene compasión de nosotros. Recibimos Su compasión.
  • Animamos sus corazones señalando que hay algo bueno y correcto en desear que nuestra mente y nuestro corazón estén alineados. Ese anhelo es valioso, y lo admiramos en ellos.
  • Nos convertimos en practicantes de la esperanza. La esperanza es un regalo de Dios para los que sufren. Él nos dio promesas para que las esperemos con confianza. Derramó Su amor en nosotros por medio del Espíritu Santo, y nos dio este depósito como garantía de nuestro futuro (He. 5:5; Ef. 1:4). Así que nos entrenamos en esperar aquello que será nuestro. Entendemos que la esperanza es una acción, por eso la practicamos. Dirigimos nuestros pensamientos hacia nuestra esperanza, y allí habitamos. Y mientras anhelamos el día en que mente y corazón estén en armonía, lo esperamos con paciencia. Paciencia porque estamos sometidos al tiempo de Dios para traer ese día. Paciencia porque tomamos a Dios en Su palabra y creemos que Sus promesas son verdaderas.

Y para todo esto, oramos. Oramos para que Dios disminuya la distancia que sentimos. Oramos para que nos ayude a esperar con paciencia (Ro. 8:25). Oramos porque Él es nuestra esperanza—y cuando esperamos en Él, no seremos avergonzados (Ro. 5:5).

Este artículo fue publicado originalmente en Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF)

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (5 de julio de 2025) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “When Life Feels Disconnected from Faith”, Copyright © 2022 fue escrito por Ed Welch. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por Armando Melo, Editorial EBI. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor. 

This translation is copyrighted © (july 5, 2025) by the Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). The original article entitled “When Life Feels Disconnected from Faith”, Copyright © 2022 was written by Ed Welch. All content is protected by copyright and may not be reproduced in any manner without written permission from CCEF. Translated in full with permission from the Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) by Armando Melo, Editorial EBI. Sole responsibility of the translation rests with the translator.


El proceso de la consejería bíblica

El proceso de consejería bíblica equipará a consejeros, pastores y líderes laicos para abordar su ministerio de consejería de manera intencional, de modo que su trabajo apunte fielmente a las personas hacia el Señor, considerando quién es Él, su corazón y lo que nos llama a hacer. Útil tanto para consejeros nuevos como experimentados, este recurso dotará a los consejeros con una visión de cómo se desarrolla una progresión de la consejería.


Comparte en las redes