Lectura recomendada: Efesios 5:15-21

Uno de los modelos bĆ­blicos mĆ”s conocidos de relaciones basadas en la gracia fue escrito por un hombre soltero: el apóstol Pablo. Ɖl podĆ­a hablar de la gracia para el matrimonio porque la enseƱanza sobre el matrimonio no necesita estar basada en la experiencia. De hecho, si alguien entiende bien el evangelio, tendrĆ” una perspectiva en cuanto a todo tipo de relaciones. En Efesios 5 encontramos las ideas inspiradas del apóstol; este es un pasaje bĆ­blico clave sobre el matrimonio.

Entendiendo Efesios 5

Llama la atención que toda la enseñanza de Pablo en Efesios 5 va precedida de un versículo sobre la sujeción. ¿Qué significa para nosotros la sujeción? Muchos cristianos oyen esta palabra y les recuerda un hogar feliz y razonablemente bien ordenado. Piensan en un lugar donde la autoridad se ejerce de forma benévola y para su bien. Otras personas oyen esta palabra y se les eriza la piel o se encogen. Bajo la bandera de la sujeción se han visto a abusadores menospreciar y abusar de mujeres y niños.

No podemos adoptar o rechazar el acto de sujetarnos o someternos basÔndonos en experiencias pasadas. Y eso se debe a Efesios 5:21. Allí, cuando el apóstol Pablo describe el fruto de una vida llena del Espíritu Santo, menciona un último elemento: después de enumerar cosas como adorar y dar gracias, recomienda, «Sométanse unos a otros en el temor (la reverencia) de Cristo». Así que la sujeción, tanto como la prÔctica de la adoración o una postura de agradecimiento, es parte del paquete estÔndar de la vida cristiana.

La sujeción no es un extra opcional que pedimos hecho a la medida para las personas que son inusualmente espirituales o que tienen antecedentes familiares sin problemas.

La sujeción es para todos

En primer lugar, tenemos que pensar en voz alta sobre el tipo de sujeción que el Espíritu Santo tiene en mente para la Iglesia cristiana. Por un lado, podemos observar que la sujeción de la que se habla aquí tiene sus raíces en el creacionismo, no en el machismo. Es algo que obtenemos de nuestro Hacedor. Los cristianos no deben reflejar ciegamente las convenciones sociales. Debemos creer que si Dios exige algo, es porque entonces es necesario para nuestro florecimiento, tal vez incluso para nuestra supervivencia.

Ciertamente, y en segundo lugar, tenemos que asumir que, sea cual sea la sujeción, todos estamos juntos en esto. No sólo tenemos que sujetarnos a Dios, sino que tenemos que sujetarnos los unos a los otros. La sujeción es para todos. De cierto modo, cada una de estas relaciones debe implicar un respeto profundo que conlleve a la disposición de servir a otros. A cierto nivel, la sujeción es el respeto que conduce al servicio.

En la prÔctica, si los cristianos queremos conseguir la sujeción en un mundo que odia esta palabra, significarÔ que nuestros matrimonios tendrÔn que caracterizarse por el respeto mutuo, el cuidado y el servicio; una especie de competencia silenciosa por poner a la otra persona en primer lugar. Una actitud de «tú primero», «por favor, déjame buscarte eso».

Un matrimonio donde estƔn atentos el uno al otro: conociƩndose mutuamente

Si queremos estar sujetos el uno al otro, necesitamos conocernos. Eso significa que estemos comprometidos a estudiarnos mutuamente; saber cómo piensa ella o qué le encanta a él, identificar los gustos de él o las necesidades de ella. En la sujeción mutua, al estudiarnos el uno al otro nos estamos amando.

Chad estĆ” comprometido con este tipo de estudio de Emily, aunque todavĆ­a le falte progresar mucho. A menudo recuerda una maƱana dolorosa, con aproximadamente once aƱos de casados, cuando le ofreció a Emily un zumo de naranja con el desayuno y, como de costumbre, le preguntó si querĆ­a hielo en el vaso. […] El clĆ­max llegó cuando me preguntó, con un poco menos de dulzura, si alguna vez ella, que yo supiera, habĆ­a dicho que sĆ­ querĆ­a hielo.

DetrÔs de este incidente también había una falta de atención a Efesios 5:21. Si lo hiciéramos, los cónyuges estaríamos mÔs dispuestos y seríamos mÔs capaces de dedicar nuestro tiempo, nuestra memoria y nuestras energías a servirnos mutuamente, y tendríamos menos incidentes como el del zumo de naranja.

Estudiarse mutuamente en el matrimonio, conocerse, involucra a todos los aspectos de la vida. Es un proceso que dura toda la vida. Es una razón mÔs por la que las parejas cristianas deberían preguntarse cómo pueden orar el uno por el otro por la mañana. Por eso hacemos bien en preguntar al final del día: «¿Cómo te fue hoy?» y escuchar realmente lo que se nos dice.

Un matrimonio que practica la gracia: conociendo las Escrituras

Honrar Efesios 5:21 implica conocer al cónyuge. MÔs importante aún, implica conocer las Escrituras. O, dicho de otra manera, debemos estudiar no sólo los gustos y necesidades de nuestro cónyuge, sino también sus deberes ante el Señor. Por extraño que parezca, un estudio acertado de los deberes de la otra persona, por las razones correctas, debería facilitar un matrimonio donde se practique la gracia.

Una respuesta obvia es que la misma Biblia estaba destinada a todos. Es un libro con un solo texto que habla a todos, asĆ­ que podemos escuchar instrucciones para todos. […] Sin la gracia de Dios, esta es nuestra posición por defecto como lectores de la Biblia.

Una esposa debe hacerse tan amable como sea posible, porque esta es la principal forma de ayudar al marido con su propio deber de amarla. Un marido debe hacer todo lo posible por ser digno de respeto para ayudar a que ella le respete.

La reverencia a Cristo

Nuestro Salvador se entregó por nosotros. Vino a rescatar a un pueblo desobediente e insumiso. Un pueblo que se oculta detrÔs de sus derechos mientras habla de los deberes de los demÔs. Vino por los pecadores egoístas como tú y como yo.

Jesucristo es el que hace justo ante Dios a todo el que mira a Jesús, el que se sometió a la ira de Dios y al castigo de la muerte. En nuestros matrimonios hay gracia cuando reverenciamos a Cristo en ellos, cuando vemos que el precio que pagó el Salvador cubre nuestros pecados particulares, incluidos nuestros pecados en el matrimonio.

En Su obra de salvación, Cristo no sólo cubre el costo de nuestra restauración, sino que nos une a sĆ­ mismo; nos hace miembros de Su cuerpo, dice Efesios 5:30. Y de esta manera, con Cristo estamos muertos al pecado; con Ɖl resucitamos con un nuevo poder a una vida nueva, incluido un nuevo poder para el matrimonio.

Este contenido ha sido tomado y adaptado con mínima edición del capítulo 3 del libro Matrimonio moldeado por el evangelio.


Matrimonio moldeado por el Evangelio

Ya sea que te estĆ©s preparando para el matrimonio, que te acabes de casar o que lleves aƱos de casado, es probable que seas consciente de que tu naturaleza pecaminosa afecta a todos los aspectos de tu matrimonio. Pero—¿con quĆ© frecuencia piensas en tu condición de santo, equipado por el poder de Dios para crear un matrimonio sano y amoroso?


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