Cómo deberías manejar el duro descubrimiento de que tu cónyuge ha sido infiel? ¿Cómo quiere Dios que lo pienses y respondas a ello? En este y los próximos capítulos se presentan diez pasos. Comencemos con tu relación con Dios.

A medida que avances, recuerda estas verdades: el Dios trino —Padre, Hijo y Espíritu Santo— está contigo y a tu favor. Aunque experimentes emociones cambiantes y pensamientos confusos, Su Palabra puede brindarte paz, esperanza y dirección. Has sido traicionado por tu compañero del pacto, y aprender a manejarlo es un proceso que toma tiempo. Mantén estas realidades en mente mientras tú y el Señor avanzan juntos.

Paso 1: Cree que Dios está poderosamente presente para ayudarte

En muchas crisis, las Escrituras entrelazan dos atributos de Dios: Su presencia y Su poder. El Salmo 46:1–3 dice:

Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; aunque bramen y se agiten sus aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo.

La escena devastadora de un terremoto descrita en este salmo representa lo que muchos sienten tras descubrir una infidelidad: «Sacudió todo mi mundo». Sin embargo, el poder de Dios—Él es «nuestro refugio y fortaleza» y «pronto auxilio»— estabiliza el alma y provee esperanza al saber que Él está presente y obrando en tu vida. Versículos como el Salmo 46:5 «Dios está en medio de ella, no será sacudida; Dios la ayudará al romper el alba» y «El Señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob» (vv. 7, 11), aseguran que Dios está presente para sostenernos.

Pablo, en 2 Timoteo 4:16–17, también sintió abandono, pero declaró: «Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció…»

Así como Pablo fue fortalecido, tú también puedes confiar en que Jesús está contigo por medio del Espíritu, cumpliendo Su promesa de no dejarte. Como creyente, puedes estar seguro: Dios no te ha abandonado aunque tu cónyuge lo haya hecho. Él es tu refugio y tu fuerza.

Paso 2: Clama a Dios por ayuda

A la luz de la seguridad que Dios da sobre Su presencia y poder, Él te invita a clamar a Él, ahora mismo, tal como estás.

En el Salmo 55, David fue traicionado por un amigo íntimo, ¿cómo lo afrontó? clamó a Dios en oración: «En cuanto a mí, a Dios invocaré, Y el Señor me salvará. Tarde, mañana y mediodía me lamentaré y gemiré, y Él oirá mi voz» (vv. 16–17). Puedes acudir a Dios en cualquier momento y todo el tiempo. 

Varios pasajes bíblicos presentan una imagen de la oración como «derramar» tu corazón ante Dios.

  • En el Salmo 62, mien­tras enfrenta el ataque de sus enemigos, David invita a sus lectores en el versículo 8: «Confíen en Él en todo tiempo, Oh pueblo; derramen su corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio».
  • Ana, en 1 Samuel 1, clamó con dolor ante el Señor: «…He derramado mi alma delante del Señor» (v. 15).
  • En el Salmo 42:4, el salmista dice: «…Derramo mi alma dentro de mí…». Este verbo implica una oración honesta y emotiva. Tu Padre quiere que vengas a Él sin reservas.

De manera práctica, si aún no lo has hecho, te recomiendo que comiences un diario de oración en el que escribas y expreses tus oraciones más sinceras al Señor. Hazlo mientras reflexionas en pasajes como los mencionados, así como en otros que revelen el carácter de Dios y el lamento de Su pueblo ante Él. También podrías encontrar consuelo en himnos cuyas letras reflejen tu experiencia de sufrimiento. Himnos que pueden recordarte la verdad sobre tu Señor en medio del dolor.

Entonces viene la pregunta ¿escuchará Dios mi clamor? Ya que una cosa es aceptar la invitación de Dios para derramar tu alma ante Él. Otra es estar seguro de que Él te escuchará. Nuevamente, recurrimos a las Escrituras y a algunos de los muchos versículos en los Salmos que nos aseguran que Dios oye el clamor de Su pueblo sufriente.

  • En el Salmo 55:17 la certeza de David en medio de su angustia de que el Señor «oye mi voz».
  • El Salmo 10 describe las acciones traicioneras de quienes oprimen perversamente a los indefensos «Oh Señor, Tú has oído el deseo de los humildes; Tú fortalecerás su corazón…»
  • Y el Salmo 34 ofrece múltiples afirmaciones de Su atención «Busqué al Señor, y Él me respondió… Este pobre clamó, y el Señor le oyó… Claman los justos, y el Señor los oye y los libra…» (vv. 4–6, 15–17).

Cuando lo buscas en oración, el Señor responde, libra, escucha, salva y atiende tu clamor. A medida que pases tiempo en los Salmos, encontrarás más de estas certezas (por ejemplo, Sal. 22:24; 40:1; 86:6–7; 116:1–2; 138). Usa estas verdades como un bálsamo para tu alma. Háblale a Dios sobre tu traición. Exprésale tus penas. Él te invita a acudir a Él en oración y a derramar tu corazón delante de Él.

Paso 3: Reconoce que tu identidad principal es ser hijo o hija De Dios, no esposo o esposa de tu cónyuge

La infidelidad te afectará profundamente en la medida en que tu cónyuge haya sido la relación más importante en tu vida. Si tu identidad está basada principalmente en ser esposo o esposa, la traición se sentirá como un colapso total.

Frases como “Sara era mi vida, y ahora mi vida se terminó” ilustran esta dependencia. Pero, aunque el dolor es real, debemos cuidarnos de abrazar creencias erróneas que aumentan el sufrimiento.

En cambio, un conocimiento creciente de la Biblia libera. Pero ¿cómo? ¿Cómo podemos fortalecer nuestra comprensión de dónde se encuentra nuestra verdadera identidad cuando enfrentamos el rechazo? Veamos varios pasajes que contras­tan la dependencia última en Dios con la dependencia en otras personas.

En el Salmo 27:10, David expresa este contraste de mane­ra concisa: «Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá». Aquí, opone la dificultad de ser «aban­donado» por sus padres con la seguridad de ser «recogido» por el Señor. En la siguiente tabla, podemos ver cómo estas dos realidades existen simultáneamente: la Realidad visible (R #1) que percibimos con nuestros ojos terrenales y la Realidad invisible (R #2) que solo podemos ver con los ojos de la fe.

 Realidad visible (R#1)Realidad invisible (R#2)
Salmo 27:10Mis padres me abandonanEl Señor me recibirá

El verbo «abandonar» sugiere una ruptura fuerte, un recha­zo marcado y un abandono claro. David no lo negó ni inten­tó borrar los recuerdos. En cambio, la amorosa presencia del Señor —Su recepción en la R #2— llenó y sostuvo a David, permitiéndole vivir para Dios y encontrar consuelo y fortale­za a pesar del rechazo de la R #1.

El verbo «recibir» denota una aceptación amorosa y cuidadosa. Observa también el uso de «Señor» en mayúsculas: Yahvé, el nombre personal del Dios que guarda el pacto con Israel. El Dios que recibe a David no es una deidad abstracta o impersonal, sino el fiel y misericordioso «Yo Soy», el Redentor de Israel.

¿Cómo puede ayudarte este pasaje mientras procesas la traición de tu cónyuge? Aquí hay cuatro pasos prácticos:

  1. Lee el Salmo 27 dos veces al día esta semana.
  2. Memoriza el versículo 10, sustituyendo en tu oración «padre y madre» por «mi esposo» o «mi esposa».
  3. Escribe un diario de oración en el que hables con Dios sobre tus luchas.
  4. Anota lo que el salmo te enseña sobre el carácter de Dios.

Podríamos añadir más filas a nuestra tabla anterior al reflexio­nar en los relatos de Agar en Génesis 16:1–16; Pablo en 2 Timo­teo 4:9–18 (en el Paso 1); José en Génesis 37–50 (en el Paso 5); y Jesús en Juan 16:32.

Meditar en estos pasajes y escribir oraciones sobre ellos en tu diario traerá consuelo a tu alma y te asegurará del amor fiel de Dios por ti. Él está a tu favor, aunque tu cónyuge no lo haya estado.

 Realidad visible (R#1)Realidad invisible (R#2)
David en el Salmo 27:10Mis padres me abandonanEl Señor me recibirá
Agar en Génesis 16:1-16Abram y Sarai la maltratanEl ángel del Señor la encuentra, le habla, la escucha y la ve.
Pablo en 2 Timoteo 4:9-18Abandonado durante el juicioEl Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas
José en Génesis 37, 39-50Diversas formas de traiciónEl Señor estaba con José y lo bendijo
Juan 16:32Los discípulos (sus amigos más cercanos) lo dejan soloMi Padre está conmigo; por lo tanto, no estoy solo.

La presencia de Su Padre consoló a Jesús cuando todos los demás lo abandonaron. De la misma manera, la presencia de Su Padre, como tu Padre, puede consolarte como Su hijo

o hija en las secuelas de la infidelidad de tu cónyuge. Puesto que perteneces a Jesús, Su Padre es tu Padre, y el amor de Su Padre por Él también se extiende a ti.

En la medida en que hagamos de nuestro cónyuge nuestra vida, cuando esa persona nos falle, nuestra vida quedará arruinada… Pero si Jesús controla tu corazón, tendrás vida, gozo, paz y contentamiento, incluso si tu cónyuge no te ama como debería».

Este mensaje es para ti también. No es una ilusión inalcanzable. Es algo real y disponible en Cristo. Pasajes como Salmo 27, Salmo 73, Lucas 10, Juan 16 y Filipenses 4 pueden ayudarte a encontrar tu identidad y consuelo en Dios, no en las circunstancias ni en las personas.

Este artículo es un extracto del libro Mi cónyuge me fue infiel.


Mi cónyuge me fue infiel

¿Cómo deberías responder a las devastadoras decepciones que el adulterio y otras formas de traición han traído a tu matrimonio? Es natural sentir una amplia gama de emociones, incluyendo ira, confusión, dolor, tristeza, celos, ansiedad, vergüenza y arrepentimiento. Las consecuencias del pecado de tu cónyuge tienen amplios efectos en tu relación, tu familia y tu futuro.

Mi cónyuge me fue infiel ofrece principios bíblicos para manejar esta traición, confrontar a tu cónyuge, y ofrece una guía para trabajar en un posible proceso de arrepentimiento y restauración. Aunque Dios no promete la restauración, sí promete estar contigo y ayudarte, tanto si tu cónyuge decide arrepentirse como si no. Dios puede usar esta experiencia para acercarte a Él y traer un mayor bien a tu vida.


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