Tomar decisiones forma parte de la vida cristiana diaria. Sin embargo, para muchas personas, decidir no es simplemente evaluar opciones, sino una experiencia cargada de temor, duda y agotamiento emocional. Este artÃculo aborda cómo funciona la ansiedad frente a las decisiones, ayudándonos a reconocer sus patrones y a entender por qué, lejos de protegernos, muchas veces termina paralizándonos.
Muchas veces me he sentado con personas que rompieron en llanto por decisiones que debÃan tomar. Para algunos, se trataba de cosas que otros considerarÃan insignificantes, como aceptar una nueva oportunidad regular de voluntariado o decidir cómo pasar un verano. Pero para ellos, no era algo pequeño. SentÃan dolor porque reconocÃan que la constante rumiación antes de tomar una decisión, o el hecho de cuestionarse o lamentar las decisiones después, estaba afectando a las personas que los rodeaban y complicando sus propias vidas.
Luchaban por encontrar la certeza de que estaba bien enfocarse en una opción sobre otra: una tarea en lugar de otra, un proyecto y no otro, un camino profesional u otro. ¿Cómo podrÃa saber con certeza cuál es la mejor opción? ¿Es irresponsable elegir algo menos que eso? ¿Cómo puedo estar seguro?
Quizás tú también te sientas atrapado de esta manera, en decisiones que van desde las más pequeñas e intrascendentes hasta aquellas que alteran el curso de tu vida. Lo más probable es que tu ansiedad frente a las decisiones siga los mismos patrones básicos: una sensación de estar atrapado, considerar y reconsiderar opciones, rumiar, buscar consejos, tomar una decisión tentativa, volver a una opción previamente descartada, de alguna manera llegar difÃcilmente a una decisión final, pero luego sentir remordimientos y preguntas persistentes; todo esto mientras pierdes un tiempo desproporcionado y cargas con un gran estrés.
Pero primero, comencemos con cómo funciona la ansiedad cuando está cumpliendo su propósito: señalarnos con precisión el peligro para que podamos ponernos a salvo.
Es bueno reconocer el peligro
No toda ansiedad es un problema. Si estás en un edificio en llamas, una chispa de pánico o miedo te motiva a salir, y eso es algo bueno. Cuando tu cerebro no registra ningún temor, eso es un problema. Cuando la ansiedad funciona correctamente; es decir, percibe el peligro—es un regalo de Dios que activa nuestro cuerpo para movernos hacia un lugar seguro.
Mientras hacÃa trabajo en el jardÃn, más de una vez me he encontrado cerca de nidos de avispas o serpientes. En esas situaciones, mi cuerpo generalmente hace lo que se supone que debe hacer: se congela para evaluar una forma segura de proceder, o se prepara para enfrentar el peligro o huir. Esa ansiedad es bastante útil. Las alarmas se disparan rápido y fuerte, y eso es justo lo que necesito de mi cuerpo. Nuestros cuerpos se activan cuando perciben cualquier tipo de peligro, y eso es una muestra de la bondad de Dios en un mundo caÃdo.
Sin embargo, la ansiedad no suele sentirse como un regalo. Leemos libros como este porque, al menos en algunos momentos de nuestras vidas, la ansiedad se siente como una maldición. La ansiedad nos aflige, y no siempre nos guÃa de manera confiable lejos del peligro.
La mayorÃa de nosotros, afortunadamente, solo somos conscientes de nuestras alarmas cuando están fallando: ya sea porque chirrÃan pidiendo baterÃas nuevas o porque son demasiado sensibles al usar el horno. Sea cual sea el motivo, cuando suena una alarma contra incendios, apenas puedes pensar porque el sonido domina todo.
Si estás en un edificio público y escuchas sonar la alarma, no puedes convencerte de que no hay fuego, y en realidad, no deberÃas. Sabes que es posible que ocurra un incendio. Tienes que vivir con la posibilidad de que la alarma esté detectando un incendio real, y que no solo sea una falsa alarma.
Lo mismo sucede con la ansiedad frente a las decisiones. No podemos escapar del hecho de que cada vez que tomamos una decisión, enfrentamos un riesgo real de tomar una mala elección o una decisión que conlleve consecuencias negativas.
Dado que las decisiones siempre implican algún riesgo, también deberÃan llevar consigo un poco de ansiedad, o al menos un toque de precaución. Eso es sabio, porque la mayorÃa de las decisiones podrÃan terminar mal. Tal vez deberÃamos sentir menos ansiedad con decisiones menos trascendentales, pero incluso esas tienen algún riesgo.
Algunas personas parecen no preocuparse demasiado por los grandes riesgos porque, en lo profundo, saben que hay factores fuera de su control. Sin embargo, con decisiones pequeñas, no se dan descanso porque, en comparación, esas decisiones parecen depender totalmente de ellas.
Esto es especialmente cierto en decisiones importantes que marcan un cambio de rumbo, como carrera profesional y matrimonio. Estas decisiones continúan a lo largo de la vida y nos obligan, una y otra vez, a enfrentar el riesgo.
El objetivo de la ansiedad: eliminar el riesgo
La ansiedad no tolera la incertidumbre ni el riesgo. La ansiedad exige que sepas que estás seguro. Es una forma de buscar incertidumbres y áreas grises, y forzar esas áreas grises a convertirse en blanco o negro. ¿Es seguro o no? Haz lo que tengas que hacer para que sea claramente seguro.
Cuando la ansiedad toma el control, se convierte en una misión para erradicar el riesgo. Esto es especialmente cierto en el caso tÃpico del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): lavarse las manos, revisar y volver a revisar las cerraduras, y muchas otras conductas similares.
Desde una perspectiva externa, no es difÃcil darse cuenta de que la persona que revisa la cerradura de su puerta varias veces cada noche no está realmente más segura. Pero desde la perspectiva de alguien dominado por esta ansiedad, necesitas estar absolutamente seguro. Y sabes que la memoria no es perfecta. ¿Qué podrÃa ser más importante que garantizar la seguridad de tus pequeños hijos?
Cuando comienzas a vivir dominado por la necesidad de eliminar la incertidumbre y solo tomas decisiones que no implican riesgo, gradualmente pierdes la capacidad de funcionar en la vida. Con ansiedad severa frente a las decisiones, las personas tÃpicamente no buscan ayuda hasta que las estrategias que usan para aliviar la ansiedad empiezan a interferir con su vida diaria.
Esto es lo que llamo el golpe doble: ansiedad y luego autodesprecio. ¿Qué hago? se convierte en ¿Qué está mal conmigo?
Método ansioso: darle vueltas
Lamentablemente, muchas de las cosas que hacemos para reducir la ansiedad solo logran empeorarla. La ansiedad frente a las decisiones se perpetúa dándole vueltas a los pensamientos. La mayorÃa de los pensamientos ansiosos comienzan con frases identificables como «¿Y si…?», «¿DeberÃa…?» o «Tal vez yo…».
Todas estas son preguntas válidas en teorÃa, pero pueden paralizar a las personas con una conciencia escrupulosa y convertirse en parte de un ciclo interminable de obsesión. La razón por la que las personas se apresuran a recorrer estos pensamientos es, en realidad, para tratar de deshacerse de la ansiedad. El motivo de volver mentalmente al proceso de toma de decisiones es intentar eliminar el peligro.
Pero los pensamientos ansiosos no pueden solucionar los peligros que encuentran. Identifican riesgos o incertidumbres y hacen todo lo posible para reducirlos o eliminarlos, pero es como frotarse un ojo irritado: sientes que hay algo en tu ojo, asà que instintivamente lo frotas, pero eso solo introduce más irritantes o mueve lo que ya estaba ahÃ, empeorando la molestia.
Trágicamente, las estrategias de búsqueda de seguridad para lidiar con la ansiedad frente a las decisiones nos dejan con aún más ansiedad.
Dios ha guiado a Su pueblo muchas veces a través del desierto, por valles donde la sombra de la muerte es larga y en tiempos de sufrimiento donde Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. La incertidumbre, el peligro y el riesgo son formas de sufrimiento que nunca resultan agradables. Sin embargo, Él nos ofrece algo mejor que la certeza o la ausencia de riesgos: nos promete estar con nosotros.
Cuando dejamos de obsesionarnos con descifrar cada detalle del plan de Dios, descubrimos algo más: Su paz. Una estabilidad espiritual que permanece en medio de la incertidumbre, la clase de paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). Comenzamos a buscar descanso, calma y confianza que experimentamos en nuestra relación con Dios. Y asÃ, caminamos con esta pequeña luz que Dios nos ha dado, una lámpara para nuestros pies que ilumina apenas unos pasos del camino.
Abrazar la paz no significa buscar la certeza en nuestras decisiones ni esperar que Dios intervenga directamente para tomarlas por nosotros. Tomamos mejores decisiones cuando entendemos que Dios nos ha dado Su presencia, Su paz y Su guÃa en Su Palabra y en la comunidad de Su pueblo. Al final, incluso nuestras fallas y errores pueden ser usados por Dios para nuestro bien y Su gloria (Ro. 8:28).
Este artÃculo es un extracto adaptado del libro Ansiedad frente a las decisiones, publicado por Editorial EBI.

Ansiedad frente a las decisiones
Ansiedad frente a las decisiones te ayudará a ver que Dios te ofrece algo mejor que la certeza y la ausencia de riesgo cuando te enfrentas a decisiones tanto grandes como pequeñas. Él promete estar contigo. Y cuando permitas que el Buen Pastor te guÃe, descubrirás que Él utiliza los momentos de toma de decisiones para hacerte más tranquilo y convertirte en un mejor administrador de las oportunidades que se te presentan.
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