Estudiemos diligentemente el carácter de Dios, para reflejarlo cada vez más y animar a otros a hacer lo mismo.

La importancia de la exégesis bíblica en la consejería

El estudio diligente de la Biblia es indispensable para la práctica de la consejería bíblica. Esta afirmación no debería resultar novedosa ni particularmente reveladora para quienes ejercen este ministerio. Amamos la Biblia y creemos que es esencial para el cuidado del alma; sin embargo, con frecuencia nos acercamos a ella como si fuera simplemente un manual de remedios. No me malinterpreten. Las Escrituras están llenas de remedios para nuestra condición caída y, sobre todo, nos presentan el remedio supremo: Jesucristo, quien es nuestra plena redención. Sin embargo, la Biblia no fue dada para ser utilizada como si fuera un motor de búsqueda en Internet.

Cuando nos enfrentamos a un problema en la sala de consejería, nuestra tendencia es actuar como los amigos de Job y apresurarnos a buscar un remedio para la situación. Buscar una solución no es, en sí mismo, algo malo, ya que la consejería tiene como propósito ayudar a las personas a superar sus dificultades, ¿no es así? Sin embargo, existe un peligro en nuestra exégesis de las Escrituras cuando partimos de la información que hemos recopilado con el único objetivo de encontrar un remedio.

La idea preconcebida que tengamos acerca de los problemas del aconsejado puede distorsionar nuestra interpretación bíblica. En lugar de permitir que el Espíritu Santo ministre por medio de la Palabra de Dios, nuestra exégesis termina siendo guiada por nuestra propia interpretación del problema. Debemos procurar comprender los problemas del aconsejado a la luz de las Escrituras, en lugar de interpretar las Escrituras a la luz de los problemas del aconsejado.

Un ejemplo de ello son los amigos de Job. Ellos intentaron ofrecer una solución a su difícil situación sin conocer la causa de su sufrimiento. Elifaz puso en duda la integridad de Job, insinuando que no temía al Señor. Bildad cuestionó su arrepentimiento y le recordó que Dios castiga a los impíos. Zofar, por su parte, insistió en que el sufrimiento es el destino de los malvados. Como resultado, Job se desanimó y llegó a cuestionar la cercanía de Dios. El problema no fue que los amigos de Job dijeran cosas que, en términos generales, no fueran ciertas; el problema fue que buscaron el remedio antes de comprender la causa (Job 4-25). Al final, Job quedó sin el consuelo de sus amigos y continuó buscando a Dios en medio de su aflicción.

La Biblia proporciona el contexto para comprender el quebrantamiento del ser humano

No solo debemos estudiar las Escrituras para encontrar remedios; también necesitamos comprender el contexto en el que esos remedios son dados. Para entender el quebrantamiento del ser humano, debemos estudiar las Escrituras.

Con frecuencia nos sentimos confundidos acerca de cómo clasificar los problemas del ser humano. Desde una perspectiva cultural, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) es una herramienta que los psicólogos utilizan para clasificar los problemas humanos. En nuestro contexto, es común considerar cualquier indicio de depresión o desesperanza como un inconveniente que debe eliminarse. En parte, pensamos así porque hemos adoptado una idea distorsionada de la felicidad, considerándola un derecho del ser humano o un requisito indispensable para la «salud mental». Por eso, cuando nos encontramos con los síntomas de la depresión, acudimos a las Escrituras en busca de un remedio.

¡Alabado sea el Señor!, porque en las Escrituras hay abundantes remedios para el alma abatida. Sin embargo, debemos tener cuidado de que nuestra búsqueda de un remedio en la Palabra de Dios corresponda realmente a la causa del problema. De lo contrario, corremos el riesgo de hacer un mal uso de las Escrituras, tal como lo hicieron los amigos de Job.

El estudio cuidadoso de las Escrituras también debe ser el fundamento sobre el cual escuchamos e interpretamos los síntomas del aconsejado, para así buscar los remedios apropiados. Debemos escudriñar las Escrituras para comprender las causas de los problemas humanos tal como Dios las revela.

La Biblia presenta una metanarrativa que proporciona el contexto para comprender todo el quebrantamiento del ser humano. A lo largo de las Escrituras encontramos patrones constantes de quebrantamiento que explican por qué las personas viven de manera desordenada. Santiago describe a la persona de «doble ánimo» como alguien «inconstante en todos sus caminos» (Stg. 1:8). El desorden es consecuencia tanto del pecado como del sufrimiento producido por la maldición. Nuestra exégesis de las Escrituras debe tomar en cuenta la explicación que Dios da acerca de las causas del quebrantamiento humano, para que podamos llegar con seguridad a las conclusiones correctas respecto de los remedios bíblicos. Sin embargo, debemos tener presente una advertencia importante: nuestra comprensión del quebrantamiento humano será incompleta si no entendemos primero cuál es el patrón normal del funcionamiento del ser humano. Los sistemas de consejería del mundo tienen grandes dificultades para definir qué es lo «normal». Como cristianos, en cambio, contamos con un estándar de normalidad al cual podemos aferrarnos para comprender correctamente nuestro quebrantamiento y orientar nuestra búsqueda de restauración.

Cristo es nuestro modelo de humanidad

¿Qué hace que Jesús sea el verdadero modelo de humanidad? Jesús es «la imagen del Dios invisible» (Col. 1:15). Él refleja la gloria del Padre. La función normal del ser humano, tal como fue creado por Dios, es reflejar Su gloria. Fuimos creados a imagen de Dios y, por lo tanto, vivir conforme al diseño para el cual fuimos creados significa reflejar el carácter y la naturaleza de Dios. La meta de la santificación progresiva es ser conformados a la imagen de Cristo (Ro. 8:29; Col. 1:28). La santificación progresiva comienza con Cristo, la Palabra viva, quien constituye el patrón con el que medimos nuestro propio quebrantamiento.

En segundo lugar, estudiamos las Escrituras, la Palabra escrita, para conocer el carácter de Dios. Por eso, en Cristo «están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento». Cuando el ser humano evalúa su condición desde la perspectiva del mundo, es como si se mirara en un espejo roto. En cambio, cuando el carácter de Dios se levanta como un espejo delante de nosotros, el corazón humano queda al descubierto en su verdadero contexto. Solo entonces el quebrantamiento adquiere su verdadero significado y se encuentra el remedio adecuado para las deficiencias humanas. Esas deficiencias no son, en esencia, externas, sino un quebrantamiento interior que impide reflejar el carácter de Dios al mundo.

Como lo demuestra la vida de Job, el carácter de Dios no se manifiesta únicamente en tiempos felices ni en circunstancias favorables. Según las palabras de Jesús, el carácter de Dios puede reflejarse aun en medio de la adversidad. Él dijo: «Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo» (Jn. 16:33).

Por esta razón, nuestra consejería debe comenzar y terminar con nuestro Señor. Nuestra exégesis de las Escrituras debe comenzar por comprender el carácter de Dios, porque el diseño con el que fue creado el ser humano exige que refleje la imagen de Dios. Cuando ese reflejo se distorsiona, es señal de que existe un desorden en nuestro ser interior. Ese desorden, por lo general, es consecuencia del pecado, aunque también puede originarse en una comprensión equivocada de nuestro sufrimiento. Esto crea un terreno fértil para el pecado e impide reflejar correctamente el carácter de Dios.

Al menos uno de los errores de los amigos de Job fue comenzar con el contexto del quebrantamiento humano para buscar un remedio. En cambio, debieron haber comenzado con el carácter de Dios, a fin de dar contexto y significado al sufrimiento de aquel siervo y así ofrecer un remedio suficiente para sus problemas. Vemos el carácter de Dios revelado con la mayor claridad en Cristo Jesús (He. 1:1-5) y en Su Palabra (Éx. 20:3-21).

Como consejeros, debemos ser diligentes en el estudio de las Escrituras, no solo para encontrar remedios y comprender las causas de los problemas humanos, sino, sobre todo, para conocer el carácter de Dios. Por eso nos esforzamos en presentar a cada persona completa en Cristo, porque reflejar la gloria de Dios es vivir conforme al diseño que nuestro Creador estableció para nosotros.

Este artículo fue publicado originalmente en Association of Certified Biblical Counselors.

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