Casi todo el que ha pisado una iglesia puede decir de memoria que el evangelio son las buenas noticias de Jesús. Lo difícil viene después: explicar qué noticia exactamente, por qué era necesaria una cruz, y qué tiene que ver eso con el lunes por la mañana.

Aquí reunimos lo que hemos publicado sobre el evangelio: más de cuarenta artículos de pastores, profesores y consejeros, ordenados como se aprende el tema. Primero qué es y qué no es. Luego la cruz y la resurrección, que son el corazón del anuncio. Después cómo se recibe. Y al final lo que casi nunca se enseña: que el evangelio no es solo la puerta por donde se entra, es el piso sobre el que se camina toda la vida cristiana.

Qué es el evangelio, y qué no lo es

El evangelio no es un consejo, es un anuncio. No dice «haz esto y Dios te aceptará», sino «Dios hizo esto, y por eso puedes ser aceptado». Esa diferencia de orden es todo: cuando se invierte, nace otro evangelio que se parece al verdadero pero no salva.

Pablo lo dejó dicho sin rodeos: «Porque os he transmitido en primer lugar lo que también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día» (1 Co. 15:3-4). Hechos, no sugerencias.

La cruz: por qué Cristo tenía que morir

Aquí es donde el evangelio deja de ser bonito y se vuelve serio. Si Dios simplemente pudiera pasar por alto el pecado, la cruz sería un exceso incomprensible. La cruz existe porque Dios es justo y no puede declarar inocente al culpable sin más, y porque decidió amar a los culpables de todos modos.

No fue un accidente ni un plan de emergencia. El Antiguo Testamento entero lo venía anunciando en sus sacrificios, y cuando Cristo dijo «Consumado es», estaba declarando terminada una obra que llevaba siglos anunciándose.

La resurrección: el evangelio no termina en la tumba

Un Cristo muerto que perdona pecados sería, en el mejor de los casos, un mártir admirable. Pablo fue más lejos: sin resurrección, la fe cristiana no es incompleta, es inútil. «Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1 Co. 15:14).

Por eso la resurrección es también el punto donde más se ataca al cristianismo, y donde más tranquilamente se puede responder. Aquí están los artículos que explican qué fue lo que pasó, y los que contestan las objeciones más comunes.

Cómo se recibe: fe, arrepentimiento y nuevo nacimiento

Si el evangelio es un regalo, la pregunta obvia es cómo se recibe. Y ahí aparecen dos confusiones frecuentes: creer que basta con estar de acuerdo intelectualmente, o creer que hay que ganárselo con un cambio de vida previo.

La Biblia habla de fe y arrepentimiento como dos caras del mismo giro: dejar de confiar en uno mismo y confiar en Cristo. Y llama a lo que ocurre entonces «nacer de nuevo», porque no es una mejora, es una vida nueva.

El evangelio no es solo la puerta, es el piso

Este es el punto que más falta hace. Muchos cristianos tratan el evangelio como el examen de admisión: se aprueba una vez y luego se pasa a otros temas, los «de crecimiento». Pero el Nuevo Testamento predica el evangelio a los que ya creen, una y otra vez.

La razón es práctica. El enojo, la inseguridad, la necesidad de aprobación y el juzgar a los demás casi nunca se curan con más fuerza de voluntad: se curan cuando uno vuelve a creer de verdad lo que el evangelio dice de él. De ahí la disciplina de predicárselo a uno mismo todos los días.

Anunciarlo sin miedo

Lo último que hace un cristiano con el evangelio es guardárselo. Y el obstáculo casi nunca es la falta de argumentos: es el miedo a quedar mal, a no saber responder, a sonar fanático.

Por dónde empezar

Si nunca has leído nada de esto, empieza por El mensaje es el mismo. Si llevas años en la iglesia y el evangelio se te volvió información vieja, empieza por ¿Por qué necesitas predicarte el evangelio cada día?. Y si lo que tienes son dudas honestas sobre si esto de verdad ocurrió, empieza por ¿Es la resurrección una leyenda tardía?.


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