Tarde o temprano alguien se sienta frente a ti y te cuenta algo que no sabes cómo contestar. Un matrimonio que se está cayendo, un hijo que se fue, una ansiedad que no se va con versículos sueltos. Y ahí uno descubre que querer ayudar no es lo mismo que saber ayudar.

Aquí reunimos lo que hemos publicado sobre consejería bíblica: cerca de cincuenta artículos de consejeros y pastores con años de práctica. No es un curso, pero está ordenado como se aprende el oficio: primero qué hace que una consejería sea realmente bíblica, luego el corazón, después el trato con la persona, y al final los casos concretos que más aparecen.

Qué hace bíblica a la consejería

No basta con citar la Biblia. Una consejería puede estar llena de versículos y seguir siendo psicología con barniz cristiano, y puede tener pocos versículos y ser profundamente bíblica. La diferencia está en de dónde saca su diagnóstico del ser humano y cuál es su meta.

La meta, además, no es que la persona se sienta mejor. Es que Dios sea glorificado en su vida, y eso a menudo pasa por el camino largo. «Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien» (Ro. 8:28).

El corazón, no solo la conducta

Casi todo problema que llega a consejería se puede tratar de dos maneras: cambiando lo que la persona hace, o buscando qué está adorando. Lo primero da resultados rápidos y frágiles. Lo segundo tarda y dura.

Por eso los consejeros bíblicos hablan tanto de ídolos del corazón: no de estatuas, sino de esas cosas buenas que se volvieron indispensables. Aunque conviene decirlo con cuidado, porque tampoco todo es idolatría.

El oficio: cómo se acompaña a una persona

Aquí están las cosas que no se aprenden en un libro de doctrina: cuándo hablar y cuándo callarse, cómo empezar con alguien que llega por primera vez, qué hacer cuando deja de venir, y cómo no convertirse uno mismo en el salvador de nadie.

Casos que llegan una y otra vez

Ansiedad y ataques de pánico, traición, envidia, adicciones, adulterio, un hijo con atracción hacia el mismo sexo, una familia con autismo. Estos son los artículos que tratan casos concretos, escritos por gente que ya los ha acompañado.

Lo que hay que evitar

Hay consejería que hace daño con buenas intenciones: la que promete que Dios siempre va a sanar y a prosperar, la que aconseja sin abrir la Biblia, y la que le da a la persona permiso para quedarse en su enojo.

Para la iglesia: formar consejeros

Ninguna iglesia crece sana si toda la consejería depende del pastor. Estos artículos son para quien quiere formar a otros y repartir la carga.

Por dónde empezar

Si estás empezando, lee Lo «bíblico» en la consejería bíblica y luego El antídoto para los ídolos del corazón. Si ya aconsejas y sientes que te estancas, ve directo a Cuando las palabras pueden esperar. Y si lo que buscas es ayuda para ti, no para otro, aquí tienes las guías completas de ansiedad, miedo y depresión, matrimonio y crianza.


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