En el corazón de todo sistema de consejería existe un fundamento. Para comprender a las personas, interpretar sus problemas y ofrecer soluciones, es necesario contar con una fuente de autoridad. Esta puede reconocerse explícitamente o no. La pregunta decisiva no es si tenemos una autoridad, sino en cuál autoridad confiamos.
A lo largo de la historia de la consejería bíblica, esta se ha distinguido por la claridad con la que responde a esa pregunta. Creemos que Dios ha hablado y, puesto que Él ha hablado, Su Palabra es la autoridad suprema para comprender y afrontar las luchas del alma. En la consejería bíblica, la confianza no descansa en la sabiduría humana, en las corrientes terapéuticas, en la experiencia personal ni en el consenso cultural. Su fundamento radica en la convicción de que las Escrituras son inerrantes, infalibles, suficientes y autoritativas.
Si se elimina cualquiera de estos pilares, toda la estructura comienza a debilitarse. ¿Cómo podríamos confiar en el consejo de las Escrituras si contuvieran errores? ¿Cómo podríamos descansar en sus promesas si fueran capaces de fallar? Si las Escrituras fueran insuficientes, ¿dónde encontraríamos aquello que Dios hubiera omitido revelar? ¿Y por qué alguien habría de someterse a sus mandatos si carecieran de autoridad?
Las Escrituras ofrecen una de las respuestas más claras a esta pregunta en el Salmo 119. El capítulo más extenso de la Biblia es mucho más que una celebración de la Palabra de Dios; es un testimonio de que la Palabra de Dios es suficiente para toda circunstancia y para cada etapa de la vida.
La Palabra de Dios es verdadera porque Dios es verdadero
La suficiencia de las Escrituras comienza con el carácter de Dios. No creemos que las Escrituras sean dignas de confianza porque la iglesia así lo afirme. Las Escrituras son dignas de confianza porque proceden de un Dios que no puede mentir.
El salmista relaciona una y otra vez la veracidad de la Palabra de Dios con la veracidad del carácter de Dios. Declara: «Para siempre, oh Señor, Tu palabra está firme en los cielos» (Sal. 119:89). Más adelante escribe: «Tu justicia es justicia eterna, y Tu ley verdad» (Sal. 119:142). Finalmente concluye: «La suma de Tu palabra es verdad» (Sal. 119:160).
Estos versículos nos recuerdan que la inerrancia y la infalibilidad de las Escrituras no son conceptos teológicos abstractos reservados para las aulas de un seminario. Son realidades prácticas que impactan el ministerio en el día a día. Tanto los consejeros como sus aconsejados deben tener la certeza de que, cuando Dios habla, habla con verdad. A lo largo de la historia, la Palabra de Dios nunca ha extraviado a nadie, nunca ha engañado y jamás ha dejado de cumplir el propósito para el cual fue dada.
Un consejero que duda de la confiabilidad de las Escrituras tarde o temprano terminará sustituyéndolas por otra autoridad. Del mismo modo, un aconsejado que duda de la confiabilidad de la Palabra de Dios acabará buscando esperanza en otro lugar. La batalla por mantener la confianza en la consejería comienza con una firme confianza en la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios es suficiente para transformarnos
Uno de los temas que más se repite a lo largo del Salmo 119 es el poder transformador de las Escrituras.
El salmista pregunta: «¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?». La respuesta no se encuentra en técnicas de autoayuda, en el pensamiento positivo ni en una mayor confianza en sí mismo. La respuesta se encuentra en someterse a la revelación de Dios. Luego añade: «En mi corazón he atesorado Tu palabra, para no pecar contra Ti» (Sal. 119:9, 11).
Es importante observar dónde pone el salmista su confianza. En lugar de mirar hacia su interior, dirige su mirada hacia Dios. Es evidente que no confía en el potencial humano; confía en la revelación divina.
Es precisamente en este punto donde la consejería bíblica suele diferenciarse de manera más marcada de otros enfoques. La mayoría de los sistemas de consejería parten de la premisa de que las personas necesitan un mayor conocimiento de sí mismas, una mejor aceptación de sí mismas o una autoestima más elevada. Las Escrituras, en cambio, parten de un fundamento completamente distinto. Según enseña la Palabra de Dios, el cambio verdadero y duradero solo es posible cuando una persona conoce a Dios, cree Su verdad y se somete a Su Palabra.
Cuando alguien lucha con el enojo, el temor, la lujuria, la ansiedad, la amargura, el desánimo, el orgullo o la desesperanza, la Palabra de Dios habla directamente a esas situaciones. La Biblia hace mucho más que identificar los síntomas; la santa Palabra de Dios llega hasta el corazón y lo confronta.
La Palabra de Dios es suficiente para guiarnos
Muchos creyentes se acercan a las Escrituras esperando encontrar un plano detallado para los próximos veinte años de su vida. Sin embargo, Dios suele ofrecer algo diferente.
«Lámpara es a mis pies Tu palabra, y luz para mi camino» (Sal. 119:105).
Una lámpara ilumina el siguiente paso; no revela todo el trayecto.
El salmista comprendía que la Palabra de Dios le proporcionaba la sabiduría necesaria para obedecer fielmente hoy. Es posible que las Escrituras no respondan todas las preguntas que quisiéramos hacer, pero sí responden todas las que necesitamos para caminar en fidelidad delante de Dios.
Esta verdad tiene profundas implicaciones para el ministerio de la consejería. Ya sea que estemos ayudando a alguien a enfrentar conflictos matrimoniales, desafíos en la crianza de los hijos, sufrimiento, duelo, temor o decisiones importantes de la vida, la tarea del consejero no consiste en ofrecer opiniones personales ni especulaciones. Su responsabilidad es ayudar a las personas a comprender la sabiduría de Dios y a ponerla en práctica.
La Biblia quizá no nos diga qué empleo debemos aceptar o en qué vecindario debemos vivir, pero sí nos proporciona la sabiduría, las prioridades, las convicciones y los principios necesarios para tomar esas decisiones de una manera que honre a Dios.
La Palabra de Dios es suficiente para aconsejar el alma
Una de las afirmaciones más extraordinarias del Salmo 119 se encuentra en el versículo 24: «También Tus testimonios son mi deleite; ellos son mis consejeros» (Sal. 119:24).
El salmista veía la Palabra de Dios como su consejera.
Es importante señalar que esto no elimina la necesidad de pastores, discipuladores, consejeros o amigos sabios. Más bien, define cuál es su función. Ningún consejero humano posee, por sí mismo, la sabiduría necesaria para transformar el corazón de una persona. Para que un consejo sea verdaderamente útil, debe tener, en última instancia, su origen en la verdad de Dios.
La confianza del consejero nunca debe descansar en su propia perspicacia o experiencia. Su confianza radica en que Dios ya ha hablado.
Tanto los consejeros como los aconsejados se benefician de esta perspectiva, porque evita una dependencia malsana de las personas. El propósito de la consejería bíblica no es hacer que las personas dependan de su consejero, sino ayudarles a crecer en su dependencia de Cristo por medio de Su Palabra.
La Palabra de Dios es suficiente porque Dios es suficiente
En el fondo, el debate sobre la suficiencia de las Escrituras es, en realidad, un debate sobre la suficiencia de Dios.
Si Dios es infinitamente sabio, entonces Su sabiduría es suficiente. Si Dios todo lo sabe, entonces Su revelación es suficiente. Si Dios es fiel, entonces Sus promesas son suficientes. Si Dios es soberano, entonces Su Palabra posee autoridad absoluta.
El salmista vuelve una y otra vez a Dios porque comprende que la Palabra de Dios refleja el carácter de Dios. Acude a las Escrituras en busca de sabiduría, consuelo, dirección, esperanza, corrección, fortaleza y perseverancia, porque sabe que, en última instancia, al acudir a la Palabra está acudiendo a Dios mismo.
La consejería bíblica se sostiene o se derrumba sobre esta convicción. No afirmamos que las Escrituras contengan todos los datos acerca de cada tema imaginable. Lo que afirmamos es que las Escrituras nos proporcionan todo lo necesario para conocer a Dios, comprender quiénes somos, atender los problemas del corazón y vivir fielmente delante de Él.
Esa no es una afirmación menor. Es una verdad gloriosa.
Conclusión
Aunque el Salmo 119 no utiliza la expresión «la suficiencia de las Escrituras», demuestra esa verdad en prácticamente cada uno de sus versículos. El salmista vuelve una y otra vez a la Palabra de Dios porque está convencido de que es digna de confianza, autoritativa y suficiente.
Es indispensable que la consejería bíblica continúe firme en el mismo fundamento sobre el que siempre ha descansado, aun en una cultura saturada de voces que compiten por nuestra atención. Nuestra confianza no está puesta en la creatividad de los consejeros, en la sabiduría de los especialistas ni en las corrientes del momento. Nuestra confianza está en el Dios que ha hablado.
Podemos confiar en las Escrituras porque son inerrantes.
Podemos descansar en las Escrituras porque son infalibles.
Podemos acudir a las Escrituras porque son suficientes.
Debemos someternos a las Escrituras porque son autoritativas.
La pregunta que enfrenta todo consejero y todo aconsejado no es si Dios ha hablado. La verdadera pregunta es si creeremos que lo que Él ha dicho es suficiente.
Preguntas para la reflexión
Para los consejeros
- ¿De qué maneras te sientes tentado a depender más de tu propia sabiduría que de la sabiduría bíblica al ayudar a otras personas?
- ¿Cómo influye tu convicción acerca de la inerrancia, la infalibilidad, la suficiencia y la autoridad de las Escrituras en la manera en que ejerces tu ministerio de consejería?
- ¿Estás ayudando a tus aconsejados a depender cada vez más de la Palabra de Dios o de ti mismo?
Para los aconsejados
- Cuando enfrentas dificultades, ¿a dónde acudes instintivamente en busca de dirección y esperanza?
- ¿Qué situación que estás viviendo actualmente sería diferente si creyeras plenamente que la Palabra de Dios es suficiente para responder a tus necesidades espirituales?
- ¿Qué verdad del Salmo 119 te anima más a confiar con mayor profundidad en la Palabra de Dios durante esta semana?
Este artículo fue publicado originalmente en Biblical Counseling Coalition.
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Teología de la consejería bíblica
Heath Lambert recorre las convicciones doctrinales que sostienen la consejería bíblica y muestra cómo cada una toca los problemas del día a día.
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