Devan estaba ansioso por que terminara el fin de semana. Durante esos días, no había dejado de pensar en Sadie y esperaba con impaciencia regresar al trabajo para volver a verla. Sadie había comenzado a trabajar en la misma oficina que Devan apenas tres semanas atrás, pero desde el principio se habían llevado muy bien. Durante las reuniones de equipo, Sadie había mostrado un gran interés en las ideas de Devan para mejorar el servicio que ofrecían. Incluso se le había acercado después de una reunión para decirle cuánto le habían gustado sus propuestas. Decidieron almorzar juntos al día siguiente para seguir conversando sobre ellas. Durante el almuerzo, descubrieron que tenían muchas cosas en común y que Sadie comprendía muy bien el sentido del humor de Devan. Para finales de la semana anterior, ya almorzaban juntos todos los días. A Devan le resultaba muy fácil conversar con ella, y poco a poco comenzó a compartir aspectos muy personales de su vida. Le habló de sentimientos y pensamientos que nunca había compartido con nadie, ni siquiera con su esposa.

Si no hubieras leído el título de este artículo, la introducción habría sonado como el comienzo de una hermosa historia de amor, hasta la última frase. Hasta que nos damos cuenta de que Devan está casado. Lo que empezó sonando como el comienzo de una historia de amor empieza a sonar más como el comienzo de un problema. Pero eso levanta algunas preguntas importantes: ¿dónde están los límites entre lo apropiado y lo inapropiado para dos personas que no están casadas entre sí? ¿La única forma de infidelidad es la sexual?

Empecemos por decir lo que resulta obvio para la mayoría de los cristianos. El pecado comienza mucho antes de la acción física. Jesús lo deja muy claro en Mateo 5:27-30, cuando dice que el que «mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón» (v. 28). Ese versículo, los que lo rodean y muchos otros pasajes de la Escritura nos muestran que podemos cometer pecados atroces en el corazón aunque nunca actuemos conforme a esos deseos.

Pero ¿este pasaje habla de la situación que acabamos de contar, o del tema de este artículo? Algunos dirían que Jesús se refiere claramente a un hombre que mira a una mujer con deseo sexual, no a uno que tiene una fuerte conexión emocional con una mujer.

Tipos de intimidad

Los seres humanos vivimos las relaciones con todo nuestro ser, cuerpo y alma. Nos conectamos con las personas en lo intelectual. Compartimos intereses comunes. Hablamos de libros, de pasatiempos, de programas de televisión, del clima. Compartimos ideas.

También nos conectamos con las personas en lo emocional. Un sentido del humor compartido acerca a las personas. La compasión (el sufrir juntos) une a las personas cuando lloramos «con los que lloran» (Ro. 12:15). Incluso nos une un odio compartido: a veces hacia un equipo rival, otras veces hacia el mal y la injusticia.

Los deseos y las metas que compartimos también unen a las personas: el gusto por el helado, juntar fondos para una causa, la pasión por las artes.

Nuestras relaciones también crecen por el contacto físico. Un apretón de manos, un abrazo, una palmada en la espalda. Son maneras de saludarnos y de expresar cuidado y amor. A veces una mano en el hombro es lo que necesitamos para salir adelante en un momento difícil. Abrazar por el cuello a tu mejor amigo, en broma, le hace saber que te importa y que no te molesta estar cerca de él.

Esta es apenas una pequeña muestra de la variedad de maneras en que desarrollamos intimidad en nuestras relaciones.

Grados de intimidad

Cada una de las categorías de intimidad que acabamos de mencionar se manifiesta en distintos grados.

En cuanto a la intimidad intelectual, compartes tus pensamientos y tus creencias más profundos con las personas más cercanas a ti, pero no tanto con un completo desconocido.

Compartimos nuestros pensamientos, deseos y emociones más profundos con quienes están más cerca de nosotros. Proverbios 16:28 señala esa realidad, y también el daño que puede causar alguien cercano cuando revela algo que creíamos confidencial. Del «chismoso», aquel que traiciona la confianza de los demás, se dice que «separa a los mejores amigos».

La intimidad física también tiene grados. Esos grados dependen de la cultura y de las preferencias personales, pero siempre hay una progresión de menor a mayor intimidad, dependiendo de la cercanía que tengamos con la otra persona. A alguien que acabamos de conocer tal vez solo lo saludemos con la mano, o le demos un apretón de manos. En algunas culturas se intercambian «besos» en la mejilla con personas que se acaban de conocer. En muchas culturas los amigos van de la mano, mientras que otras culturas reservan ese gesto para la familia directa o para la pareja. El abrazo tiene sus propios grados de intimidad, incluidas la posición del cuerpo y la duración, que cambian según el grado de la relación. Con el beso pasa algo parecido. La intimidad física más íntima y exclusiva es el contacto sexual, que en el plan de Dios está reservado para el esposo y la esposa dentro de la más exclusiva e íntima de las relaciones: la unión matrimonial establecida mediante un pacto (He. 13:4; 1 Co. 6:9; 1 Ts. 4:3-7).

Intimidad apropiada e inapropiada

El terreno físico nos da la ilustración más clara de cómo los grados de intimidad pueden pasar de apropiados a inapropiados. Según tus preferencias personales y tu formación cultural, quizá te incomodó un poco leer el párrafo anterior. Para algunos de nosotros, los «besos» en la mejilla, o la amenaza de recibirlos, bastan para no querer visitar ciertos países. Tal vez el abrazo es algo que solo le das a tu cónyuge, y la idea de abrazar a cualquier otra persona te revuelve el estómago. Esas reacciones internas son señal de incomodidad ante algo que vemos como demasiado íntimo.

Vengas de la cultura que vengas, todas las culturas reconocen que hay líneas que separan la intimidad física apropiada de la inapropiada. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio son la forma más evidente de intimidad física inapropiada. Jamás diríamos que esa es la única marca que divide lo apropiado de lo inapropiado, pero ¿dónde están esas famosas «líneas»?

Con las demás formas de intimidad parece todavía más difícil descifrar los límites entre lo apropiado y lo inapropiado. A veces los cristianos excusan o justifican una intimidad emocional profunda con alguien que no es su cónyuge, porque se nos llama a amar a nuestro prójimo, a llevar las cargas de los demás, a llorar con los que lloran y a ser compasivos y cuidadosos con todos.

Discernimiento, más que líneas divisorias

En lugar de tratar de trazar la línea divisoria entre cada actividad apropiada y cada actividad inapropiada, deberíamos crecer en discernimiento. Un corazón formado por la sabiduría de Dios y sensible a Su Espíritu nos va a servir mucho mejor que una lista de permisos y prohibiciones. Como ya dijimos, lo que ocurre en el corazón importa mucho más que la conducta externa. Alguien puede quedarse dentro de los límites técnicos mientras su corazón sigue lejos de Dios.

Estas son algunas preguntas que deberíamos hacernos, y hacerles a quienes aconsejamos, para discernir si la relación ya cruzó al adulterio emocional:

Al pensar en tu cónyuge o en esa otra persona:

  • ¿Quién te produce los sentimientos de alegría y felicidad más intensos y frecuentes? ¿Y las de enojo y tristeza?
  • ¿En quién piensas con mayor frecuencia?
  • ¿A quién te emociona más contarle tus logros?
  • ¿A quién deseas acudir principalmente para que te ayude a sobrellevar tus tristezas?

Lo que sabe tu cónyuge:

  • ¿Tu cónyuge sabe todo lo que has compartido con esta otra persona? Si es así, ¿está cómodo con ello?
  • ¿Te sentirías cómodo con la manera en que tratas a esa persona si tu cónyuge estuviera mirando? ¿Cambiaría tu conducta si tu cónyuge estuviera presente?
  • ¿Le escondes a tu cónyuge lo que hablas con esa persona?
  • Si tu cónyuge supiera cómo es tu relación con esa persona, ¿tendría motivos justificados para sentir celos?

¿La relación evita toda apariencia de mal?

  • Si un desconocido los viera convivir, ¿pensaría que tienen una relación romántica?
  • Si tienes hijos, ¿te sentirías cómodo si ellos vieran cómo se tratan?

Uno de los indicadores clave de la infidelidad, ya sea emocional o física, es que el grado de intimidad que debería reservarse exclusivamente para el cónyuge se ha trasladado a la relación con otra persona. Tal vez esto haya ocurrido porque el cónyuge ha estado ausente o descuidado en algunas áreas de la intimidad. Quizá no esté disponible emocional, intelectual o físicamente. Sea cual sea la razón, sustituir la intimidad apropiada por la inapropiada nunca es la respuesta correcta.

Respuestas correctas

¿Significa esto que los hombres y las mujeres no pueden ser amigos, ni siquiera buenos amigos? ¡De ninguna manera! Los hombres y las mujeres no solo pueden ser amigos: ¡debemos serlo! El abuso de algo no debe desacreditar su uso correcto. Que algunas relaciones entre hombres y mujeres crucen las líneas de la intimidad apropiada no significa que haya que evitarlas a toda costa.

Los hombres y las mujeres cristianos necesitamos recordar que, antes que nada, somos hermanos y hermanas en Cristo. Somos familia. Pablo le indica a Timoteo que trate a las jóvenes como a hermanas, «con toda pureza» (1 Ti. 5:2). No debemos relacionarnos románticamente con nuestras hermanas, pero tampoco debemos ignorarlas. Debemos preocuparnos por ellas y tratarlas con los grados apropiados de intimidad de toda clase: intelectual, emocional y física.

Para relacionarnos correctamente con los demás, evitando la intimidad inapropiada y cultivando la que sí es adecuada, debemos acercarnos al Señor, fortalecer nuestra relación con nuestro cónyuge y cultivar amistades en las que ambos participemos.

Acercarnos al Señor siempre nos dará mayor discernimiento y mayor deseo de hacer lo correcto.

Si estás casado, deberías procurar acercarte con regularidad hacia tu cónyuge. Tengas o no una buena relación, esto siempre va a costar trabajo. Quienes tienen matrimonios difíciles tendrán que superar obstáculos mayores, pero Dios puede dar la fuerza para superarlos. Si ya estás en una relación que se ha vuelto inapropiadamente íntima en algún grado, acercarte hacia tu cónyuge incluye alejarte de la otra persona, y es posible que incluso tengas que terminar todo contacto.

Cultivar amistades en las que ambos cónyuges participen brinda oportunidades para que los hermanos y hermanas en Cristo disfruten de la comunión unos con otros y desarrollen amistades genuinas. Involucrar a tu cónyuge en estas relaciones fomenta la rendición de cuentas y expresa respeto, amor y cuidado mutuos. Estas amistades crean un entorno propicio para desarrollar relaciones profundas, enriquecedoras y duraderas dentro de la familia de Dios.

Conclusión

La relación de Devan y Sadie se ha vuelto inapropiadamente íntima sin haberse vuelto física. Una respuesta correcta sería que Devan diera primero un paso hacia el Señor. Debería confesarle al Señor su cercanía inapropiada con Sadie y pedirle fuerzas para moverse hacia su esposa con una confesión honesta. A Devan le haría bien hacer esto con consejeros bíblicos de su iglesia, que puedan acompañarlos en las conversaciones difíciles que vienen. Esta franqueza y esta honestidad, en las manos de Dios, pueden fortalecer el matrimonio de Devan. Después, juntos, Devan y su esposa podrán hablar de qué hacer respecto a Sadie.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué papel juega la condición del corazón a la hora de determinar si una relación es apropiada?
  2. ¿Cómo cambia nuestra manera de pensar sobre la intimidad y la amistad el hecho de ver a los demás creyentes como hermanos y hermanas en Cristo?
  3. ¿De qué maneras puede un matrimonio cultivar a propósito la intimidad emocional, intelectual, espiritual y física entre los dos?

Este artículo fue publicado originalmente en Biblical Counseling Coalition.

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