Dios hizo a los seres humanos a Su propia imagen para que fueran similares a Él y para que mostrasen Su carácter y Su obra en el mundo. Cuando Dios hizo a la humanidad, lo primero que dijo fue que los seres humanos debían ser hechos a la imagen de Dios: «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gn. 1:26). Esto no se cumple con ninguna de las otras criaturas que Dios hizo. Dios hizo a los animales cada uno según su especie (Gn. 1:24-25).
Dios hizo al hombre a Su propia imagen. El interés de los cristianos ha sido conocer el significado de estar hechos a imagen de Dios. Ningún pasaje de las Escrituras dice explícitamente cuál es la imagen de Dios, por lo que debemos construir nuestra comprensión a partir de varios pasajes. Examinaremos tres formas en que los seres humanos manifiestan la imagen de Dios, representándolo de manera única en el mundo.1
Quiénes somos
A lo largo de la historia, muchos han entendido que la imagen de Dios en los seres humanos tiene que ver con algún elemento esencial de lo que significa ser humano.2 Hay algunos ejemplos que podemos analizar. Primero, los seres humanos, a diferencia de cualquier otra criatura, pueden participar en razonamientos complejos. Podemos planificar un presupuesto, decidir con quién queremos casarnos, diseñar y construir un hospital y establecer objetivos de vida a largo plazo. Ninguna otra criatura tiene la capacidad de razonar de una manera tan profunda y compleja. Otras criaturas tienen la capacidad de ver, escuchar y pensar, pero no de la manera sofisticada en la que lo hacemos nosotros. Cuando miro estas palabras en la computadora mientras escribo, veo algo muy diferente de lo que ve mi perro, Simeón, que también acaba de mirar hacia la pantalla. Dios es un ser racional con una habilidad increíblemente compleja para pensar de manera lógica y cuidadosa. Nuestra capacidad de razonar palidece en comparación con la de Dios. Ser hecho a imagen de Dios no significa que seamos idénticos a Dios. Significa que somos como Él y representamos Su naturaleza al mundo. Hacemos esto a través de nuestras habilidades cognitivas.
Otra forma en que vemos la imagen de Dios en quienes somos es en nuestra vida moral como seres humanos. Los seres humanos son inalterablemente morales. Toda persona que vive o ha vivido alguna vez tiene un sentido básico de lo correcto y lo incorrecto (Ro. 2:12-16). Ha habido una notable superposición en este código moral a lo largo de la historia humana y en todas las culturas humanas. La mentira, el robo y la inmoralidad sexual, por nombrar solo algunos, son temas comunes de moralidad entre prácticamente todas las personas. Esto es cierto incluso entre los grupos cuya existencia parece estar basada en violaciones de estos códigos morales. C. S. Lewis pone a los piratas como ejemplo. Los piratas parecen ser una excepción porque no parecen creer que es malo mentir y robar. De hecho, su existencia depende de estas actividades. Lewis señaló, sin embargo, que si intentas robarle a un pirata, descubrirás rápidamente que él piensa que robar está mal.3
Los seres humanos son criaturas inalterablemente morales. Este rasgo separa a los seres humanos de la hierba y los lobos, por ejemplo, pero hace que los humanos sean similares a Dios, que es, por supuesto, un ser moral. Como Dios es la fuente de toda moralidad, y como somos pecadores, la moralidad de Dios es muy superior a la nuestra. Ser hecho a la imagen de Dios no requiere que seamos exactamente como Dios, solo que nos parezcamos a Él lo suficiente como para representar quién es Él en el mundo que ha creado. Un elemento de la imagen divina en la humanidad consiste en quiénes somos como seres humanos.
Las relaciones que tenemos
Otra forma en la que la humanidad es similar a Dios y lo representa en el mundo es a través de nuestras relaciones.4 Vemos estas relaciones en la enseñanza de Jesús en el primero y segundo gran mandamiento.
Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mt. 22:35-40)
Las palabras de Jesús en este texto son mandamientos para las relaciones que nunca se han dado a ningún otro ser en el mundo natural. Estos mandamientos muestran dos formas en las que somos diferentes de cualquier otra cosa creada. Como seres humanos, reflejamos la imagen de Dios cuando conocemos y amamos a Dios. Ningún animal o árbol puede hacer esto. Quizás los conejos saben que Dios existe. Realmente no lo sé. Incluso si lo hacen, nunca han construido una catedral o escrito un himno. Cuando los seres humanos se relacionan con Dios, hacen algo que solo los portadores de la imagen de Dios pueden hacer.
Los seres humanos reflejan a Dios cuando conocen y aman a otras personas. Esto no es posible para otras criaturas, aunque parezca serlo. Piense de nuevo en mi perro, Simeón. Simeón es un spaniel bretón y una mascota encantadora. Tenemos unos buenos amigos que también tienen una spaniel que se llama Mónica. Simeón siempre está muy feliz cuando está cerca de Mónica. Corren y juegan durante horas. Pero por mucho que Simeón disfrute estar con Mónica, él nunca le ha escrito un poema de amor ni celebra el aniversario de su primer encuentro. Aunque los animales pueden tener cierta camaradería, nunca conocerán la profundidad de la relación que los seres humanos experimentamos cuando vivimos juntos. Esta es una experiencia que es solo humana, nos separa de los animales y nos hace como Dios, quien disfruta de una relación perfecta con cada persona de la Trinidad.
Lo que hacemos
Una última forma en que la humanidad es como Dios y lo representa a Él tiene que ver con las cosas que hacemos en el mundo.5 La principal forma en la que vemos esto es en el hecho de que la humanidad tiene dominio sobre toda la creación.
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (Gn. 1:26)
Inmediatamente después de que se revela el consejo divino de que Dios hizo al hombre a Su imagen, se nos dice que el hombre tiene dominio sobre los otros elementos de la creación. A este dominio a menudo se le ha conocido como el mandato de creación. Puede tratarse de la categoría más textualmente obvia de nuestras tres categorías: a la humanidad se le da dominio en el mismo momento en que Dios expresa Su intención de hacer al hombre a Su imagen divina.6
Los seres humanos demuestran este elemento de la imagen de Dios cada vez que ejercen su mayordomía en el mundo. Cuando construimos un rascacielos, alimentamos a nuestro perro, cortamos el césped del vecino, pavimentamos una carretera o cuidamos la naturaleza, estamos cuidando de la creación de una manera que recuerda el cuidado de Dios por el mundo. Al igual que sucede con las otras categorías, nuestro cuidado de este mundo se ve muy disminuido en comparación con el poder inigualable de Dios y Su bondad incesante como el guardián supremo del universo. Aun así, reflejamos legítimamente a Dios cuando administramos las áreas de responsabilidad que Él nos ha dado.
Muchos, no uno
Las tres categorías que acabo de analizar son formas bastante típicas dentro de la teología cristiana para referirse a la imagen de Dios. Por lo general, los cristianos han defendido una o dos categorías y han excluido las otras. Algunos han argumentado diciendo que la imagen de Dios se basa exclusivamente en lo que hacemos, otros alegan que se basa en quiénes somos, otros en las relaciones que tenemos y otros en alguna combinación de dos de ellas. Pero no hay razón para limitar el significado de la imagen divina.
La Biblia enseña que la imagen de Dios incluye todas las formas en que somos similares a Dios y lo representamos en el mundo. No hay razón para buscar una, y solo una, manera para hacer esto. La Biblia enseña muchas formas en las que reflejamos a Dios, y debemos aceptarlas todas. No ganamos nada insistiendo en que la imagen de Dios se manifiesta de una sola manera, cuando ocurre de muchas maneras.
Una imagen quebrantada y restaurada
La Biblia enseña que la caída de la raza humana en el pecado estropeó significativamente la imagen divina, aunque no la destruyó. La humanidad todavía lleva la imagen de Dios, aunque de una forma distorsionada. Génesis 9:6 dice: «El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre».
Dios le dijo estas palabras a Noé después de la caída, de hecho después del diluvio, que fue un juicio en contra de los seres humanos caídos. Las palabras de Dios dejan en claro que la humanidad todavía lleva la imagen divina, y que esta imagen constituye la base del mandamiento contra el asesinato y justifica la pena capital cuando se comete un asesinato. La imagen de Dios en el hombre, incluso en un mundo caído, constituye el fundamento de la santidad de la vida humana.
Pero la imagen de Dios está estropeada en los seres humanos caídos. Vemos que la imagen se quebranta en todas las formas en las que no lo representamos como deberíamos. Demostramos que la imagen de Dios se ha quebrantado en nosotros cada vez que no pensamos como deberíamos, no obedecemos como deberíamos, no amamos a Dios y a los demás como deberíamos o no nos preocupamos por la creación de la manera que deberíamos. En resumen, vemos la desfiguración de la imagen de Dios en todas aquellas áreas donde el pecado distorsiona nuestro propósito funcional original.
Es el propósito de Jesucristo venir a restaurar la imagen desfigurada de Dios en la humanidad caída. Jesucristo es la imagen perfecta de Dios (2 Co. 4:4). Él es la imagen perfecta de Dios porque no tiene pecado que distorsione Su representación exacta de quién es Dios. Jesucristo vino para quitar nuestro pecado y darnos Su justicia. Otra forma de decir eso es que Él nos «predestinó para que [fuésemos] hechos conformes a la imagen de su Hijo» (Ro. 8:29). Una interpretación cristiana de la imagen de Dios es una interpretación cristocéntrica. La única forma en que la imagen quebrantada de Dios puede restaurarse completamente en las personas pecadoras es a través de Jesucristo, el portador de la imagen perfecta que vino a moldearnos, por gracia, para que nos pareciéramos a Dios tanto como Él. La imagen divina destrozada por el pecado se restaura en Cristo.
Este artículo es un extracto del capítulo 7 de Teología de la consejería bíblica, de Heath Lambert, publicado por Editorial EBI.
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Lee también: ¿Cómo se relacionan los atributos de Dios con la consejería bíblica? y Consejero, tus aconsejados necesitan a Cristo.
Referencias y notas
- Debido a que no hay un solo pasaje que enumere específicamente todo lo que significa estar hecho a imagen de Dios, los teólogos a menudo han caracterizado la imagen de Dios de maneras que son un poco diferentes. Por ejemplo, John Frame argumenta que la imagen de Dios se ve en tres categorías, que son análogas a los atributos del señorío de Dios. La imagen divina se ve en las cualidades humanas de rey, sacerdote y profeta. Estos tres atributos son respectivamente análogos a los atributos de control, presencia y autoridad del señorío. Ver de John M. Frame, Systematic Theology: An Introduction to Christian Belief, (Phillipsburg, NJ: P&R, 2013), 784-791. Wayne Grudem defiende numerosas formas en que la imagen de Dios se ve en el hombre y las organiza bajo cinco títulos principales: manifestaciones morales, espirituales, mentales, relacionales y físicas de la imagen. Ver de Grudem, Teología Sistemática, 466-471. La mayoría de los teólogos ha visto la imagen de Dios en una, o en alguna combinación de las manifestaciones que describo aquí.
- Los teólogos a menudo se han referido a esto como la visión estructural, ya que visualiza a la imagen divina ubicada en alguna estructura esencial de la humanidad.
- C. S. Lewis. Mero Cristianismo (Nashville, TN: HarperCollins, 2006).
- Los teólogos llaman a esto la visión relacional de la imagen de Dios en la humanidad.
- Los teólogos se refieren a esto diciendo que es la visión funcional de la imagen divina.
- Esto me parece correcto a pesar de que algunos teólogos dudan de que el dominio dado a la humanidad sea una expresión obvia de la imagen de Dios. Ver de Millard J. Erickson, Teología Cristiana (Barcelona: CLIE, 2008), 524-525. Esta visión funcional de la imagen divina es la que más atención ha recibido en la historia reciente de la iglesia.
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