Nuestros hábitos son una parte tan omnipresente de nuestras vidas que estaríamos perdidos sin ellos. Algunos han calculado que nuestros hábitos constituyen al menos el 71% de todo lo que hacemos a diario; ¡es increíble! Si no tuviéramos el poder de los hábitos, tendríamos que pensar intencionada y deliberadamente en cada paso de los procesos, como lo son caminar, conducir o leer. Es realmente fenomenal y aterrador a la vez.

Los hábitos son dominantes, pero no determinantes

Sin embargo, un concepto cristiano de los hábitos es que nosotros los controlamos a ellos, no ellos a nosotros. Nuestros hábitos pueden hacer que sea más fácil hacer el bien o el mal, pero siempre tenemos la opción, ya que nuestros hábitos nunca determinan quiénes seremos. La Biblia enseña que tenemos control sobre nuestras acciones, y esto incluye el control sobre nuestros hábitos. En ningún momento hemos perdido la capacidad de romper hábitos inútiles o incluso pecaminosos, porque tenemos los recursos que Dios nos ha dado para lograr ese cambio.

La Biblia dice que los cristianos nunca están en una posición en la que deban pecar (1 Co. 10:13; Ro. 6:19), de manera habitual o de alguna otra. Dios ha liberado a sus hijos del poder y la esclavitud del pecado por medio de Jesús. ¡Amén! Tampoco somos esclavos de hábitos inútiles que no son necesariamente pecaminosos. A través de la conciencia, el conocimiento del hábito, los pasos específicos para crecer y la ayuda de Dios, cada cristiano puede formar hábitos más útiles y que honren a Dios. Siempre podemos cambiar, ¡lo cual es una noticia increíblemente esperanzadora!

Por lo tanto, cuando decimos que nuestros hábitos son dominantes, lo decimos en serio. Y también cuando decimos que no somos controlados por nuestros hábitos. La Biblia nos llama a no ser controlados por nada excepto por el Espíritu Santo en nuestras vidas (Ef. 5:18). Él es el único que puede sentarse en el asiento del conductor. Sin embargo, hay un sentido en el que podemos reconocer estas verdades; y, aun así, encontrar que nuestros hábitos pueden estar «en piloto automático» en el sentido de que ni siquiera nos detenemos a pensar en ellos. Un ejemplo de ello es cuando nos sorprendemos masticando con la boca abierta. Hay otros hábitos desconocidos que son como masticar la comida con la boca abierta: puede que tengas la opción de cerrar la boca, ¡pero para empezar tienes que aprender que está abierta! Muchas veces, simplemente no nos hemos detenido lo suficiente para considerar los hábitos desconocidos que están en piloto automático, pero aun así no nos controlan.

Hábitos desconocidos

La Biblia enseña que ninguno de nosotros es esclavo de sus hábitos, pero ¿estoy diciendo que algunos de nosotros tenemos hábitos de los que no somos conscientes? Pues sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo. Si bien es importante mantener la responsabilidad humana, también es importante decir que ciertas personas han desarrollado hábitos sin saberlo (como revisar las redes sociales en lugar de terminar ese correo electrónico, sin siquiera pensar en ello). Lo veo en el contexto de la consejería cuando las parejas tienen hábitos de comunicación que dañan la relación. O cuando los hábitos de gestión del tiempo agotan lentamente las relaciones porque hemos dedicado cada minuto de vigilia al trabajo. A veces mis aconsejados se preguntan: «¿Cómo fue que sucedió esto?». Y puedo decir inequívocamente que han desarrollado hábitos sin saberlo.

A menudo necesitamos más conocimientos para sacar a la luz los hábitos desconocidos que hemos desarrollado. Podemos decir que ese conocimiento puede provenir de muchas fuentes, desde la realización personal hasta un problema externo que surja. Tal vez hayamos adquirido conciencia de nosotros mismos sin querer, como cuando vemos una foto nuestra y pensamos: «¡Vaya, realmente necesito perder peso!». Otras veces, el conocimiento de un hábito desconocido puede llegar a través de un problema. El dentista nos dice que tenemos que usar más el hilo dental, o el médico nos dice que tenemos que trabajar en nuestro colesterol. Hemos caído en estos hábitos y no nos hemos dado cuenta hasta que surge un problema. Cuando nos enfrentamos a ese problema y a sus causas, pensamos: «Ah, sí, yo hago eso, ¿no?».

Como es natural, ayudo a la gente a descubrir estos hábitos desconocidos en mi línea de trabajo como consejero. Eso ilustra cómo a menudo se puede traer a un tercero a nuestras vidas para ayudarnos a ganar perspectiva sobre los puntos ciegos. ¿Por qué no estamos pensando de acuerdo con la Palabra de Dios? ¿Qué es lo que estamos haciendo de lo que no somos conscientes? ¿Hay algo que simplemente no es útil en nuestras vidas?

Cualquiera que sea el medio, identificar hábitos desconocidos siempre viene a través de crecer en conocimiento. En pocas palabras, rara vez cambiamos si no sabemos lo que hay que cambiar.

Los hábitos desconocidos son probablemente los tipos de hábitos más letales porque no somos conscientes de ellos. Y, de nuevo, no pensemos que estoy hablando necesariamente de cosas que son pasos directos y voluntarios fuera de la voluntad de Dios. No, más bien, esto podría parecerse a una familia que ha caído en el hábito de ver la televisión mientras cenan juntos. En lugar de apagar el televisor y comer en la mesa, pasan esos 45 minutos frente al televisor. Ese hábito desconocido puede tener graves consecuencias a largo plazo para su familia. Y lo más aterrador es que ni siquiera eran conscientes de que lo estaban haciendo. Peor aún son los hábitos desconocidos que están claramente en contra de la voluntad de Dios para nuestras vidas. Es difícil comprender que no solo hacemos cosas que a Dios no le gustan, sino que podemos hacerlas habitualmente sin darnos cuenta.

Este artículo es un extracto del libro El corazón y los hábitos, publicado por Editorial EBI.

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