La crianza respetuosa se ha convertido en uno de los modelos de crianza más populares de los últimos años. Sus defensores hablan de empatía, comprensión, respeto y conexión emocional con los hijos. Sin embargo, ¿es realmente compatible con la enseñanza bíblica sobre la familia y la formación de los hijos?

Aunque muchas de sus propuestas parecen atractivas a primera vista, es necesario examinarlas a la luz de las Escrituras. Al hacerlo, surgen tres problemas fundamentales que afectan el corazón mismo de la crianza: una redefinición de la autoridad, una comprensión equivocada de la naturaleza humana y una visión errada del propósito para el cual existen nuestros hijos.

La crianza respetuosa redefine la autoridad bíblica

La crianza respetuosa ve a los padres y a los hijos como compañeros. Los padres asumen un rol de entrenadores, pero de entrenadores sin una autoridad real. Se espera que los padres ofrezcan al niño opciones, en lugar de decirle lo que debe hacer con respecto a su comportamiento.

Un artículo de parents.com definía la crianza respetuosa de la siguiente manera:

«La crianza respetuosa es una forma de educar sin vergüenza, culpa ni castigos. Está centrada en la colaboración, ya que tanto los padres como los hijos tienen voz en este estilo de crianza compartido. La crianza respetuosa es, como suena, un enfoque más suave y respetuoso para criar; y los padres y cuidadores que la practican lo hacen guiando a sus hijos con límites constantes y compasivos, no con mano dura».

¿Debe la crianza ser una asociación? ¿Debe ser una colaboración entre padres e hijos? La Biblia no permite que un padre cristiano vea su relación con el hijo como una asociación o colaboración. Más bien, debe entenderse como una mayordomía otorgada por Dios, en la que los padres ejercen la autoridad que les ha sido dada para el bien espiritual y el crecimiento del hijo hacia Cristo.

Pablo se dirige directamente a los hijos en Colosenses 3:20 cuando escribe: «Hijos, sean obedientes a sus padres en todo, porque esto es agradable al Señor». Los hijos deben obedecer a sus padres en todo. Aquí, los padres son presentados como la autoridad sobre el hijo, y son ellos quienes establecen el estándar que el hijo debe obedecer. Dios da a los padres autoridad sobre sus hijos, y los hijos deben ser enseñados a someterse a esa autoridad.

Esta autoridad parental es parte del tejido de la ley moral. El quinto de los Diez Mandamientos trata sobre la autoridad. Éxodo 20:12 dice: «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da». Este mandamiento trata de la sumisión de los hijos a la autoridad de sus padres, y muestra que la autoridad es parte fundamental de una sociedad bien ordenada.

Quitar la autoridad de los padres y convertirlos en socios del niño es negar el orden que Dios creó y ha establecido para el bien y el florecimiento humano. No se puede sostener al mismo tiempo la crianza respetuosa y la cosmovisión bíblica de la crianza.

La crianza respetuosa identifica erróneamente el problema del niño

La crianza respetuosa considera que la mayor necesidad del niño es la autorrealización, y enseña que deben abordarse, e incluso eliminarse, los obstáculos que impiden que el niño se convierta en la mejor versión de sí mismo. Los niños son vistos como seres con emociones y sentimientos que deben ser gestionados. Son considerados como inherentemente buenos, aunque con dificultades.

Sin embargo, el modelo bíblico enseña que todas las personas son concebidas y nacen en pecado (Ro 5:12, 19; Sal 51:5). Las Escrituras son claras al afirmar que todos pecan y están destituidos de la gloria de Dios (Ro 3:23), y que toda intención de los pensamientos de su corazón es hacer siempre el mal (Gn 6:5).

En esencia, el cristianismo y la crianza respetuosa parten de cosmovisiones contrarias sobre cuál es el problema fundamental del ser humano. El mayor problema de tu hijo no es la falta de realización o autorrealización. Su mayor problema es que es pecador, y el pecado es destructivo para todos aquellos en quienes habita.

La Biblia y la crianza respetuosa no pueden reconciliarse porque, en su raíz, entienden el desafío del ser humano de maneras completamente distintas.

Los cristianos no solo desean enseñar a los hijos que el pecado tiene consecuencias temporales, sino también apuntarlos al Señor Jesús, quien puede salvarlos del castigo eterno que todo pecado merece. Desean mostrarles quién es Jesús y lo que hizo por ellos, algo que solo puede recibirse por gracia mediante la fe.

Martyn Lloyd-Jones percibía claramente este abismo entre los psicólogos de su tiempo y la doctrina de las Escrituras. Él escribió:

«A los psicólogos modernos no les agrada esto. Ellos dicen que lo que nosotros llamamos pecado es simplemente la ausencia de ciertas cualidades. No se debe decir que el hombre es positivamente malo; lo correcto, según ellos, es decir que no es bueno; el pecado es algo negativo. Pero la Biblia afirma que el pecado es positivo. No es la ausencia de bondad; es la presencia positiva o activa del mal y de la maldad».

Bíblicamente debemos entender que esta visión no puede ser sostenida por un cristiano, especialmente por aquel que lee que «toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal» (Gn 6:5), y que «no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios» (Ro 3:10-11).

El problema de nuestros hijos es su naturaleza pecaminosa. La única manera de abordar esto verdaderamente es por medio del Espíritu de Dios, a través de los medios de la Palabra de Dios, en especial la ley y el evangelio.

La crianza respetuosa les enseña a los niños un propósito de vida equivocado

La crianza respetuosa respondería a la pregunta «¿Por qué estamos aquí?» diciendo: «Para ayudar a tus hijos a ser más felices, más sanos y ser más auténticamente ellos mismos».

El objetivo de gran parte del pensamiento moderno sobre el propósito de la humanidad es la idea de ser la mejor versión de nuestro verdadero yo. Según esta visión, el objetivo de la vida es llegar a ser completamente uno mismo. Esto significa que la vida se trata de alcanzar la versión más feliz de mí mismo, y cualquier cosa que obstaculice o frene ese proceso debe ser tratada, eliminada o superada.

El cristianismo no respondería a esa pregunta desde un enfoque centrado en el ser humano, sino desde una perspectiva centrada en Dios.

Estamos aquí, como declara la primera pregunta del Catecismo Menor de Westminster, «para glorificar a Dios y gozar de Él para siempre». Pablo, en 1 Corintios 10:31, escribe: «Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios».

La crianza bíblica enseña a los niños que existen por Dios, para Dios y ante Dios (Ro 11:36). La crianza respetuosa enseña que los niños existen para disfrutar de sí mismos y exaltarse a sí mismos, para encontrar plenitud en su propio ser. La autorrealización, la satisfacción personal y la autoestima son los fines de la crianza respetuosa.

En contraste, la crianza bíblica desea ver a los niños arrepentirse de sus pecados y de su egoísmo, y volverse a Cristo; someterse al señorío de Cristo sobre sus vidas, y vivir para gozar de Dios y glorificarlo.

No podemos sostener, al mismo tiempo, que la vida se trata de mí y de mi realización personal, y que la vida se trata de la gloria de Dios y de disfrutar de Él por medio de Cristo.

La crianza respetuosa se opone firmemente a la autoridad bíblica, a la visión bíblica del pecado y a la visión bíblica del propósito de nuestra vida.

Como cristianos, no tenemos la opción de criar como queramos. Debemos criar conforme a la Palabra de Dios y para la gloria de Dios. La crianza respetuosa rechaza el método de corrección, rechaza la autoridad adecuada y rechaza decirle a un niño que está equivocado. En su lugar, esta filosofía se enfoca en la positividad en lugar de la corrección, y en la redirección en lugar de la confrontación.

Esto obliga al cristiano a tomar una decisión: ¿viviremos conforme a la Palabra de Dios o según esta nueva moda pasajera y viento de doctrina humana?

«Pero yo y mi casa serviremos al Señor» (Jos 24:15).

Este artículo es un extracto del libro El lado no tan amoroso de la crianza respetuosa.


El lado no tan amoroso…

Un nuevo caballo de Troya ha dado sus primeros pasos en la guardería y ahora ha entrado con pasos firmes en la familia de la iglesia: «la crianza respetuosa».

Este libro (1) caracterizará y definirá qué es la crianza respetuosa, (2) la evaluará comparándola y contrastándola con las Santas Escrituras, (3) llamará a los creyentes a volver a criar a sus hijos en la verdad, y (4) reflexionará cuidadosamente sobre la necesidad esencial de depender únicamente de la suficiencia de la Escritura en la crianza de los hijos.


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