Parte de la obra transformadora del Espíritu en nuestras vidas incluye la iluminación, la cual me gusta describir como el momento de «encender la luz», ya sea relacionado con tu salvación (como ser salvo al leer la Biblia) o cuando la Biblia y sus enseñanzas se convierten en un salvavidas para que escuches la voz de Dios. La iluminación es el Espíritu Santo invadiendo nuestras mentes oscurecidas con entendimiento, y es lo que nos lleva a abrazar las Escrituras como la Palabra suficiente y autoritativa de Dios para nosotros.

La obra de iluminación del Espíritu en nuestras vidas se extiende hasta Su obra de revelación especial a través de las vidas de los discípulos.

Antes del nacimiento de la Iglesia, Jesús les dijo a Sus discípulos que el Espíritu les daría revelación, diciéndoles en Juan 14:26: «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho». Este pasaje se refiere específicamente a la redacción por parte de los discípulos de la revelación especial de las Escrituras después de la partida de Jesús. El Espíritu les recordó con total precisión los eventos, enseñanzas y verdades centradas en Cristo.

Recuerda que los discípulos no andaban con plumas y pergaminos diciendo: «¡Espera, Jesús! ¿Puedes repetir eso para que Lucas lo escriba?» o «¡Oye, Marcos! ¿Anotaste esa parte sobre pagar impuestos a César? ¿No? ¿Puede alguien preguntarles a los fariseos de nuevo?». Ellos habían sido comisionados como testigos de Cristo (Hch. 1:8), y el Espíritu Santo sería su maestro personal, ayudándolos a recordar todo lo que necesitaban para escribir las Escrituras. Los discípulos estaban tan seguros de que recibían revelación directa del Espíritu de Dios que Juan escribe: «Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error» (1 Jn. 4:6).

Hoy en día, aunque no somos apóstoles recibiendo revelación directa para escribir las Sagradas Escrituras, el Espíritu es nuestro maestro y utiliza la Palabra implantada en nuestras vidas para producir fruto espiritual. Él usa la revelación dada a los apóstoles para iluminar nuestras vidas como discípulos modernos. No somos la audiencia directa de Juan 14:26, pero somos los beneficiarios directos de esta hermosa promesa. El Espíritu dio revelación especial a los apóstoles para que escribieran las Sagradas Escrituras, y ahora nos da iluminación para ayudarnos a abrazarlas y entenderlas. ¡Qué urgentemente debemos depender de Su obra sobrenatural a través de la Palabra!

Un número de pasajes en el Antiguo y Nuevo Testamento describen nuestra necesidad de iluminación y la obra del Espíritu en la iluminación, entre ellos:

  • Salmo 119:18: El salmista pide que sus ojos sean abiertos para ver las verdades maravillosas de Dios.
  • Salmo 119:105: La Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies y luz para nuestro camino.
  • Salmo 119:144: Necesitamos el entendimiento de Dios para vivir para Él.
  • 1 Corintios 2:13: El Espíritu Santo imparte y enseña la verdad.
  • Efesios 1:17-18: Pablo ora para que los ojos del corazón de los efesios sean iluminados.

Mi capítulo favorito para entender el poder de la Palabra de Dios y nuestra necesidad de entendimiento es el Salmo 119. Una y otra vez, el salmista clama a Dios por entendimiento y para ser enseñado en sus caminos. El Salmo 119:73 es uno de varios pasajes que claman por entendimiento; dice: «Tus manos me hicieron y me formaron; dame entendimiento para aprender tus mandamientos». El salmista sabía lo que se necesitaba para prosperar en la fe y la piedad. Pablo, el apóstol, sabía lo que la iglesia necesitaba para conocer a su Dios y perseverar hasta el final.

El Espíritu obra a través de la Palabra, nos ayuda a abrazar la Palabra y nos ayuda a entenderla. Sin el Espíritu, estaríamos simplemente realizando un ejercicio académico, leyendo la Biblia como si fuera un libro de reglas o de historia. Muchos estudiosos e incluso paganos han leído las Escrituras solo para terminar viéndolas como objeto de análisis académico o crítica religiosa. Si todo lo que necesitáramos para entender la Biblia fuera leerla, no habría necesidad de la obra del Espíritu. Una persona puede leer la Biblia y no experimentar nada sobrenatural, mientras que otra persona lee la Biblia y parece que los cielos se abren y derraman gracia, sabiduría, entendimiento y salvación sobre su alma. ¿Qué ocurrió? El Espíritu iluminó a la segunda persona.

En 1 Corintios 2:14, leemos: «Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender porque son cosas que se disciernen espiritualmente».

Hoy en día, muchas personas en la iglesia piensan que simplemente leer la Biblia los transformará. Sin embargo, leer palabras por sí solo no tiene poder; el poder está en el Espíritu que obra a través de la Palabra. Por esta razón, algunas personas completan todos los puntos de sus planes de lectura bíblica anuales pero se frustran porque no experimentan ninguna transformación ni adquieren mayor entendimiento de Dios. Son disciplinadas en su lectura, pero no piden al Espíritu que ilumine la Palabra. ¡Qué resbaladizo es el terreno de las obras moralmente buenas sin el poder del Espíritu para abrir nuestros ojos y cambiar nuestros corazones! Esto es religión vacía en su máxima expresión. Nada ocurre fuera del poder del Espíritu.

Leí una vez que el pastor John MacArthur lo ilustra de esta manera: «Dios debe abrir los ojos de nuestro entendimiento para que podamos conocer y entender correctamente su verdad… Solo el Espíritu puede iluminar las Escrituras. Así como el ciego físico no puede ver el sol, el ciego espiritual no puede ver al Hijo. Ambos carecen de la iluminación adecuada».1 Martín Lutero también dijo: «Nadie que no tenga el Espíritu de Dios ve ni una jota de lo que está en las Escrituras. El Espíritu es necesario para entender toda la Escritura y cada parte de ella».2 Hoy, necesitamos diariamente la obra iluminadora del Espíritu.

El Espíritu Santo no solo inspiró las Escrituras, sino que también obra en nosotros para que podamos comprenderlas y abrazarlas como la Palabra de Dios. Por eso, nuestro estudio de la Biblia nunca debe reducirse a un simple ejercicio académico o al cumplimiento de una disciplina espiritual. Necesitamos depender diariamente de la obra iluminadora del Espíritu, pidiéndole que abra nuestros ojos, nos dé entendimiento y use Su Palabra para transformar nuestros corazones.

Este artículo es un extracto del libro Conoce al Espíritu Santo, publicado por Editorial EBI.

Lee también: ¿Todavía existen apóstoles hoy en día? y Cuando la Palabra de Dios es suficiente.


Referencias y notas

  1. John MacArthur, How to Study the Bible (Moody Publishers, 2009), 81.
  2. Martin Luther, Bondage of the Will, trad. J. I. Packer y O. R. Johnston (Fleming H. Revell, 1957), 108.

Conoce al Espíritu Santo - Costi W. Hinn

Conoce al Espíritu Santo

El libro del que salió este artículo: Costi Hinn explica quién es el Espíritu Santo, y quién no es, con la Biblia en la mano y sin los excesos que rodean el tema.


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