La Escritura se interesa profundamente en tu alma, porque tu alma eres tú: tus deseos, tus imaginaciones, tus pensamientos, tus intenciones, y tu sensibilidad al mundo que te rodea, a las personas y a Dios. Debido a la importancia que tiene el alma, la Biblia contiene un vocabulario rico para este interior: corazón, alma, espíritu, mente, conciencia y ser interior son algunas palabras que se usan para describirlo. Este librito está dirigido a tu alma. Sin embargo, especialmente en el caso de la ansiedad, no podemos descuidar el cuerpo. También eres cuerpo. La Escritura expresa de la siguiente manera una distinción entre el cuerpo y el alma: «aunque este nuestro hombre exterior [nuestro cuerpo] se va desgastando, el interior [el alma] no obstante se renueva de día en día» (2 Corintios 4:16).

Cuerpos en alerta

Los temores y la ansiedad son bastante viscerales. En general, se pueden ubicar en tu cuerpo antes de que el alma encuentre palabras para expresarlos. Observa alguna de las descripciones: ritmo cardíaco acelerado, sudor, temblores, falta de aire o ahogo, dolor en el pecho, náuseas, estómago revuelto, mareos, apatía hacia el resto del mundo, entumecimiento, escalofríos y sofocos. El cuerpo, cuando hay temor o ansiedad, puede expresarse con fuerza, y esto hace que lidiar con la ansiedad sea incluso más difícil.

  • A veces, tu cuerpo está expresando las intenciones del alma. Tu alma cree que hay una amenaza. El cuerpo se moviliza en respuesta.
  • A veces, tu cuerpo tiene una reacción intensa y aparentemente sin provocación, en la cual algo del presente vuelve a enfocarse en algo del pasado. Por ejemplo, tal vez te encuentras en un lugar cerrado y sin una salida rápida, y tu cuerpo recuerda una vez en el pasado en la cual te encontraste atrapado y victimizado. Tu cuerpo lo recuerda aunque tal vez no estés pensando en eso o quizás apenas te acuerdes.
  • A veces, tu cuerpo y tu alma parecen estar fuera de sintonía. Quizá estés disfrutando de una linda tarde con amigos o en medio de una reunión edificante en la iglesia cuando, de repente, tu cuerpo entra en estado de alerta y sientes que necesitas escapar… o al menos, hacer algo. A veces, tu cuerpo puede tener una reacción de ansiedad aunque no sepas la causa.

Si eres propenso a estas experiencias físicas intensas, todo lo que vimos hasta ahora es incluso más importante para ti. Habla con el Señor y acumula pasajes bíblicos que te convenzan de que Dios es digno de confianza. Habla con amigos sabios y pídeles oración. Tal vez también quieras considerar hablar con algún especialista médico sobre problemas físicos y efectos secundarios de distintas medicaciones que puedan estar provocando o intensificando las reacciones físicas, y quizá quieras preguntar sobre tratamientos físicos que puedan amortiguar algo de este ruido corporal. A través de todo esto, querrás orar la promesa basada en el Salmo 23:3: «Por favor, Señor, conforta mi alma».

Cuerpos que mienten

Cuando sientes ansiedad —cuando esta parece abrumar tu cuerpo—, esa sensación intenta decirte algo, y la conversación no es un diálogo cómodo. Tu cuerpo no te dice: «Siento algo, pero no sé lo que significa, así que analicémoslo». En cambio, te dice: «Muerte. Emergencia. Soledad. Haz algo».

Por supuesto, el mensaje no siempre es acertado. Puede mentir, aunque tenga su lógica. En ese momento, no ves, no sientes ni escuchas la presencia de Dios. Es cierto que rara vez escuchas su voz fuera de las Escrituras. Pero tu cuerpo está respondiendo solamente con datos parciales. En nuestro mundo, a Dios no lo vemos con nuestros ojos físicos ni lo escuchamos con nuestros oídos físicos. En cambio, el Señor nos habla a través de su Palabra, tal como el Padre le hablaba a Jesús mientras estaba en la tierra.

La Biblia es clara. Dios está cerca, presente con el amor fiel demostrado en Jesús. Y es fuerte, poderoso con la justicia fiel demostrada en Jesús.

Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: que de Dios es el poder, y tuya, oh Señor, es la misericordia (Salmo 62:11-12a).

Su misericordia significa que estará cerca y que nada puede separarte de su lado. Su poder significa que es una ayuda siempre presente en las tribulaciones y que restaurará todas las cosas. Estas dos cosas están unidas en un solo evento: Cristo, y este crucificado.

  • En Jesucristo, vemos que Dios se transformó en nuestro Siervo sufriente, el cual se identifica con los débiles y los oprimidos, y lleva su carga sobre sí mismo.
  • En Jesucristo, vemos al Dios poderoso que toma la causa del débil y trae justicia a los oprimidos. Cristo es el Rey que inauguró un reino que conquistará la muerte.

Si tu cuerpo no te ha mentido aún, ya lo hará. Algún día, argumentará que estás solo. A nadie le importa. Nadie te rescatará. Así que, tienes que prepararte. Toda la Biblia fue escrita para abrirte los ojos a estas verdades sobre Jesús, el cual fue visto por todos, pero que, por ahora, no podemos ver.

Lo que era desde el principio [es decir, Jesús], lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida… (1 Juan 1:1).

El Dios invisible irrumpió en la tierra en la persona de Jesucristo, el cual fue visto y oído. Sus testigos oculares te recuerdan que es el Dios resucitado, vivo y que está físicamente cerca. Con la práctica, lo verás en las Escrituras, en otras personas y en la creación.

Para reflexionar

  1. ¿Algunas veces parece que tu cuerpo tuviera voluntad propia, en el sentido de que se muestra ansioso sin razón aparente? ¿Qué has hecho en momentos así?
  2. ¿Puedes imaginar cómo podrías hablarles palabras de fe y vista a tu cuerpo y tu alma durante momentos de ansiedad física?
  3. ¿Qué mentiras escuchas cuando los temores están cerca?
  4. Los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) son relatos de testigos oculares sobre la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Estos testigos oculares sí vieron, oyeron y palparon. ¿Cómo te ayuda esto?

Este artículo es un extracto del libro Un pequeño libro para un corazón ansioso, publicado por Editorial EBI.

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Lee también: Cinco cosas que debes saber sobre los ataques de pánico y Dios está contigo en el temor.


Un pequeño libro para un corazón ansioso - Edward T. Welch

Un pequeño libro para un corazón ansioso

El libro del que salió este artículo: cincuenta meditaciones breves de Edward T. Welch sobre el temor, la preocupación y la confianza, para leer un día a la vez.


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