Desde la antigüedad el hombre ha buscado conquistar todo el planeta. La verdad es que quiere ser recordado por los que le siguen. Con ese fin regala su nombre a ciudades y empresas, construye edificios y estatuas en su honor y establece imperios para extender su influencia hasta el futuro lejano. Hay un deseo insaciable de hacer sentir su presencia en todos los lugares a través del tiempo.

Muchos han buscado conquistar todo y algunos se han acercado a la meta, pero pocos han podido decir con gran certeza que su presencia se sintió en todo lugar. Se dice que los imperios españoles (s. XVI y XVII) y británico (s. XIX y XX) eran imperios “donde nunca se pone el sol”, lo cual significa que su presencia se extendió hasta abarcar todo el mundo.[1] No obstante, aún estos imperios no lograron en realidad estar en todo lugar en todo momento. Pero, nuestro Dios es único; existe con pleno poder y autoridad en todo lugar, por todo tiempo.

El Dios que siempre está

Uno de los atributos más básicos para la fe cristiana es la infinidad de Dios, o sea que Dios existe sin límites en cada parte de su ser. Como humanos somos finitos, o limitados, en cada parte de nuestro ser y nuestra experiencia.

La palabra que describe la infinidad de Dios relacionada al espacio es la omnipresencia. Básicamente, esto quiere decir que Dios está en todas partes todo el tiempo. No hay ningún lugar en ningún momento donde Dios no ha estado, está o estará presente. Y su presencia siempre incluye la totalidad de su poder y su conocimiento. Esto es tremendo, más allá de nuestra comprensión. Sin embargo, como veremos, ¡es un gran consuelo para todos nosotros que confiamos en Dios!

Lo que la omnipresencia no es

Para poder entender la omnipresencia de Dios, debemos entender lo que no es. Un gran error con respecto a esta doctrina es el error del panteísmo. La doctrina bíblica de la omnipresencia de Dios afirma que Dios está en todas partes; el panteísmo enseña que Dios está en todas las cosas. Estas dos palabras, partes y cosas, expresan dos conceptos distintos. La plenitud de la presencia de Dios está en todo lugar en todo momento, pero no existe como parte de cada aspecto de su creación. Dios es distinto de su creación. De esta forma Dios mora en los creyentes (1 Co. 6:19), pero es distinto de su creación (Gn. 1:1). Para clarificar, la definición de Millard Erickson nos ayuda: “Dios no está sujeto a las limitaciones del espacio”.[2] Esto indica que toda parte de la creación ocupa su espacio, pero Dios existe aparte de su creación porque es el autor de ella.

Otro posible error es una confusión entre su presencia misma y la comunión con su presencia. La presencia de Dios se manifiesta en el tabernáculo y templo, en un creyente en esta tierra y en el lago de fuego, pero de forma distinta en cada uno. En el tabernáculo y en el templo, su presencia fue velada y apartada. Sin embargo, la comunión fue todavía posible bajo ciertas restricciones (Lv. 16). En un creyente, su presencia es permanente y la comunión es íntima, aunque el pecado la pueda estorbar (1 Jn. 1:3, 6-7). Estos dos ejemplos se contrastan con la presencia de Dios en el lago de fuego. Como Charles Ryrie observa que, en el lago de fuego Dios no estará en presencia física (2 Ts. 1:9), pero no hay ningún lugar fuera de su presencia y su control (Ap. 14:10).[3]

Ningún lugar, ni siquiera el lago de fuego, está exento de la presencia de Dios, pero su presencia no garantiza la comunión con su presencia. Además, Wayne Grudem dice: “Dios no tiene tamaño ni dimensiones espaciales y está presente en todo punto en el espacio con todo su ser, y sin embargo Dios actúa en forma diferente en diferentes lugares”.[4] Esta definición explica cómo la magnitud y la plenitud de su persona se extienden a todo lugar mientras distingue entre su presencia (igual en todo tiempo y lugar) y su obra (distinta en diferentes tiempos y lugares).

Lo que la omnipresencia es

Hay varios aspectos de la omnipresencia de Dios que son importantes para nosotros como creyentes. El concepto es sencillo: Dios está en todas partes en todo tiempo; la comprensión es otra cosa.

Aunque las palabras omnipresencia y omnipresente no se usan en la Biblia, el concepto es parte del fundamento de la enseñanza bíblica. Los tres omni—omnipresente, omnisciente y omnipotente—forman la base de nuestra comprensión de Dios. Geerhardus Vos afirma esto: “el estar en todas partes le facilita actuar en todas partes y conocer todas las cosas y, por otro lado, a través de la acción omnipotente y el conocimiento omnisciente tiene acceso a todos los lugares y todos los secretos”.[5] La realidad es esta: si Dios no estuviera completo en su presencia, conocimiento y poder, no podría ser Dios.

El concepto de la omnipresencia de Dios corre como un río profundo y rico entre las líneas de cada página de las Escrituras, conectando cada parte de la revelación de Dios y su plan y dando significado a cada una. La expresión de su omnipresencia en la forma del cuidado y control de los asuntos del hombre es lo que da sentido a todo. Sin su omnipresencia, no sería posible su control soberano de todo, no serían confiables sus promesas del cuidado de los suyos y no sería garantizado el cumplimiento de todo su propósito futuro.

El texto que más resalta la omnipresencia de Dios es el Salmo 139:7-12. David plantea una pregunta importante en el versículo 7: “¿A dónde podría ir?” (Aunque la mayoría de los traductores traducen el verbo en tiempo futuro, es mejor considerar el verbo como una posibilidad y, en este caso, algo imposible.[6]) Y, ¿la respuesta? No hay ningún lugar ni ninguna dirección a la cual David podría ir donde Dios no esté. David dice que si subiera o descendiera o si se fuera al extremo de cualquier punto cardinal, allí estaría Dios con él y lo cuidaría. Como Joe Rigney comenta, “Si me levanto lo más temprano posible y viajo lo más lejos posible al otro lado del planeta, del sistema solar, de la galaxia, del universo, incluso, allí tu mano me llevará, tu mano derecha me agarrará fuerte”.[7] Ni las tinieblas nos pueden ocultar de Dios porque nada se cubre de su vista. ¡Qué tremenda promesa de nuestro Dios!

Muchos otros textos nos indican la importancia de este atributo divino:

  • No se va de viaje y no se distrae con otros asuntos, sino siempre está atento en todo lugar a las oraciones de los suyos (1 R. 18:20-40);
  • Es refugio para su pueblo en todo lugar y todo momento (Sal. 90:1-2);
  • Su conocimiento completo acompaña su presencia. (Pr. 15:3);
  • Su poder infinito acompaña su presencia (Is. 43:1-2);
  • Es Dios sobre todo y su presencia llena todo lugar, así nada se esconde de él (Jer. 23:23-24);
  • Cristo promete estar con sus discípulos en todo lugar y todo tiempo (Mt. 28:19-20);
  • Dios no es restringido por templos físicos, como los falsos dioses de la antigüedad, porque es creador y dueño de todo (Hch. 17:24-28);
  • Y, Cristo forma y cuida todas las partes de la creación en todo momento (Col. 1:17; He. 1:3).

¡Nuestro Dios es verdaderamente un Dios maravilloso! Y haríamos bien al hablar al unísono con David, “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender” (Sal. 139:6 RV60). Aunque es difícil comprender la profundidad de este atributo de Dios, es importante reconocer el consuelo que su omnipresencia nos ofrece.

La seguridad de su presencia

Hay muchas aplicaciones directas de la omnipresencia de Dios para nuestras vidas y ministerios. Si la plenitud de Dios realmente está en todo lugar y en todo momento, no hay ningún aspecto de nuestra existencia que la presencia de Dios no toque.

Dondequiera que estemos, Dios está allí con nosotros

Muchas personas de varias denominaciones mantienen una distinción entre lo sagrado y lo secular, señalando que hay lugares específicos que tienen mayor importancia porque la presencia de Dios está allí. Aunque Dios se reveló en el Antiguo Testamento de forma personal en lugares específicos (por ejemplo, a Jacob en Génesis 35), no debemos mantener esta distinción en nuestras vidas porque siempre estamos en presencia de nuestro Dios. Bajo la sombra de un árbol en África, en la profundidad de la selva de Sudamérica o en las grandes ciudades de China; en un estado de tranquilidad, preocupación, desánimo, tristeza o dolor; en medio de una pandemia o no; Dios siempre está con nosotros (Ro. 8:35-39).

Dios está con nosotros, incluso si nadie más está

Aún en medio de lo peor y cuando nadie más quiere acompañarnos, Dios está con nosotros. No tan solo está siempre allí, sino también está aquí, ahora mismo. Ningún lugar en esta tierra es demasiado insignificante, ninguna prueba demasiado grande, como para que él no esté a nuestro lado, delante de nosotros, detrás de nosotros, debajo de nosotros, sobre nosotros y alrededor de nosotros. Nunca llegaremos a ningún lugar o a ningún punto de la vida donde lo necesitemos y no esté allí con nosotros (Sal. 27:10).

Dios siempre está cumpliendo su propósito en todo lugar

Siendo que su presencia siempre conlleva su poder infinito y su conocimiento completo, podemos confiar en que Dios siempre logra todo lo que él decide hacer. La Biblia hace eco de esta verdad decenas de veces. Otra forma de pensar en esta verdad es que Dios no depende de su creación, sino que su creación depende de él. Aunque el mundo alrededor insiste que Dios es incapaz o ausente, no es la verdad. Estamos atados a un lugar y un momento. Nos falta capacidad y conocimiento para poder reconocer la obra de Dios en todo momento. Debemos andar con gozo y certeza, confiando que Dios está construyendo su iglesia en todo lugar y en todo tiempo (Mt. 16:18).

Siendo que su presencia siempre conlleva su poder infinito y su conocimiento completo, podemos confiar en que Dios siempre logra todo lo que él decide hacer.

Dios nos mide correctamente

Una de las cosas que nos molesta más en la vida es la injusticia. Siempre estamos siendo juzgados y medidos por todos, y por lo general nos califican de modo incorrecto. Puede ser que algunos están impresionados con nuestra labor y otros, no tanto. Cada uno tiene sus propias medidas y juzga conforme a su comprensión. No conocen nuestras motivaciones. Pero, Dios no es así. Dios es el juez justo. Sabe toda la verdad y mide a todos conforme al mismo estándar de justicia. Todos los que sirven fielmente serán justamente recompensados (Mt. 10:40-42; 2 Ti. 4:8). Tan grande como es, esta verdad es una espada de doble filo también. Si Dios siempre está con nosotros, también ve todos nuestros motivos y deseos siempre. Debemos guardar nuestros corazones para servir fielmente y no perder el premio del servicio fiel (1 Co. 3:10-15).

El Dios omnipresente se presentó en forma humana

Quizá el momento más increíble de toda la historia humana es el momento en que Jesucristo, el Dios omnipresente, tomó la carne humana y nació como un bebé en un lugar específico. Cristo aceptó las limitaciones de nuestra carne para que pudiéramos conocer al Dios infinito de una manera comprensible (Fil. 2:6-8). Nos hizo entender la gloria de Dios de una forma que jamás pudiéramos haber entendido (Jn. 1:14). Y por medio de su muerte y resurrección, proveyó nuestra gran redención y ahora tenemos la garantía de su presencia con nosotros. Si somos creyentes, el mismo Dios de todo, mora en nosotros y siempre va con nosotros (Ro. 8:9-11). ¡Qué tremenda verdad!

Conclusión

¿Cuál es la mejor forma de expresar nuestra comprensión, aunque sea limitada, de la omnipresencia de Dios? La mejor expresión de la omnipresencia de Dios está en nuestra forma de vivir cada día. Si Dios de verdad está siempre aquí, en cualquier lugar y momento, nuestras vidas deben mostrar su presencia con nosotros. Nuestras actitudes, deseos, pensamientos, emociones, prioridades, palabras, acciones… todo debe ser transformado por la presencia de Dios. Aún más, nuestra respuesta a las dificultades de la vida debe ser cambiada. En vez de huir de su presencia, cuando estamos turbados, abrumados o desanimados, corramos a él para gozar de su presencia y de sus bondades sin fin. Como David, podemos declarar con confianza, “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre” (Sal. 16:11 RV60).

Este artículo es parte de la Serie Conoce a tu Dios. Descubre un atributo nuevo de Dios cada dos semanas, de la mano de teólogos, pastores, maestros y líderes. Lee todos los artículos de esta serie.


[1]  Joseph Kiprop, “’The Empire On Which The Sun Never Sets’ Refers To What?”, 17 de mayo, 2018, https://www.worldatlas.com/articles/the-empire-on-which-the-sun-never-sets-refers-to-what.html (accedido 24 de julio, 2021).

[2] Millard Erickson, Teología Sistemática, Colección Teológica Contemporánea 28 (Barcelona, España: Clie, 2008), 297.

[3] Charles Caldwell Ryrie, Teología Básica (Miami, FL: Editorial Unilit, 1993), 17-18.

[4] Wayne Grudem, Teología Sistemática: Una Introducción a la Doctrina Bíblica (Miami, FL: Editorial Vida, 2007),178.

[5] Geerhardus Vos, “Omnipresence,” ed. James Orr et al., The International Standard Bible Encyclopaedia (Chicago: The Howard-Severance Company, 1915), 2190.

[6] H. C. Leupold, The Exposition of the Psalms (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1959), 945.

[7] Joe Rigney, “Coming Into the Presence of the Omnipresent God”, 29 de abril, 2018, https://www.citieschurch.com/sermons/coming-into-the-presence-of-the-omnipresent-god (accedido 24 de julio, 2021).


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