Cuando la vida se vuelve más difícil de lo que esperábamos, nuestro instinto puede ser buscar una salida. Perdemos de vista el gozo y la libertad que Dios promete a través de nuestras pruebas. Incluso en nuestras vidas espirituales, el valor se desvanece cuando la vida se vuelve más difícil de lo que esperábamos. A veces cuestionamos si los problemas valen el dolor, y las recompensas de Su gracia pierden su atractivo. Corremos hacia la salida. El verdadero crecimiento espiritual exige un regreso a Dios mismo. Debido a que Él ofrece gracia abundante a las personas abrumadas, puede reorientar nuestros corazones alrededor de Su propia soberanía, sabiduría y bondad: un trío de verdades duraderas.

1. La soberanía de Dios

Nuestra dependencia de Cristo brota de nuestra confianza en el control de Dios sobre todas las cosas. Cuando Dios parece distante, los cristianos pueden sacar fuerzas al meditar en Su absoluta supremacía.

Quizás ningún salmo contiene más soberanía en unos pocos versículos que el Salmo 93. Lee estas poderosas palabras:

El Señor reina, vestido está de majestad;
El Señor se ha vestido y ceñido de poder;
Ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible.
Desde la antigüedad está establecido Tu trono;
Tú eres desde la eternidad. (Sal. 93:1-2)

El Señor estabiliza el mundo caído a pesar de todas las fuerzas del caos. Descansar en la soberanía de Dios puede infundir esperanza, gozo y confianza en el pueblo de Dios, incluso en medio de pruebas y problemas. Sin embargo, la esperanza, el gozo y la confianza pueden ser tan difíciles de conseguir en temporadas de problemas reales.

A veces la idea de soberanía parece fría y controladora, como si simplemente debiéramos confiar en que Dios está tirando de las palancas correctas en el cielo. Personalmente, a menudo he pasado por alto el increíble amor que Dios ejerce hacia nosotros en todas Sus obras soberanas. Así que para encontrar consuelo en la soberanía de Dios en medio de nuestras pruebas y tentaciones, necesitamos no solo afirmar mentalmente la doctrina del poder soberano de Dios sobre toda Su creación. También debemos meditar en Su amorosa providencia. Él no está tirando impersonalmente de palancas allá arriba en el cielo; Él está obrando todas las cosas juntas para nuestro bien y alegría en Él. Quizás ningún pasaje de la Escritura captura esta verdad más claramente que Romanos 8:28: «Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito». Este único versículo ha sido una esperanza magnífica para una miríada de cristianos a lo largo de la historia.

Nosotros, también, podemos confiar en la buena providencia de Dios en tiempos de prueba porque Él es tanto todopoderoso como todo amoroso.

2. La sabiduría de Dios

Nuestra dependencia de Cristo brota de un sentido agudo de que la sabiduría de Dios supera con creces toda sabiduría humana y Su increíble promesa de compartir Su sabiduría con nosotros cuando se la pedimos (Stg. 1:5). Desde Génesis hasta Apocalipsis, la Biblia declara las profundidades de la sabiduría de Dios. En Proverbios 8, la Señora Sabiduría pertenece exclusivamente al Dios eterno. Ella revela la sabiduría de Dios, y se exhorta a los lectores a reconocer su belleza y honor inigualables. Ella estaba con Él desde el principio, antes de que los océanos se llenaran de criaturas, antes de que las montañas se alzaran imponentes, y antes de que los cielos declararan la gloria de Dios. Ella declara en las calles el conocimiento perfecto y la confiabilidad de Dios. Cuando cuestionamos el amor o las decisiones de Dios, incluso Su misteriosa ordenación de tiempos difíciles, ella nos asegura que Dios sabe lo que está haciendo, y Su voluntad no puede ser mejorada. Su sabiduría nos consuela y nos dirige a orar con humildad, creer con esperanza en el evangelio y actuar con dependencia valiente.

Cuando me siento atascado en un ciclo de escape de mis problemas, simplemente no puedo imaginar una manera de recuperar mi gozo excepto volar lejos como un pájaro. Pero la sabiduría de Dios nos muestra cómo el gozo puede ser nuestro en medio de pruebas y problemas. Santiago 1 presenta una visión sorprendente a través de los ojos de Dios: «Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte» (Stg. 1:2-4).

¡Oh, cuán imposible es para mí ver esta verdad por mi cuenta! Cuando enfrento varios tipos de pruebas, el gozo a menudo se encuentra al final de mi lista de prioridades. Solo quiero salir. Pero aquí Dios nos dice que podemos y debemos tenerlo «por sumo gozo».

Para seguir el ejemplo de Dios de contar el gozo en el tiempo de prueba, necesitamos Su sabiduría, para que podamos ver por qué las pruebas pueden ser contadas con gozo. Solo la sabiduría de Dios puede mostrarnos cómo Dios, en Su amorosa providencia, nos hace crecer a través de la prueba de nuestra fe. Por esta razón, Santiago inmediatamente nos obliga, en los siguientes versículos, a pedirle sabiduría a Dios. Y aquí está la buena noticia: «le será dada» (Stg. 1:5).

3. La bondad de Dios

La bondad de Dios completa nuestro trío de verdades duraderas. Me estremezco al pensar en vivir bajo un dios todo soberano y todo sabio que carece de bondad y amor. Pero nuestro Dios es bueno, y en Su bondad nos ha cubierto con misericordia.

Como lluvia nutritiva que cae de los cielos y moja la tierra, la bondad de Dios llena nuestras vidas con cosas buenas. A través de Cristo, podemos regocijarnos en la expectativa reconfortante de David: «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días» (Sal. 23:6). Sus salmos retratan a un hombre a menudo huyendo de enemigos, en peligro constante, bajo presiones implacables. ¿Cómo puede David decir: «el bien y la misericordia me seguirán todos los días»?

Con esta pregunta, llegamos a una intersección importante en el río de la verdad. Para muchas personas, solo aparecen dos canales ante ellas. El canal a la derecha dice que Dios, en Su bondad, aparta las dificultades abrumadoras. A la izquierda, otro canal apunta a un mundo en el que las dificultades señalan una deficiencia en el amor o el poder de Dios. Pero hay buenas noticias: un tercer camino yace entre ellos. Una corriente de gracia une la verdad de la bondad de Dios y las duras realidades de la vida en un mundo caído.

¿Cómo pudo David decir: «el bien y la misericordia me seguirán todos los días», mientras el sufrimiento aumentaba y los enemigos se enfurecían? Tres palabras: en Su bondad. David aprendió que la bondad de Dios y las dificultades de la vida no entran en conflicto, sino que se complementan entre sí. Observa en tres salmos consecutivos las formas específicas en que David aprendió la bondad de Dios.

David aprendió la bondad de Dios porque Dios visita a Su pueblo en su problema.

Tú has probado mi corazón,
Me has visitado de noche;
Me has puesto a prueba y nada hallaste.
He resuelto que mi boca no peque. (Sal. 17:3)

David aprendió la bondad de Dios porque Dios escucha a Su pueblo cuando llama.

En mi angustia invoqué al Señor,
Y clamé a mi Dios;
Desde Su templo oyó mi voz,
Y mi clamor delante de Él llegó a Sus oídos. (Sal. 18:6)

David aprendió la bondad de Dios porque Dios habla a Su pueblo en Su Palabra.

La ley del SEÑOR es perfecta,
que restaura el alma;
El testimonio del Señor es seguro,
que hace sabio al sencillo.
Los preceptos del Señor son rectos,
que alegran el corazón;
El mandamiento del Señor es puro,
que alumbra los ojos.
El temor del Señor es limpio,
que permanece para siempre;
Los juicios del Señor son verdaderos,
todos ellos justos. (Sal. 19:7-9)

Dios está presente, no ausente, cuando surgen los problemas. Él camina con nosotros a través de las pérdidas y cruces de la vida. Su bondad alimenta nuestra resistencia. Pero debemos sumergir nuestros corazones en la corriente de la gracia de Dios. Cuando nos desviamos del rumbo y perdemos de vista la bondad de Dios, nuestro instinto de escape se eleva de nuevo.

Este artículo es un extracto del libro Quiero escapar, publicado por Editorial EBI.

Lee también: Cinco cosas que debes saber sobre los ataques de pánico y El sufrimiento es la escuela de santificación de Dios.


Quiero escapar - Rush Witt

Quiero escapar

El libro del que salió este artículo: Rush Witt reconoce lo natural que es querer huir cuando la vida sobrepasa, señala las formas en que lo hacemos y muestra el camino de la dependencia valiente en Cristo.


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