Desde hace algunos años, los líderes cristianos han venido alertando sobre el creciente número de jóvenes que crecieron en la iglesia, pero que han abandonado el cristianismo. Más allá de lo que indiquen las estadísticas, este es un problema real y profundamente preocupante. Además, se trata de una situación compleja. La experiencia de cada persona es única, y son muchos los factores que pueden influir cuando alguien se aleja de la fe.
Sea cual sea el caso, debemos encontrar la mejor manera de ministrar a quienes ya han tomado ese rumbo o están en camino de hacerlo. Desde luego, escuchar con atención y mostrar un espíritu compasivo siempre es apropiado, y puede ser de gran ayuda para quienes están luchando. Pero ¿qué verdad teológica debemos compartir? ¿Qué consejo debemos ofrecer? Por ejemplo, ¿cómo deberíamos responder cuando alguien nos dice: «Probé el cristianismo, pero no funcionó para mí»?
No tengo todas las respuestas, y tampoco quiero simplificar demasiado un asunto tan complejo. Sin embargo, en esta breve serie de artículos quiero reflexionar sobre esta pregunta y proponer algunas posibles respuestas. En esta primera entrega consideraré una posibilidad: que algunas personas piensen que el cristianismo no «funcionó» para ellas porque tienen una comprensión equivocada de lo que significa la gracia de Dios.
Descripciones incompletas de la gracia
Cualquiera que haya pasado algún tiempo en una iglesia donde se predica fielmente el evangelio debería ser capaz de explicar que la gracia es, esencialmente, un regalo: el favor inmerecido de Dios. Incluso podría expresarlo con mayor precisión diciendo que es el favor de Dios hacia quienes, en realidad, merecemos Su ira. También es probable que pueda explicar cómo llegamos a recibir ese favor mediante el conocido acrónimo G.R.A.C.E. (God’s Riches At Christ’s Expense): «Las riquezas de Dios a costa de Cristo».
Todas estas afirmaciones son correctas, pero no explican qué es lo que la gracia de Dios nos concede como regalo, con qué nos favorece ni cuáles son las riquezas que Cristo obtuvo para nosotros.
Lo más común es que las personas respondan que Dios nos concede, por Su gracia, el perdón de nuestros pecados y la justificación. Y tendrían razón. Véase, por ejemplo, el uso de la palabra gracia (del griego charis) en Romanos 3:24 y Efesios 1:7. Aunque merecemos Su castigo eterno, el Señor ha concedido a los creyentes una posición de justicia delante de Él que jamás podrá ser anulada. Con razón el himno dice: «¡Gracia! ¡Qué dulce es oír este sonido!».1
Es probable que la palabra gracia también evoque una idea más amplia de la bendición divina: que Dios suple nuestras necesidades y, en términos generales, nos ayuda a lo largo de la vida. «El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?» (Ro. 8:32). Sin embargo, aun una afirmación como esta requiere explicación. Ese «todas las cosas» no es un cheque en blanco para recibir cualquier cosa que pudiéramos desear en esta vida. En su contexto, se refiere a todo lo necesario para nuestra seguridad eterna y nuestra glorificación final (Ro. 8:28-30). Este ejemplo pone de manifiesto que nuestra comprensión de la gracia de Dios puede estar distorsionada y excesivamente centrada en nosotros mismos.
Ampliando la descripción
¿De qué otras maneras describe la Biblia la gracia de Dios y lo que esta nos concede? Consideremos algunos pasajes sobre la gracia que quizá no nos vengan a la mente de inmediato, pero que deben moldear nuestra comprensión de este tema:
- Romanos 5:20–6:23: La gracia reina sobre nosotros. Dicho de otra manera, la gracia nos hace siervos de la justicia, en lugar de siervos del pecado.
- Romanos 12:6-8: La gracia nos capacita con dones espirituales para servir a la iglesia.
- 1 Corintios 15:10: La gracia nos capacita para trabajar arduamente por la causa de Cristo.
- 2 Corintios 8:1–9:15: La gracia nos inspira y nos fortalece para sacrificar nuestros recursos con el fin de suplir las necesidades de los demás.
- 2 Corintios 12:8-10: La gracia no necesariamente quita nuestras debilidades y cargas; más bien, nos capacita para perseverar en medio de ellas.
- Efesios 4:29: Recibimos la gracia de Dios por medio de las palabras que edifican de otros creyentes.
- Tito 2:11-14: En el tiempo presente, la gracia nos enseña a renunciar a los deseos pecaminosos y a vivir una vida orientada hacia Dios, que refleje Su carácter, como respuesta a la gracia que Él ya nos ha mostrado y a la que aún ha de manifestarnos.
¿Cómo se relacionan estos pasajes con alguien que afirma que el cristianismo no «funcionó» para él? Para empezar, ¿esperaba esa persona que la gracia de Dios redujera las presiones y dificultades de esta vida? Quizá pensaba que el Señor eliminaría su deseo de pecar o, al menos, lo disminuiría hasta el punto de que obedecer resultara casi sin esfuerzo. Tal vez simplemente deseaba que su relación con Dios se sintiera más «natural» o, por lo menos, que no implicara tanto esfuerzo. En casos extremos, incluso es posible que esperara experimentar una especie de impulso sobrenatural, casi mágico.
Aplicando la teología
La descripción bíblica de la gracia es más amplia que todo esto y nos presenta una gracia que, con frecuencia, obra de maneras más sutiles. Considera algunas formas concretas de comunicar esta verdad a quienes han perdido la esperanza:
- ¿Alguna vez el Espíritu Santo te convenció de tu pecado y te llevó al arrepentimiento, a la renovación y a dar pasos de obediencia? Eso es lo que la gracia de Dios hace en la vida de los cristianos.
- ¿Alguna vez un hermano en la fe te sirvió de una manera práctica, animándote a perseverar durante una etapa difícil o, simplemente, a seguir a Cristo una semana más? Eso es lo que la gracia de Dios hace en la vida de los cristianos.
- ¿Alguna vez tú mismo hiciste un sacrificio para ministrar a otra persona? Eso es lo que la gracia de Dios hace en la vida de los cristianos.
- ¿Alguna vez te sentiste débil, pero recibiste las fuerzas para seguir adelante el día en que clamaste al Señor por ayuda? Eso es lo que la gracia de Dios hace en la vida de los cristianos.
- ¿Alguna vez el evangelio cautivó tanto tu corazón que te impulsó a hacer algo difícil para la gloria de Cristo? Eso es lo que la gracia de Dios hace en la vida de los cristianos.
Los creyentes pueden identificarse fácilmente con experiencias como estas. Sin embargo, nuestro desafío es que Dios, por lo general, concede las bendiciones de Su gracia santificadora y perseverante de manera gradual, en medio de una vida marcada por el conflicto espiritual y por una cuota inevitable de dificultades e incluso de derrotas. Sin embargo, al igual que Pedro en el monte de la transfiguración, anhelamos permanecer en la cumbre.
¡Ese día llegará, alabado sea el Señor! Pero, adaptando la alusión, «¡Hoy no es ese día! ¡Hoy luchamos!».2 Hoy luchamos para que la santidad caracterice cada vez más nuestra vida. Luchamos para servir con mayor eficacia a Dios y a los demás. Luchamos por hallar nuestro gozo en Jesucristo. Y esa lucha constituye una parte esencial de lo que la gracia de Dios es y de cómo se manifiesta en esta era.
Desarrollaré estos temas con mayor detalle en los siguientes artículos, pero dejaré que Pedro concluya este. El apóstol hace un repaso de toda su primera carta, un poderoso llamado a los creyentes a perseverar por Cristo en medio de la presión y la persecución del mundo. Así resume su mensaje:
«Por conducto de Silvano, nuestro fiel hermano, porque así lo considero, les he escrito brevemente, exhortando y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios. Estén firmes en ella» (1 P. 5:12).
«Exhortando y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios». La gracia, entonces, incluye tanto imperativos como indicativos. «Estén firmes en ella». Esto significa que esta gracia divina, rica y multifacética, debe ser abrazada como un elemento esencial del cristianismo del Nuevo Testamento.
Este artículo fue publicado originalmente en Theology in 3D
Lee también: 10 razones por la que los cristianos están «deconstruyendo» su fe.
Referencias y notas
- Philip Doddridge, «Grace, ‘Tis a Charming Sound».
- El Señor de los Anillos: El retorno del Rey.

Más allá del capítulo y el versículo
Ken Casillas propone un método bíblicamente coherente para aplicar las Escrituras a la vida real, ilustrado con casos de estudio.
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